Presencia.
Benjamín Domínguez Olmos
- 133 de 135 cardenales elegirán al nuevo Obispo de Roma
- Cónclave lo dirigirá ex secretario de Estado, Pietro Parolin
- En la Sixtina, invocan al Espíritu Santo, y oran en silencio
- Bajo el “Juicio final”, de Miguel Ángel, sesionan prelados
- Purpurados juran la Constitución Universi Dominici Gregis
- Prometen guardar secreto y negar cualquier interferencia
- Buscan hacer la voluntad de Dios por el bien de la Iglesia
- El perfil del sucesor, según opinión de algunos cardenales
Este miércoles 7 de mayo comienza formalmente el cónclave, en el que 133 de los 135 cardenales menores de 80 años, elegirán al nuevo Obispo de Roma y Pontífice de la Iglesia Católica, tras la muerte el pasado 21 de abril del Papa Francisco.
La ceremonia de ingreso en el cónclave, que se celebrará en la Capilla Sixtina, comienza con los purpurados congregados en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico para formar la procesión.
En principio, debería ser el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Giovanni Battista Re, quien presidiera la ceremonia. Sin embargo, debido a que supera los 80 años y no participará en el cónclave, al igual que su vicedecano, cardenal Leonardo Sandri, el cónclave será dirigido por el ex secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.
Después de invocar a la Santísima Trinidad, el Cardenal Parolin se dirige a sus hermanos en el purpurado: “Venerables hermanos: celebrados los divinos misterios, entramos ahora en Cónclave para elegir al Romano Pontífice. Toda la Iglesia, unida a nosotros en oración, invoca sin cesar la gracia del Espíritu Santo, para que sea elegido por nosotros un Pastor digno de todo el rebaño de Cristo”.
“Que el Señor dirija pasos por el camino de la verdad, para que, por intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, hagamos siempre lo que le agrada”, concluye la oración inicial.
A continuación, se forma la procesión de entrada. El maestro de ceremonias inicia el cortejo solemne, portando la cruz, acompañado de dos ceroferarios (portadores de dos luminarias). Tras ellos, siguen los cantores, un representante de los protonotarios numerarios, otro del Tribunal de la Rota Romana, un clérigo que realizará una meditación en presencia de los cardenales electores, el vicecamarlengo, monseñor Ilson de Jesús Montanari, y el secretario del Colegio de Cardenales.
A continuación, se sitúan los cardenales electores: los diáconos, los presbíteros y los obispos; por último, el cardenal Parolin, acompañado por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli, arzobispo titular de Recanati.
El recorrido hasta la Capilla Sixtina se realiza de manera ordenada, mientras se entona la letanía de los santos. Al llegar al lugar, cada purpurado ocupa su lugar y los Evangelios ocupan un lugar destacado en la sala.
Es el momento de invocar al Espíritu Santo con el canto del ‘Ven Creator Spiritus’, tras el que todos los presentes guardan un momento de silencio para recogerse en oración.
Entonces, el cardenal Parolin ora de la siguiente manera: “Oh Padre, que guías y cuidas de tu Iglesia, da a tus siervos el Espíritu entendimiento, de verdad y de paz, para que se esfuercen por conocer tu voluntad y te sirvan con total entrega. Por Cristo nuestro Señor. Amén”.
Tras la oración, los cardenales electores proceden a pronunciar el juramento de acatamiento a la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis que regula las disposiciones para la elección de un nuevo Pontífice.
Además, se comprometen delante de Dios a cumplir las obligaciones como sucesor de San Pedro, con la siguiente fórmula: “Asimismo, prometemos, nos comprometemos y juramos que cualquiera de nosotros que, por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá a cumplir fielmente el munus Petrinum como Pastor de la Iglesia universal y no dejará de afirmar y defender enérgicamente los derechos y la libertad espiritual y temporal de la Santa Sede”.
