“Heródoto, el padre de la historia. Libro segundo: Euterpe”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

Siempre se ha dicho que la historia es narrada por la cultura que logró imponerse en su devenir histórico e implanta su propia narrativa. Por ejemplo: crecemos leyendo los poemas homéricos y las obras de Hesíodo. En estos libros conocemos sucesos fundamentales en la historia de nuestra civilización, empero, más allá de los hechos contados; en estas obras se explican tradiciones, costumbres, religiones, dioses, y por ser obras fundadoras de la literatura occidental, mucho de lo allí relatado se acepta casi casi como verdad absoluta. Sin embargo, cuando nació la historia, primero con Heródoto, y, después con Tucídides, se fueron derrumbando muchos mitos, verdades impuestas, creencias, o simplemente a la historia oficial se le agregó otra versión; la denominada visión crítica y no en pocos casos podemos llegar a conocer citando a Miguel León Portilla: La visión de los vencidos.
Heródoto es el padre de la historia. Viajó por muchos pueblos. Se entrevistó con un sinfín de personajes importantes. Conoció de viva voz la cultura y tradiciones de los pueblos que visitó. Toda esta investigación la plasmó en sus Nueve Libros de la Historia. En esta segunda entrega nos centraremos en comentar algunos acontecimientos que cuenta en libro II titulado: “Euterpe”. Algo importante por remarcar es que en la mitología griega nueve son las musas que inspiraban el arte y el conocimiento. Estas musas las utiliza Heródoto en sus nueve libros. Clío es la musa de la historia y por los mismo “Clío” es el título del libro I. Euterpe es la musa de la música. Por ahora hasta aquí llegaremos. Retornando al contenido del libro II, este tomo se centra en la historia del pueblo egipcio. Para Heródoto la raza egipcia era la más antigua del mundo. Dedica un amplio apartado para contarnos las costumbres de los egipcios, comparto algunas sobresalientes:
El historiador afirma que las mujeres iban al mercado, mientras que los hombres tejían. En esos tiempos las mujeres orinaban de pie y los hombres en cuclillas. Sostiene que los hijos, si no lo deseaban, no estaban obligados a mantener a sus padres. En cambio, las mujeres, aunque no quisieran, tenían la obligación estricta de cuidarlos. Aquí se nota una diferencia sustancial con la cultura griega, ya que en Grecia era una obligación legal ver por los padres, por lo menos en la época de Solón.
En cuanto al tema de los dioses; Heródoto nos enseña que Isis es la diosa más importante de Egipto. Su esposo es Osiris. La imagen de Isis es la de una mujer que lleva cuernos de vaca. Por lo mismo en esa cultura milenaria estaban prohibido los sacrificios con vacas. Continuando con el tema de los dioses, Heródoto comparte un planteamiento que en algunos círculos causó todo tipo de debates y que este es el ejemplo puntual del porqué la historia crítica es muy útil para conocer otras visiones tan importantes y no solo quedarnos con la oficial. Heródoto manifiesta que muchos dioses del mundo griego nacieron o se inspiraron en el mundo egipcio. Nombraré a dos dioses fundamentales que se encuentran en este debate: Heracles y Dioniso.
“El Heracles griego y el Heracles egipcio: Por cierto que, sobre Heracles, oí decir que formaba parte de los doce dioses. En cambio, del otro Heracles, el que conocen los griegos, no pude oír hablar en ningún lugar de Egipto. Y que, desde luego los egipcios no tomaron de los griegos el nombre de Heracles, sino, más bien, los griegos de los egipcios y, entre los griegos, quienes pusieron el nombre de Heracles al hijo de Anfitrión y Alcmena, eran ambos oriundos de Egipto; además, los egipcios confiesan no conocer el nombre de Posidón y de los Dioscuros, y ni aquel ni estos están admitidos como dioses entre sus divinidades…Y por cierto que, entre las muchas tradiciones que, sin fundamento alguno, cuentan los griegos, se encuentra también esta disparatada historia que cuentan sobre Heracles. Dicen que, cuando llegó a Egipto, los egipcios lo coronaron y se lo llevaron en procesión para sacrificarlo a Zeus; momentáneamente él adoptó una actitud pasiva, pero cuando, junto al altar, comenzaban los preparativos para su inmolación, recurrió a la fuerza y los mató a todos. Ahora bien, a la vista de su relato, se me antoja que los griegos tienen un total desconocimiento del carácter y las costumbres de los egipcios. Pues, ¿cómo unos individuos a quienes la ley divina ni siquiera permite sacrificar animales a excepción de ovejas, bueyes, becerros que sean puros, y gansos, iban a sacrificar seres humanos? Además, ¿cómo es posible que Heracles, que era uno solo y que, según confiesan los griegos, todavía era un hombre, pudiera matar a tantísima gente? Y que tanto los dioses como los héroes sean benévolos con nosotros por todo lo que hemos dicho a este respecto.”
Es importante precisar que Heródoto no está contra la grandeza de Heracles, ni contra lo heroico de sus hechos. El padre de la historia tampoco cuestiona la belleza y grandeza de las obras del fundador de la literatura occidental, Homero. Solo que presenta desde una visión crítica otra versión menos mitológica e idealizada de la historia. Alguien podría pensar que la interpretación es errónea debido a que Homero fue un poeta y su principal función consistió en cantar sus inmortales epopeyas y no preocuparse si el contenido era cien por ciento ficticio, verdadero o falso. De acuerdo, Homero no debió ocuparse de aclarar eso, él solo cantó de manera maravillosa. Pues el mismo criterio debemos emplear para analizar la postura de Heródoto. Él, al ser el padre de la historia, su interés se centró en narrar hasta donde humanamente le fue posible las investigaciones realizadas en sus viajes de conocimientos y exploraciones y, naturalmente, como hasta antes de sus escritos gran parte de lo que se conocía de la historia antigua era por los libros de Homero y Hesíodo, entonces, el padre de la historia se vio obligado a citar y criticar si el caso lo requería, lo sostenido por los egregios poetas mencionados.
“No obstante, el origen de cada dios –o si todos han existido desde siempre –, y cuál era su fisonomía no lo han sabido hasta hace bien poco; hasta ayer mismo, por así decirlo. Pues creo que Hesíodo y Homero, dada la época en que vivieron, me han precedido en cuatrocientos años y no en más. Y ellos fueron los que crearon, en sus poemas, una teogonía para los griegos, dieron a los dioses sus epítetos, precisaron sus prerrogativas y competencias, y determinaron su fisonomía.”
Finalmente, con Heródoto no solo nació la historia, con él nació la crítica a todo lo establecido como verdad absoluta. Con esta función de la historia alcanza para magnificar su grandeza, importancia y relevancia. Ante el intento de imponer un concepto o un pensamiento único, siempre resurgirá el espíritu de Heródoto y nos recordará que debemos ejercer la otra parte de la historia: la crítica, la que cuestiona, la que narra una verdad diferente a la narrativa oficial, por cierto, siempre tan cerrada, autoritaria y dogmática.
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