El mensaje de Colosio que le costó la vida

Arturo Reyes Isidoro

 

Cuarenta y cuatro años tenía yo entonces. ¡Uf! Cómo no recordarlo ahora que estoy ya en la cuarta o quinta edad.

Estuve acreditado arriba en un templete especial que pusieron para prensa invitada en la explanada del Monumento a la Revolución, relativamente cerca desde donde en diagonal veíamos y escuchábamos a Luis Donaldo Colosio pronunciar su histórico mensaje con motivo del LXV aniversario del PRI, el 26 de marzo de 1994, este martes hace 25 años, fecha en la que rindió protesta como candidato presidencial.

Soy de los que siempre he creído que ese mensaje selló su destino.

En la edición del domingo de la revista Proceso publicaron fragmentos de diálogos que sostuvo Julio Scherer con Colosio, contenidos en el libro Estos años (Ed. Oceano, 1995).

Relató Scherer que esa noche en la bibilioteca de su casa conversaron, sin prisa. “Lo vi eufórico. Se lo dije”.

“Exaltado, repitió trozos de su discurso y en un momento pensé que se pondría de pie. Le faltaba el auditorio, pero se tenía a sí mismo”.

“−Una pregunta, Luis Donaldo –Lo interrumpí en plena carrera.

Agitado, me vio en súbito silencio.

−¿Conoció el presidente tu discurso antes de que lo pronunciaras?

−Espero que me comprenda.

−¿Conoció tu discurso?

−No”.

Aquel era un México de gobierno priista autoritario, vertical, unipersonal, represor, de una presidencia imperial como la bautizaría Enrique Krauze, que no admitía críticas y que las reprimía si las había, por lo que el hecho de que alguien disentiera era algo insólito pero que fuera del mismo PRI era algo inadmisible.

Colosio violó flagrantemente la ley política priista no escrita de entonces como no consultar lo que iba a decir, no preguntar qué podía decir o hasta dónde podía llegar, o no haber esperado a que le dieran un texto para que solo lo leyera, como se acostumbraba. Se atrevió a mucho. Fue demasiado lejos. Lo pagó con su vida.

Entresaco algunos fragmentos de aquel largo mensaje, que estoy seguro que a todos nos sorprendió y que seguramente preocupó y alarmó a la cúpula política, económica ¿y militar? de aquel entonces.

Creo que las nuevas generaciones de mexicanos y los políticos de hoy deben tener presente aquel hecho histórico y tratar de que se cumplan los propósitos de aquel político singular, que eran para bien del país. Si se pone atención, muchas de sus advertencias parecieran haber sido hechas para el momento que vive actualmente el país.

Cambio no es el rechazo a lo que otros hicieron

“… nuestra herencia debe ser fuente de exigencia, no de complacencia ni de inmovilismo. Sólo los partidos autoritarios pretenden fundar su legitimidad en su herencia”.

“Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar”.

“Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley!”.

“No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad para aprender, para innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos”.

“¡México no quiere aventuras políticas!. ¡México no quiere saltos al vacío!. ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces!. ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!”.

Concentración del poder, origen de males

“Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder. Concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos”.

“Reformar el poder significa hacer del sistema de impartición de justicia, una instancia independiente de la máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones de la República”.

“Por eso es que convocamos, antes que nadie, a un debate entre los candidatos a la Presidencia de la República”.

“Hemos alentado acuerdos entre partidos; hemos planteado revisar el listado electoral; hemos solicitado la participación de observadores en todo el proceso electoral y la integración de un sistema de resultados oportunos”.

“Por eso es que también hemos resuelto dar transparencia a todos nuestros gastos”.

“Estamos por elegir candidatos a diversos cargos de elección popular. No queremos candidatos que al ser postulados los primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia seamos los propios priístas”.

Cambiar prácticas porque la sociedad cambió

“… somos conscientes que la sociedad mexicana ha cambiado y que demanda, en consecuencia, un cambio en las prácticas políticas”.

“… para que el pueblo de México triunfe el 21 de agosto, los partidos políticos, todos, tendremos que sujetarnos a la ley y sólo a ella, sin ventajas para nadie, sin prepotencias, sin abusos y sin arbitrariedades”.

“Aspiro a que juntos ampliemos la autonomía y afiancemos la imparcialidad de nuestros organismos electorales, a fin de que la voluntad popular, y sólo ella, determine los resultados de los comicios”.

“Confiabilidad, certeza, regularidad y limpieza electorales no pueden seguir siendo sólo aspiraciones, tienen que ser realidades que se impongan en las conciencias de los ciudadanos. De ahí nuestro compromiso con la participación de observadores en el proceso electoral”.

“La elección es de la sociedad y por tanto no puede ser un asunto cerrado. Su transparencia exige de la participación de observadores y no excluye que de ella pueda darse el más amplio testimonio, tanto por parte de nuestros ciudadanos como de visitantes internacionales. De ninguna manera tenemos por qué mirar con temor a quienes desean conocer la naturaleza de nuestros procesos democráticos”.

“Nuestras elecciones, y lo digo con pleno convencimiento, no tendrán vergüenzas qué ocultar”.

México exige respuestas que no pueden esperar

“En estos meses de intensos recorridos… me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios y de las nuevas demandas; el México de las esperanzas, el que exige respuestas, el que ya no puede esperar”.

“Yo veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso…”.

“Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado…”.

“Yo veo un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan…”.

“Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción…”.

“Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen… Mujeres… que reclaman una participación más plena, más justa…”.

“Yo veo un México de empresarios de la pequeña y la mediana empresa a veces desalentados por el burocratismo, por el mar de trámites, por la discrecionalidad en las autoridades”.

“Yo veo un México de profesionistas que no encuentran los empleos que los ayuden a desarrollar sus aptitudes y sus destrezas”.

“Un México de maestras y de maestros, de universitarios, de investigadores, que piden reconocimiento a su vida profesional, que piden la elevación de sus ingresos y condiciones más favorables para el rendimiento de sus frutos académicos…”.

Veo un México con hambre y sed de justicia

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

“Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan”.

“Chiapas es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos (el 1 de enero de ese año acababa de surgir el Ejército Zapatista de Liberación Nacional).

“Frente a Chiapas los priístas debemos de reflexionar. Como partido de la estabilidad y la justicia social nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros”.

“Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida”.

“Es la hora de hacer justicia a nuestros indígenas, de superar sus rezagos y sus carencias; de respetar su dignidad… es la hora de celebrar un nuevo pacto del Estado mexicano con las comunidades indígenas”.

“Es la hora de… acabar para siempre con todo vestigio de latifundio…”.

“Es la hora de dar solución a los problemas de la cartera vencida en el campo, del crédito escaso y caro”.

Hay que superar la soberbia del centralismo

“Es la hora de superar la soberbia del centralismo… de apoyar decididamente al municipio… de un nuevo Federalismo… de dotar de mayor poder político y financiero a nuestros estados… de garantizar plenamente la conservación de nuestros recursos naturales, de nuestro medio ambiente, de nuestra ecología”.

¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!

“Soy un mexicano de raíces populares… Reitero que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio”.