“Mario Vargas Llosa (1936-2025): “¿Quién mató a Palomino Molero?”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

En los primeros años de la década de 1960, Mario Vargas Llosa publicó sus primeras novelas, “La ciudad y los perros” data de 1963 y “La casa verde” de 1966. En estas clásicas obras el autor le dio vida a una buena cantidad de personajes, muchos de ellos emblemáticos, quienes aparecerán en varias obras posteriores del autor, por citar unos ejemplos: “La Chunga” aparece en una de sus obras de teatro. Asimismo, como pudimos observar en el artículo anterior, “Lituma”[1] es un policía que se encarga de aprehender a Mayta en la famosa: “Historia de Mayta”. Bueno, pues en la novela: “¿Quién mató a Palomino Molero?” aparece nuevamente Lituma, La Chunga, el grupo de amigos que nació en “La casa verde” llamados “Los inconquistables”, de hecho, en esta historia Lituma en un momento de estrés planea ir con sus amigos al barcito de La Chunga y después terminar en la muy famosa Casa Verde donde podrán disfrutar la belleza de las mujeres que allí están esperando al mejor postor. Aclarando que, si bien varios personajes participan en distintas historias vargasllosiana, cada historia es singular y nada tiene que ver una con la otra, eso sí, desde luego que los protagonistas mantienen cierta personalidad y características, a La Chunga sino mal recuerdo, permanentemente la veo atendiendo en bares, regentando casas nocturnas. Lituma en “La Casa Verde” es sargento, en otra historia funge como un simple guardia, mas, reitero, cada historia es original e independiente.
Hablando de originalidad en la historia, en: “¿Quién mató a Palomino Molero?” nos encontramos con una novela del género policiaco. En el poblado de Talara, Lituma trabaja para la guardia civil, su jefe inmediato es el agradable teniente Silva. La historia inicia con el descubrimiento de un vil y cruel asesinato. Un campesino descubre el cuerpo de un hombre asesinado brutalmente, inmediatamente acude a la casa de la guardia civil a denunciar el hallazgo, el teniente Silva y Lituma van al lugar de los hechos y se horrorizan ante la infamia de lo que observan. El cuerpo ya huele mal y las señas de tortura son terribles. Al poco tiempo descubren que el muerto es un joven que trabajaba o hacía su servicio en la Base Aérea, luego luego identifican el cuerpo, se llamó Palomino Temístocles Molero.
El asesinato conmocionó a toda la comunidad de Talara y Piura. Palomino cuando mucho tendría unos diecisiete años. Lituma no podía quitarse de su mente la imagen del asesinado. Se preguntaba cómo el ser humano puede llegar a cometer semejantes bajezas, realmente son actos inhumanos. Imagínese usted, cómo debe ser el alma de alguien para meterle un palo en el recto, estirarle los testículos hasta que lleguen a las rodillas, y muchas atrocidades más. Pareciera que esta descripción es sólo de películas de terror, empero, la realidad diaria nos enseña que no es así, que lo común en nuestras “civilizadas” sociedades es conocer este tipo de sucesos de manera ordinaria, e incluso, la barbarie se va normalizando y los noticieros ya no describen el hecho con horror, sino con morbo, cosa que se puede corroborar al escuchar, ver y conocer el interés con el que narran el acto con lujos de detalles y están muy ocupados por llevar una lista puntual de cuántos homicidios de esta índole ocurren al día. Si pensamos en la clase política: en caso de ser los que ejercen el poder, su actitud es negar los hechos, y en caso de que no puedan ocultarlo, entonces lo minimizan. Si esa clase política es opositora al régimen oficial, su actitud será sacarle el mejor provecho al infame asesinato para acusar al gobierno de ineficaz. Lo que resulta innegable es que lo que menos les importa es lo terrorífico del suceso, la crisis de valores, la impiedad, la inseguridad, la violencia, lo salvaje que podemos llegar a ser, nada de esto importa…
El guardia Lituma decidió empezar a investigar con la intención de descubrir a quienes hayan cometido ese repugnante acto. Lo primero que hace es ir a visitar a la mamá de Palomino Molero. Doña Asunta como puede le platica de su hijo. Es una mujer pobre, se nota que no puede soportar el dolor, más se esfuerza por ofrecerle información a Lituma. Todos dicen que Palomino era un joven amable, respetuoso, que cantaba hermosos boleros. Al final de la entrevista Doña Asunta expresa que desea dos cosas, que se haga justicia y que, si encuentran la guitarra de su hijo se la devuelvan, que es lo único que desea. Y como sabe que la justicia es difícil de lograr, se daría por consolada con recuperar la guitarra de su hijo.
