Juan Carlos Sánchez Magallán
Las sociedades de consumo muestran ventajas, dinamizan a la economía al tener un mayor acceso a los bienes y servicios por parte de la población, esto provoca que aumente su bienestar y la escasez de productos es menor. La producción masiva de bienes y servicios permite a la sociedad aprovechar las economías a escala, elevando el poder adquisitivo de sus integrantes, al existir demasiada oferta, los productores y fabricantes bajan costos beneficiando a los consumidores con mejores precios y calidad.
La desventaja que presentan las sociedades de consumo es que no les interesa proteger al medio ambiente, pues es un ganar-ganar a costa de lo que sea. La reutilización y el reciclaje son una amenaza para sus objetivos, generan sistemas de producción irracionales y en masa, los créditos en determinados escenarios son riesgosos y la obsolescencia programada hace que los productos tengan una menor vida útil.
Mejor definición no puede haber de esto, pues los analistas Francisco Coll Morales y José Francisco López conceptualizan a las sociedades de consumo, como aquellas que basan su sistema en el consumo masivo de bienes y servicios.
Para proteger al género humano existen organismos internacionales e instituciones nacionales que protegen el consumo de las personas, especialmente en lo que se refiere a la alimentación y la salud, como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), dependencia especializada que se encarga de asegurar que nadie padezca hambre, busca mejorar la nutrición, aumentar la productividad agrícola, promover el desarrollo rural y gestionar los recursos naturales de manera sostenible. La FAO también supervisa todos los aspectos de la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo, y establece normas internacionales de inocuidad y calidad de los alimentos.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas disfruten de paz y prosperidad.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) apoyan a los países de la Región de las Américas y el Caribe a mejorar sus sistemas de control de alimentos mediante la cooperación técnico-científica basada en las normas alimentarias internacionales (Codex Alimentarius y Reglamento Sanitario Internacional).
Existen varias organizaciones internacionales que emiten alertas sobre productos de consumo que pueden presentar riesgos para la salud o la seguridad de las personas, como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Ésta es una agencia de gobierno de Estados Unidos que se encarga de regular y supervisar los alimentos, los medicamentos, los cosméticos, los dispositivos médicos, los productos biológicos, el tabaco y los productos veterinarios que se comercializan en este país. La FDA también colabora con otras agencias internacionales y regionales para compartir información y alertas sobre productos peligrosos o defectuosos.
La Red de Consumo Seguro y Salud de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Red Iberoamericana de Alerta Rápida (SIAR) reciben información inmediata sobre productos riesgosos, productos y servicios peligrosos o fraudulentos, como alimentos, medicamentos, juguetes, vehículos, etcétera.
El Sistema de Alerta Rápida para los productos peligrosos no alimentarios (Safety Gate), de la Comisión Europea, permite intercambiar información entre las autoridades nacionales sobre productos que pueden suponer un riesgo para las personas. Es así, que mediante la cooperación y el intercambio de información entre organismos y países se evita que productos alimenticios o farmacéuticos o automóviles se comercialicen poniendo en riesgo nuestra salud, seguridad o la vida misma. ¿O no, estimado lector?
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