La asunción de la santísima Virgen María

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo:

La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, que la Iglesia celebra con profunda alegría cada 15 de agosto, constituye una de las manifestaciones más luminosas del misterio de la esperanza cristiana. En María contemplamos realizada plenamente la promesa de Dios: aquella que acogió con fe la Palabra, sirvió con amor y permaneció fiel junto a la cruz de su Hijo participa ya, en cuerpo y alma, de la gloria de la resurrección.

Desde el momento de la Anunciación, el Evangelio nos presenta a María como la mujer de la esperanza. Ante el anuncio del ángel, respondió con una confianza total en el designio divino: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Su disponibilidad no eliminó el sufrimiento que habría de experimentar a lo largo de su vida; por el contrario, la llevó a recorrer un camino de fe sostenido por la certeza de que Dios siempre cumple sus promesas. Por ello, Isabel la proclama bienaventurada: «Dichosa tú, porque has creido que se cumpliría lo que el Señor te anuncio» (Lc 1,45). En María descubrimos que la auténtica esperanza brota de una fe firme, perseverante y totalmente confiada en Dios.

El Concilio Vaticano II contempla a la Virgen glorificada como una presencia luminosa para toda la Iglesia. La Asunción nos recuerda que la historia humana no está destinada al fracaso ni termina en la muerte, sino que encuentra su plenitud en la comunión eterna con Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «la Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos» (CEC, 966). En María contemplamos la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado, el mal y la muerte; en ella vemos realizada la esperanza que sostiene nuestra peregrinación terrena y fortalece nuestra confianza en las promesas del Señor.

Que la celebración de la Asunción renueve en todos nosotros la alegría de sabernos llamados a la vida eterna . Elevemos nuestra mirada hacia el cielo comprometiéndonos con la transformación cristiana de nuestro mundo. Que María nos acompañe en nuestro peregrinar, fortalezca nuestra esperanza y nos conduzca siempre hacia su Hijo, para que un día podamos participar con ella de la gloria que Dios ha prometido a quienes lo aman.

<< Con María, todos discípulos misioneros de Jesucristo >>

Xalapa de la Inmaculada, Ver., 13 de agosto de 2026.

+ Jorge Carlos Patrón Wong.

V Arzobispo de Xalapa.


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