El juramento, concluye con el compromiso de guardar secreto sobre lo que suceda durante el cónclave y rechazar cualquier interferencia externa sobre la elección:
“Ante todo, prometemos y juramos observar con la máxima fidelidad y ante todos, clérigos y laicos por igual, el secreto respecto a todo lo que de algún se relacione con la elección del Romano Pontífice y con lo que ocurra en el lugar de la elección, ya sea directa o indirectamente relacionado con el escrutinio; no violar este secreto en modo alguno, ni durante ni después de la elección del nuevo Pontífice, a menos que se cuente con la autorización explícita del mismo Pontífice; no prestar nunca ningún apoyo o favor a cualquier interferencia, oposición o cualquier otra forma de intervención por la que autoridades seculares de cualquier orden y grado, o cualquier grupo de personas o individuos, quisieran interferir en la elección del Romano Pontífice.”
Al concluir la lectura del contenido de este compromiso solemne, los cardenales, de uno en uno, dicen : “Y yo, Cardenal N., prometo, obedezco y juro”. Y, poniendo la mano sobre el Evangelio, añade: “Así que Dios me ayude y estos santos Evangelios que toco con la mano.
Tras la toma del juramento, monseñor Ravelli pronuncia la famosa expresión “Extra omnes” (Todos fuera), tras la que todos los que no participan en el cónclave abandonan la Capilla Sixtina, dejando a los purpurados bajo la cúpula decorada con alegorías del juicio final realizada por Miguel Ángel Buonarroti en el siglo XVI.
A continuación, en presencia de monseñor Ravelli, los cardenales atenderán una predicación sobre “la grave tarea que les espera y la necesidad de que actúen con recta intención en la elección del Romano Pontífice, buscando hacer la voluntad de Dios y teniendo como único objetivo el bien de toda la Iglesia”.
Al concluir, es cuando tanto el predicador como el maestro de ceremonias, abandonan la Capilla Sixtina, se cierran las puertas y se colocan guardias en todas las entradas.
Entonces, el cardenal Parolin preguntará a los presentes si es posible “iniciar el proceso de la elección, o si fuera preciso aún aclarar dudas sobre las normas” contenidas en Universi Dominici Gregis.
Si no hay más objeciones, se procede como está estipulado en la Constitución Apostólica para la elección de un nuevo Pontífice (Con información de aciprensa.com)
Comentarios a vuela pluma
¿Cómo tendrá que ser el nuevo papa? Sobre esta pregunta han debatido los cardenales durante las 12 congregaciones generales antes del cónclave llegando a la conclusión de que debe ser “un pastor cercano a la vida concreta de las personas” y con desafíos como las finanzas vaticanas, la guerra o las divisiones internas en la Iglesia católica, según ha ido explicando el portavoz vaticano, Matteo Bruni. “Una figura que debe estar presente, cercena, capa de hacer de puente y de guía, de facilitar el acceso a la comunicación una humanidad desorientada y marcada por la crisis del orden mundial, indicó el portavoz Y añadía que los cardenales habían indicado “un pastor cercano a la vida concreta de las personas, un líder que sepa ir más allá de los confines de la única Iglesia católica, promoviendo el diálogo y la construcción de relaciones con otros mundos religiosos y culturales”. Al mismo tiempo, los purpurados subrayaron “el carácter misionero de la Iglesia: una Iglesia que no debe cerrarse en sí misma, sino acompañar a cada hombre y mujer hacia la experiencia viva del misterio de Dios”. Una visión aperturista de la Iglesia muy cercana a la que tuvo Jorge Mario Bergoglio, según se lee entre líneas en las palabras del portavoz. Entre los desafíos mencionados en estas congregaciones generales se ha abordado “la guerra y la fragmentación del mundo”, que seguramente será una de las preocupaciones del nuevo papa. Incluso los cardenales emitían este martes un comunicado en el que pedían un alto el fuego en Ucrania y en Gaza, algo de lo que también se tendrá que ocupar el nuevo pontífice. También deberá continuar la preocupación por los migrantes, sobre quienes se indica que son “un don para la Iglesia”, pero “también subrayando la urgencia de acompañarlos y apoyar su fe en contextos de movilidad y cambio”(Con información de EFE)
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En portada: Pietro Parolin, Papa Francisco, Diego Ravelli
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