Adalberto Tejeda-Martínez
José Luis Melgarejo Vivanco nació el 19 de agosto de 1914 en Palmas de Abajo, Veracruz, y murió hace 23 años. Produjo instituciones y libros. En la Universidad Veracruzana fue el artífice de la creación del Instituto, el Museo y la Facultad de Antropología, y de la Facultad de Historia, en mancuerna con el rector Gonzalo Aguirre Beltrán.
La cercanía de Melgarejo con Ruiz Cortines –como gobernador y como presidente–, con los gobernadores Quirasco, Hernández Ochoa y Chirinos; sus enfrentamientos con López Arias y Acosta Lagunes, y los puestos gubernamentales que ejerció, a veces son estorbos para ponderar su obra escrita, que no sólo fue vasta, pues ronda los cincuenta títulos, sino también profunda. “Totonacapan” (1943), “Historia de Veracruz, época prehispánica”, “Los lienzos de Tuxpan” (1970), “Los jarochos” (1979) y “Los totonaca y su cultura” (1985), entre otros, son libros clásicos. Se puede acceder a su obra completa digitalizada, incluida la poética que no es menor, en https://es.wikipedia.org/wiki/José_Luis_Melgarejo_Vivanco
Vale la pena asomarse a tres libros de 1980 relacionados con el medio ambiente: “El códice Vindobenensis”, “Historia de la ganadería en Veracruz” y “Antigua ecología indígena en Veracruz”.
La historia del códice Vindobonensis la rastreó Melgarejo hasta los apuntes de Bernal Díaz del Castillo, donde encontró evidencias para afirmar que este códice proviene de territorio veracruzano. Cuando apareció publicada la lectura de Melgarejo, se polemizó sobre si los lienzos podrían ser mixtecos. Como sea, la glosa de Melgarejo enfatiza las referencias del códice al medio ambiente: imágenes del Citlatépetl (Pico de Orizaba) sosteniendo el cielo y propiciando el escurrimiento de los ríos, plantas, animales, planetas y estrellas (¿el paso de Venus por el disco solar?).
La “Historia de la ganadería…”parte de un inventario de los animales domésticos antes de la llegada de los españoles. Describe con detalle y profusión el intercambio de especies entre España y los territorios conquistados, y va dando testimonio de la intervención humana para transformar selvas y sabanas en praderas; se ocupa, también, de la propiedad de la tierra y de la política pecuaria en la Colonia, el Porfirito y la Revolución.
La “Antigua ecología indígena…” recurre a las descripciones de plantas, animales y paisajes encontradas en códices como el Misantla, el Dehesa y el Vindobonensis; a la escultura y la cerámica prehispánicas –la mención obligada de Xipe-Tótec, como símbolo de la renovación de la naturaleza en el ciclo anual– y reivindica como amigables con el ambiente formas de cultivo ancestrales, en particular la milpa y la chinampa. Vayan unos renglones entresacados de las primeras páginas, que denotan la preocupación del autor por el medio ambiente, la antropología y la educación:
“El proceso biológico del continente americano de ninguna manera fue distinto del resto del plantea; en él pudieron darse algunas expresiones regionales, como las hubo en otros lugares, pero, ni ellas, ni ciertas prelaciones en el tiempo, afectan seriamente la unidad en el conjunto… En esta tierra hubo un hombre, y actuó; cuanto hacía fueron elementos culturales, y de su conjunto se integró su cultura; pero el homo llegó a sapiens cuando hizo vida social, y ese hombre social estuvo en condiciones de acometer la deslumbrante hazaña de la historia…(pero) el conocimiento de la geografía viene disminuyendo de manera uniformemente acelerada, sobre la base de quedar circunscrito a las escuelas y éstas empeñadas en impartir cada vez una enseñanza ya menor…”
El profesor Melgarejo falleció hace 23 años, el 23 de enero de 2003, cuando la fecha de edición de la “Antigua ecología…”(23 de enero de 1980) cumplía exactamente 23 años.
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