EL EXODO

Ángel Lara Platas

 

No he encontrado investigaciones que digan por qué, pero sería interesante saberlo. Una buena cantidad de países que se ubican en la parte norte de la tierra, presentan mejores condiciones de desarrollo que los que se sitúan en el centro y sur de la misma. Con algunas excepciones.

Los países del norte presentan mejores condiciones en lo económico y en lo social. Van a la vanguardia en cuestiones de planes de desarrollo, se mueven con mejores tecnologías y las expectativas del ingreso son evidentemente mayores. Algunos dicen que el clima tiene algo que ver en el asunto.

En el caso de América, los latinoamericanos siempre han volteado hacia los Estados Unidos así sea para viajar o ir de compras. Para los mexicanos vacacionar en el norteamericano país es más glamoroso que ir a Guatemala, Nicaragua o el Salvador; tan solo por mencionar algunos de los países centroamericanos. Viajar al país del norte representa una especie de fascinación para mucha gente. Lo toman como el ejemplo a seguir. Por supuesto que también abundan las críticas por su política capitalista y el evidente trato discriminatorio hacia los latinos.

El gobierno norteamericano sabe perfectamente que la mano de obra para ciertas actividades productivas, la ponen los latinoamericanos que se encuentran en carácter de ilegales. El gobierno lo conoce pero no lo reconoce, tal vez para no otorgarles las prestaciones que tiene cualquier ciudadano estadounidense.

Bueno, la cosa es que desde hace muchos años, quien sabe cuántos, hemos escuchado el calificativo “mojados” o “espaldas mojadas” que se otorga a los inmigrantes ilegales en el vecino país, que al intentar cruzar el Río Bravo llegan al otro lado verdaderamente mojados (de ahí el mote), o son tragados por las caudalosas aguas del río. Pero una vez cruzado el río o evaden a la migra o son detenidos y repatriados.

Sin embargo, el número de personas que intentan cruzar la frontera con México para internarse en aquel país, año con año crece exponencialmente. Una de las causas son las precarias condiciones que enfrentan los ciudadanos en sus países como Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala y, por supuesto, Cuba y Haití, entre otros. Aunque las condiciones de México son diferentes también expulsa mano de obra.

En mucho tiene que ver el fracaso de las políticas públicas de los mencionados países, la falta de controles eficaces para abatir la delincuencia y la corrupción y la ineficacia en la creación de empleos. En estricto sentido, los gobiernos son los culpables directos de que los ciudadanos salgan huyendo en busca de un sustento que les permita sobrevivir con lo necesario.

Lo que está ocurriendo en la frontera sur de la República Mexicana es más grave de lo que parece.

Diez, quince mil o más, según las fuentes de información; derribaron las barreras para ingresar a territorio mexicano en su caminata rumbo a la frontera norte. Ya están en tierras mexicanas, es el éxodo más grande de la historia reciente. Avanzan en caravana hombres y mujeres de todas las edades incluyendo niños y niñas; señoras embarazadas y otras cargando a sus pequeños hijos. El peso de los pequeños les adormecen los brazos.

La poca agua que traen consigo no satisface la intensa sed, el calor de aquellos lugares es infernal para quien camina al descubierto. Van hambrientos, comen cualquier cosa en dudosas condiciones de higiene, padecen infecciones estomacales, no tienen asistencia médica oportuna. Las largas caminatas están destrozando sus zapatos. Sus ampollados pies sufren a cada paso, y faltan millones de pisadas para llegar a la frontera. Reciben el espontaneo apoyo de la gente que vive en los pueblos y ciudades por donde pasan, pero de las inclementes condiciones climáticas nada los libra.

Lo único impecable que llevan son las ideas. Las mismas que mantienen los ojos fijos en la casa donde manda el intolerante Donald Trump.

La fatal aventura la viven a plenitud, sin tregua; la interminable columna humana avanza, lenta pero avanza. La conforman los desplazados, los que prefieren morir en el intento que quedarse a contemplar la indolencia de sus autoridades.

Por supuesto que las culpas llegan hasta a La Casa Blanca. Las relaciones condicionadas y la exportación de sus intereses consumistas, al margen de los derechos humanos; han provocado severos problemas políticos y sociales en países latinoamericanos.

De que hay intereses políticos en la caravana de los migrantes, no se descarta; es una práctica recurrente en nuestra deteriorada cultura política. Que vienen perfiles delincuenciales con disfraz de menesterosos, tampoco se descarta. La línea que separa el territorio de la pacífica sociedad del terreno de los malhechores es tan delgada que no se ve.

Se supo de la marcha que cruzaría México para llegar a EEUU, y nadie del gobierno mexicano se ocupó en convocar a una reunión de mandatarios para buscar una solución viable. No pensaron que podían detener su viaje para quedarse en México. Si así fuera, a buscarles empleo y proporcionarles vivienda y salud.

Menuda bronca para el próximo gobierno.