Dinero, principal obstáculo para frenar el cambio climático: Miguel Molina

  • El consultor en comunicación habló en la UV sobre las problemáticas en torno a este tema 
  • En el mundo hay un crecimiento de manera descontrolada porque éste es visto como equivalente al desarrollo, expresó 

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

 

“El México bronco de Reyes Heroles puede darnos un susto”, aseveró el consultor en comunicación y cambio climático

Xalapa, Ver., 13 de marzo de 2019.- Miguel Molina, ex reportero de la BBC en Londres y actual consultor en comunicación y cambio climático en Ginebra, Suiza, destacó en la Universidad Veracruzana (UV) que el principal obstáculo para frenar el cambio climático en el mundo es el dinero.

El periodista oriundo de Misantla, Veracruz, habló de “Los peligros del cambio climático en México”, tras la presentación por parte de autoridades universitarias del opúsculo Veracruz ante el cambio climático: Acciones mínimas 2019-2024. 65 propuestas, el lunes 11 de marzo en la sala anexa de Tlaqná, Centro Cultural. Ambas actividades fueron organizadas por la Dirección de Comunicación de la Ciencia y el Programa de Estudios del Cambio Climático de esta casa de estudios (PECCUV).

Miguel Molina partió de recordar que la Revolución Industrial (1760-1840) generó notables cambios demográficos, sociales, económicos y ambientales; y que ya desde 1824 escritos científicos daban cuenta de las temperaturas de la tierra, así como de los efectos causados por algunos de los gases que ya producían en esa época.

Respecto a la emisión de los gases que producen el efecto invernadero, citó que de 1990 al 2010 en México se incrementó un 33 por ciento. El problema es que “no se ven y ojos que no ven, corazón que no siente, autoridad que no actúa, pueblo que no se da cuenta”.

Honduras, por ejemplo, prácticamente no produce gases de efecto invernadero, pero eso no significa que no los padezca, “es la indefensión de los países pobres ante los fenómenos climáticos extremos”. Para él, quienes más pierden son las personas cuyas condiciones sociales son pobres (principalmente las de la tercera edad, mujeres y población infantil).

Chile y Argentina son países que también producen pocos gases de efecto invernadero, el porcentaje se incrementa en México y, sobre todo, en Brasil; pero “todo palidece” cuando se observan las cifras de Estados Unidos (EEUU), China e India. “La cantidad de gases que genera un habitante de EEUU en un día, equivale a la cantidad que genera una persona de casi cualquier lugar de África Subsahariana en un año”.

Para él, en el mundo hay un crecimiento de manera descontrolada porque éste es visto como equivalente al desarrollo y, a su vez, a prosperidad, “pero el precio que pagaremos será muy alto”. Pese a las cumbres mundiales que se organizan para atender la problemática, no se logran los acuerdos que se requieren.

“En Potsdam, Alemania, se llegó a un acuerdo muy importante: crear un fondo de un trillón de dólares para hacer frente a los costos de mitigación y adaptación al cambio climático, y de transferencia de tecnología entre países desarrollados y pobres. Todos estuvieron de acuerdo, pero no en quién iba a dar cuánto, quién lo manejaría y quién iba a administrar.

”Ahí, todas esas intenciones de los 192 países (que después en 2009 participaron en la Cumbre de Copenhague y años después vinieron a Cancún y acaban de estar en París) se vinieron abajo. El dinero es el principal obstáculo para frenar el cambio climático.”

La falta de auténtica atención al problema ha provocado que no se reduzcan los niveles de contaminación y que el planeta se siga calentando. Por otro lado, precisó que si se rebasan dos grados respecto a la temperatura promedio que había al finalizar la Revolución Industrial, hay riesgos importantes de hambruna, inundaciones costeras y paludismo. Un elemento más que prefirió citar aparte fue el de la sequía, pues dijo que no se refiere únicamente a que dejará de llover, sino a la ausencia de agua potable.

Cambio climático en México

Miguel Molina detalló el panorama mundial, las catástrofes y sumas de dinero que les ha implicado a los respectivos gobiernos atenderlas, pues tan sólo de 1996 a 2015 se tienen registrados 11 mil eventos climáticos extremos (entre olas de calor, sequías, inundaciones, huracanes, entre otros) en 180 países. Enseguida, se abocó al contexto nacional, donde el gobierno invierte hasta el seis por ciento del Producto Interno Bruto al año para atender las consecuencias del cambio climático.

Por atender lo urgente se descuida lo importante, como la educación y la salud, “eso es preocupante”, lamentó el conferencista. Como muestra, citó que según el propio gobierno mexicano, entre 2001 y 2013 hubo costos asociados a fenómenos hidrometeorológicos por más de 338 mil millones de pesos.

Hasta ahora, enlistó: los glaciares se descongelan, se pierden fuentes de agua dulce, las inundaciones afectan a las comunidades costeras, hay tormentas más intensas que duran más y las cosechas rinden menos, las altas temperaturas en zonas tradicionalmente frescas desatan brotes de enfermedades infeccionases.

Citó, con base en estudios, que el riesgo del impacto del cambio climático en la población nacional es del 68 por ciento; mientras que en la economía podría llegar al 71 por ciento. A su consideración, lo primero que hay que cambiar es la forma en que quienes toman decisiones entiendan el cambio climático, pero también son necesarias las trasformaciones profundas. Asimismo, mencionó el papel que juegan las instituciones de educación superior para la generación y trasferencia de tecnología al respecto.

De no atenderse la situación, expuso que la capacidad de producción agrícola puede reducir su rendimiento entre el cinco y 20 por ciento en las próximas dos décadas y hasta el 50 por ciento para finales del siglo. A manera de ejemplo, citó que mientras hoy 23 estados rinden arriba de una tonelada por hectárea en la producción de maíz de temporal, a finales de siglo será de 11.

Entre los peligros que mencionó está el hecho de que el cambio climático ha revivido enfermedades que se creían erradicadas como el cólera, paludismo y dengue; las zonas costeras sufrirán inundaciones cada vez más frecuentes e intensas; los golpes de calor causarán la muerte de cada vez más personas; las proyecciones sugieren que la temperatura aumentará sobre todo en el norte, principalmente en Baja California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas.

Asimismo, en Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y algunas partes de Veracruz verán un aumento en muertes por diarrea, principalmente en la población infantil, y la mala calidad del aire incrementará alergias y enfermedades de las vías respiratoria sobre todo en Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y Toluca.

Aclaró que si bien las autoridades tienen un papel fundamental, la solución “somos todos” y es necesario investigar técnicas, por ejemplo, para la captura y almacenamiento del CO2 y para mejorar la agricultura, incentivar el comercio local e incrementar los programas que divulguen el tema en las comunidades.

“Déjeme recordarles un dato: en 1809 hubo en México una fuerte sequía que afectó las cosechas, provocó alza en los alimentos, baja en los salarios, así como descontento e inconformidad. El año siguiente quién sabe qué pasó, pero en 1809 ya había fenómenos atmosféricos extremos que incrementaron o agudizaron la inconformidad y descontento social. Estamos hablando ya no de aspectos científicos, productivos y financieros, sino de cosas más graves. El México bronco de (Jesús) Reyes Heroles (aunque él lo veía desde otra perspectiva, más bien política) puede darnos un susto.”