El teniente Sila y Lituma van a visitar al Coronel Mindreau. Este personaje es el jefe de la Base de Aviación. La entrevista es importante, porque los investigadores creen que si el Coronel les permite entrevistar a los compañeros de Palomino, podrían encontrar algunas pistas, verbigracia, si tenía enemigos, alguna amenaza, etc. El Coronel los recibe y los trata de forma arrogante, altiva. Es un Coronel no sólo de alto rango, también se cree de alta estirpe. Queda muy claro que en esta historia el autor desarrolla minuciosamente el problema racial. Quienes son blancos y viven con alta estabilidad económica, miran a los de clase media y pobres como personas de poca valía, casi casi indignos de hablar con ellos. Esta actitud se comprueba cuando la hija del Coronel ingresa sin avisar a la oficina de su papá estando él en reunión con el teniente Silva y Lituma. Alicia no saludó, mejor dicho, ni los volteó a ver. Cómo diciendo: estos empleaditos no merecen siquiera los vea. Retornando a la investigación, el Coronel no les permitió a los policías investigadores dialogaran con sus dependientes, enfatizando que él ya había hecho el reporte del asesinato de Palomino y sus superiores habían quedado satisfechos, agregando que Palomino días antes de su muerte desertó de la Base que él dirigía y eso lo hacía una persona indigna, así que los móviles del asesinato no le interesaban.
Lituma platicando en una cantina con uno de sus amigos, descubrió que cuando Palomino Molero vivía con su mamá en Piura, permanentemente iba a la zona residencial donde viven las familias de los jefes de la Base de Aviación. En ocasiones porque era contratado, pero la mayoría de las veces acudía sólo a tocar desde lejos como si él estuviera enamorado o como si un amor correspondido lo escuchara. Por cierto, podría ser un amor correspondido pero prohibido, ya sea la esposa de un alto jefe o la hija de una “distinguida” familia, todo eso podría ser. Este descubrimiento Lituma lo empata con la confesión que le hizo la madre de Palomino consistente en lo siguiente: Palomino Molero estaba exento de hacer el servicio militar, un día llegó con su madre y le dijo que voluntariamente ingresaría a la Base de Aviación en Talara, señalando que era de vida o muerte dejar Piura. Aquí empiezan los investigadores a ir atando cabos. Seguramente Palomino tuvo una amante y lo querían matar, entonces, decidió refugiarse en la Base de Aviación.
Después de la información recabada, los investigadores volvieron a visitar al Coronel Mindreau. Este elitista personaje mantuvo la misma postura y se enfureció al escuchar al teniente Silva cuando manifestó que posiblemente Palomino había sido asesinado por haber sido amante de la esposa de un alto jerarca. El teniente Silva detectó que el Coronel enfureció más de lo normal, aun así no logró el objetivo de poder entrevistar a personas que pudieran dar información sobre Palomino Molero. El lector debe saber que el teniente era soltero, vivía sólo con su hija Alicia. Él la había cuidado desde niña cuando murió su mujer. Así que la investigación sobre una posible amante de Palomino no podía intrigarle porque directamente no le afectaba, sin embargo, cuidaba mucho el orden al interior de su Base, sabía que ellos tenían sus propios tribunales y no debían ser molestados. La presión social cada día era más fuerte. En las calles se decía de todo, que Lituma y el teniente Silva no daban con los asesinos porque estos eran peces gordos. Hay un hecho fundamental, se descubre que la hija del Coronel se enamoró de Palomino y él de ella, esto no garantiza nada, pero la investigación seguirá y ya veremos si caen los peces gordos…
Hasta aquí me permito narrarles la cautivante historia de la novela. Mario Vargas Llosa se nos adelantó, su muerte dejó un vacío inllenable, pero, nos legó una obra abundante, atrapante, leyéndola es como podremos recordarlo siempre. Finalmente, quiero concluir afirmando que tuvimos la fortuna de vivir en la misma época de un clásico de la literatura universal. Así como hoy admiramos y leemos con devoción a Víctor Hugo, Gustave Flaubert, en los siglos venideros las personas leerán con pasión y admiración al gran maestro Mario Vargas Llosa.
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[1] https://puntoyaparteonl.com/2026/01/14/recordando-a-los-que-nos-dejaron-en-el-2025-i/
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