En defensa de la agroindustria azucarera

Javier Herrera Borunda

 

De acuerdo al historiador Horacio Crespo, la introducción de la caña de azúcar en México se atribuye a Hernán Cortés, quien en 1524,  aprovechando los logros obtenidos por la explotación del “oro blanco” en las Antillas, construyó en la Nueva España en el poblado de Totogatl, perteneciente al actual municipio de Santiago Tuxtla, en el estado de Veracruz, el primer trapiche al que puso por nombre “Tuxtla”. A partir de entonces, la agroindustria azucarera se ha desarrollado en nuestro país de forma ininterrumpida, convirtiéndose al día de hoy en una de las actividades económicas del agro mexicano con mayor tradición y trascendencia en el desarrollo económico.

En el escenario internacional de la producción agrícola, el cultivo de la caña de azúcar supera en volumen a la de granos básicos como maíz, trigo y arroz, debido, sin duda, a que es un insumo que demandan muy diversos sectores de la industria alimentaria y la bioenergía. Se cultiva en 130 países y su valor económico se sustenta en que es una especie altamente productiva que genera, además, productos de valor agregado como azúcar, melaza, etanol, bioenergía, bioenvases y otros.

La agroindustria azucarera mexicana ocupa entre el sexto y séptimo lugar a nivel mundial en la producción del edulcorante, dependiendo de la zafra anual, pero no así en productividad donde desciende al lugar 31, lo cual es un indicador de la necesidad de mejorar las tecnologías y prácticas agrícolas que se usan en sus diferentes procesos productivos, así como del potencial que existe para encontrar un mejor rumbo de eficiencia y eficacia con nuevas con miras a la competitividad internacional. Sirva como ejemplo: México produce 74 toneladas por hectárea de caña de azúcar, mientras que Guatemala cosecha 129 toneladas por hectárea.

La actividad azucarera ha sido pilar fundamental en el desarrollo nacional y de manera especial en el regional al incidir en la economía de 15 estados de la República Mexicana: Campeche, Chiapas, Colima, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz. Se desarrolla en 227 municipios, genera un valor de producción primaria de alrededor de 30 mil millones de pesos y actualmente alrededor de tres millones de mexicanos dependen de ella, directa o indirectamente. Está clasificada entre las cinco actividades económicas más importantes de nuestro país después de la cadenas productivas de la cebada-cerveza, el trigo-panificación, el maíz-tortilla y el agave-tequila.

La zafra 2017-2018 alcanzó mayores logros en la producción de azúcar y se obtuvieron mejores índices de productividad en campo y fábrica en los 51 ingenios azucareros del país. Sin embargo, la agroindustria azucarera nacional lleva algunos años siendo presionada por la colocación de excedentes en el mercado estadounidense, donde tradicionalmente eran colocados en base los acuerdos comerciales suscritos por ambos países, debido a las presiones ejercidas por los productores de la Unión Americana ante sus autoridades, lo cual, sin duda, es un indicador de la urgente necesidad de diversificar los mercados, situación compleja por los costos de logística y transportación frente a la oferta internacional, o en su caso, de reorientar la cadena de producción hacia derivados del azúcar como bioplásticos y biocombustibles.

En este contexto, desde el pasado lunes 21 de enero al día de hoy se cumplen 19 días de la toma de bodegas y almacenes de azúcar por parte de organizaciones cañeras en la totalidad de los ingenios del país, cuyo objetivo es impedir la salida del edulcorante a los mercados locales y nacionales, hasta no encontrar una solución a la caída de precios a los que se vende a mayoristas, comercializadoras e industrias, especialmente refresqueras. Exigen acelerar las exportaciones al mercado mundial con objeto de reducir los inventarios nacionales que están afectando el precio interno. Se calcula que la exportación de azúcar debe ascender a alrededor de 1.5 millones de toneladas, que aunadas a las 760 mil que tienen como destino Estados Unidos en este ciclo de zafra alcanzarán entre 2.2 y 2.3 millones de toneladas, lo que permitiría equilibrar de algún modo el mercado nacional, como una medida temporal.

Por otro lado, las agrupaciones cañeras y algunos industriales están pidiendo al gobierno federal poner un freno a las importaciones de jarabe de maíz de alta fructuosa, dado que afectan seriamente al mercado de la caña de azúcar. Argumentan que si no entraran al país esas importaciones, que ascienden a un millón de toneladas anuales, la producción nacional de azúcar sería suficiente para garantizar el consumo nacional que asciende a 4.3 millones de toneladas de azúcar y 1.5 millones de toneladas de jarabe de maíz, lo que suma en conjunto 5.8 millones de toneladas.

Durante una gira de trabajo el pasado domingo, en la ciudad de Córdoba, Veracruz, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ofreció a los involucrados en la agroindustria azucarera revisar los acuerdos suscritos por México en este renglón, y afirmó: “Sí queremos el libre comercio, pero vamos a defender al productor nacional. Primero México y luego el extranjero. Estaré muy pendiente para que no resulten afectados, por el contrario buscaremos que cada vez tengan más beneficios”. Confiemos en que pronto este conflicto que afecta a millones de personas encuentre solución.

A todas luces la agroindustria azucarera se enfrenta a un problema estructural que viene arrastrando de años atrás, la cadena caña de azúcar-azúcar padece severos desbalances que es necesario resolver. Los pequeños productores rurales, trabajadores y empresarios que pertenecen a este importante sector de la economía nacional, merecen el más amplio compromiso del gobierno mexicano, dirigido al diseño de políticas públicas que permitan la modernización e impulso del desarrollo tecnológico, mecanización y diversificación de esta agroindustria. Con ello, la industria azucarera nacional permitirá asegurar el abasto del mercado nacional ante los complejos escenarios internacionales que se visualizan en el corto plazo, así como ser más competitiva en los mercados globales al destinar sus excedentes a la exportación.

javi.borunda@me.com