• Armando Arellano Ferro impartió la ponencia “Las estrellas más viejas del universo”

  • El universo y los grumos de estrellas tienen 13 mil millones de años
  • Consideró fundamental la labor de la máxima casa de estudios en la formación de científicos y astrónomos 

 

Claudia Peralta Vázquez

 

Armando Arellano Ferro, astrónomo del Instituto de Astronomía de la UNAM

Xalapa, Ver., 23 de febrero de 2019.- Por más de 20 años, Armando Arellano Ferro, científico del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se ha dedicado al estudio de cúmulos globulares o estelares, que son conglomerados de 300 a 500 mil estrellas formadas hace 12 o 13 mil millones de años, casi la misma antigüedad del universo.

El astrónomo concedió una entrevista a Universo, posterior a la ponencia “Las estrellas más viejas del universo” que impartió a estudiantes de la Facultad de Física de la Universidad Veracruzana (UV), el viernes 15 de febrero, y consideró fundamental la labor de la máxima casa de estudios en la formación de científicos y astrónomos.

Precisó que este estudio, que forma parte del campo de la astrofísica estelar, permite a los astrónomos entender las etapas tempranas de la Vía Láctea, a la que pertenecen el Sol y el sistema planetario.

En los cúmulos globulares existen familias de estrellas que pulsan y por lo tanto varía su brillo; es decir, las estrellas pulsantes son indicadores de las propiedades físicas del sistema estelar al que pertenecen tales como su dinámica, edad, composición química, distancia y sus procesos de formación.

Arellano Ferro, quien se formó como Físico-Matemático en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y después estudió maestría y doctorado en la Universidad de Toronto, Canadá, comentó que para la observación de los cúmulos globulares, de los cuáles existen alrededor de 150 en la galaxia, se emplean grandes telescopios situados en diversas partes del mundo.

A la fecha, han estudiado alrededor de 25 cúmulos globulares y descubierto 250 estrellas pulsantes de las mil 200; aproximadamente un 20 por ciento de las estrellas variables.

Expuso que la mayor parte de los datos que utiliza su grupo de trabajo provienen de un observatorio ubicado en el Himalaya, al norte de la India. Con ellos han construido –a lo largo de esos 20 años– una base de información que ha servido a estudiantes de astrofísica para desarrollar trabajos de tesis de licenciatura, maestría y doctorado, generar numerosas publicaciones.

Muchos de ellos han hecho estancias de trabajo en el Instituto de Astronomía de la UNAM y en otros centros astronómicos de Puebla, Guanajuato y Sonora, así como otros estados del país.

Compartió que el interés por el estudio de los cúmulos globulares le fue heredado por sus profesores especializados en astronomía estelar, del Departamento de Astronomía, en Canadá.

Respecto a la línea de investigación de astrofísica estelar, dijo que también les ayuda a hacer conjeturas sobre la evolución estelar en ciertas etapas, pues la evolución de una estrella depende de la masa de la misma y es muy lenta.

“Nosotros vemos pulsar las estrellas y a partir de esas pulsaciones podemos determinar edad, distancia y composición química, así como entender las etapas tempranas de la galaxia”, reiteró.