Noticias de los otros

Arturo Reyes Isidoro

 

El fin de semana pasado, una agradable coincidencia me dio la oportunidad de reencontrarme y platicar, luego de muchos años de no hacerlo, con el exgobernador Dante Delgado.

Fuimos invitados a un festejo familiar privado. Debo decir que me dio gusto encontrarlo bastante bien (tiene 69 años, va para 70), así como a su esposa la doctora Teresa Morales Tress.

Independientemente de su quehacer político y de mi quehacer periodístico, nos une una amistad de más de 40 años, de cuando él era director del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana (Injuve) en el gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) (el organismo había sido creado por un presidente veracruzano, el licenciado Miguel Alemán Valdés, en 1950), instituto que derivó en lo que hoy se conoce como la Conade.

Recuerdo que cuando venía al Estado e iba de paso hacia Minatitlán, donde tuvo un gran amigo que falleció en un accidente (Alfonsín), pasaba por Acayucan para saludar a Ángel Leodegario “Yayo” Gutiérrez Castellanos y visitaba la redacción del Diario del Sur donde ya ejercía yo el oficio. Aún guardo libros que editaba el Injuve y que  me regaló.

La vida quiso que coincidiéramos años después en Xalapa, cuando llegó a la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI y luego cuando arribó con don Fernando Gutiérrez Barrios al gobierno del Estado, donde lo sustituiría como gobernador. En el primero quiso que yo colaborara con él y en el segundo también, pero las circunstancias no se dieron.

No obstante, siempre me tuvo mucha confianza y como reportero lo acompañé prácticamente todos los días de su gobierno lo mismo en Xalapa que en todos sus recorridos por el Estado, que fueron muchos, siempre a su lado, así como en reuniones privadas en la Casa Veracruz. Esa relación me dejó un gran bagaje político que hoy me sirve en mi trabajo profesional.

Lo noté vigoroso, bien de salud, con bastante buen semblante, lógicamente con la mesura que da la edad y, algo que sigue siendo admirable en él, sigue igual de sencillo, cordial pero atento y respetuoso.

No pudo faltar que platicáramos sobre Veracruz y, como casi todos los veracruzanos (por no decir que todos), se lamentó por lo que está pasando, aunque en su opinión lo mal en que está el Estado viene desde gobiernos anteriores, en lo que, coincido, tiene razón.

Por el arrojo, que, me dijo, le ha faltado a políticos veracruzanos para rescatar al Estado, mejor no viene salvo para reunirse con su esposa, sus hijos y sus nietos. Con Movimiento Ciudadano le va mejor en otros estados y hacia ellos enfoca sus esfuerzos.

El Tío Fide

Fidel Herrera Beltrán, en cambio, no se repone satisfactoriamente del derrame cerebral que le dio el 22 de marzo del año pasado (dentro de nueve días hará un año), que lo dejó bastante afectado de salud y que le afectó su capacidad motriz. Se desplaza o lo desplazan en silla de ruedas, aunque amigos comunes que lo visitan con alguna periodicidad me han referido que intenta ya dar algunos pasos como parte de la rehabilitación a la que está sometido.

De 70 años de edad (los cumplió hace seis días, el 7 de marzo), no deja de ser el zoon politikon que ha sido desde su temprana juventud, prácticamente desde su adolescencia cuando cursó el bachillerato en la Preparatoria Artículo 3º de Xalapa (ahí llegó a estudiar también Beatriz Paredes Rangel, quien sería gobernadora de Tlaxcala y quien emigró a nuestra capital porque pretendía ingresar al entonces Conservatorio de Música, pero la política estudiantil la atrapó).

Con motivo de su cumpleaños, un amigo común estuvo a visitarlo y hasta lo acompañó al hospital. Se vino muy impresionado por verlo con 13 kilos menos y, según cree o le dijo, por ahora no le interesa más que recuperarse y recuperar su salud.

Pero otro amigo que lo visita con alguna frecuencia, que desayuna o como con él en su residencia, me ha comentado que el hombre desde su silla de ruedas sigue haciendo política en Veracruz, y que los médicos le han dicho que si quiere recuperarse debe dejar el teléfono celular, pero que no les hace caso, que para él la grilla está primero.

Una versión no confirmada refiere que mantenía contacto con el gobernador Cuitláhuac García, hasta que este le ha dejado de tomar las llamadas, y otra, de una fuente a la que le doy el beneficio de la duda, me ha dicho que logró colocar en la actual administración y tiene operando a algunas gentes suyas en puestos claves de secretarías importantes.

He recibido los saludos del Tío Fide, aunque también soy su crítico, pero parece indicar que ha entrado a otra etapa de su vida en la que pide paz, en la que quiere dar por superadas sus diferencias políticas con quienes las tiene o las ha tenido, aunque me pregunto si también con Miguel Ángel Yunes Linares. ¿Usted cree que la enfermedad lo ha retirado definitivamente de la política?

Y Miguel también

Y Miguel, casi contemporáneo del grupo (67 años), Miguel, a la chita callando (con sigilo, con disimulo, en secreto, sin hacer ruido), rearma ya la estructura con la que va a proyectar de nuevo en 2024 a su hijo del mismo nombre como candidato a la gubernatura.

Yunes Linares es otro zoon politikon y la noche misma del 1 de julio del año pasado cuando perdieron la elección, luego de reponerse del impacto, empezó a trazar el esquema de trabajo con el que pretende impulsar a su vástago y no ha parado, aunque lo hace de la forma más discreta, pero efectiva, sin duda alguna.

Incluso creo que alentado al ver el mal desempeño de los nuevos gobernantes, reagrupa a muchos veracruzanos en torno a su proyecto y, que yo sepa, muchos, o casi todos con los que ha hablado, le han dado el sí.

Estaría reforzando la estructura humana política con la que logró un millón 400 mil votos y tendría muy en cuenta corregir errores, entre ellos el de haberse alejado de la prensa.

Los tres, Dante, Fidel y Miguel fueron dirigentes estatales del PRI y gobernadores,  el primero interino, de cuatro años, el segundo de seis y el tercero de dos. El que más obra hizo fue Dante y es el único que sigue activo en la vida política del país con su Movimiento Ciudadano. Por como lo vi, lo escuché y lo sentí, tiene cuerda para rato.