Teodoro Cano pasará a la historia como el propulsor del muralismo en Veracruz

  • Su mirada de lo local la expandió mediante el arte al concierto internacional, celebran sus alumnos 
  • Es una personalidad significativa para la institución, “una imagen que enorgullece a la Universidad”, pues en ella dejó un legado artístico, pero también una simiente, dijo la directora de Artes Plásticas

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

 

La Justicia, en la Facultad de Derecho

Xalapa, Ver., 26 de abril de 2019.- Teodoro Cano García pasará a la historia como el propulsor del muralismo en Veracruz y aportar la simiente en la Universidad Veracruzana (UV), coincidieron quienes fueron sus alumnos. El oriundo de Papantla de Olarte, Veracruz, quizá el único de esta entidad que fue discípulo de Diego Rivera, es recordado por su afán de formar en esta corriente artística y, sobre todo, por una “intensa pasión” por la cultura Totonaca, misma que dejó plasmada en su obra.

Nació el 29 de mayo de 1932 en El Zapote, municipio de Papantla; se formó como Maestro en Artes Plásticas en la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México, de 1947 a 1951, y mientras estudiaba allá fue discípulo de José Chávez Morado y Diego Rivera (este último, junto con David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco son considerados los principales representantes del muralismo mexicano que prosperó a partir de 1920).

Además, fue director del Taller de Artes Plásticas de la UV en Xalapa, fundó y dirigió por alrededor de cuatro décadas los Talleres Libres de Arte (TLA) en su natal Papantla. En palabras de la directora de la Facultad de Artes Plásticas (FAP), Ana Gabriela Ramírez Lizárraga, Teodoro Cano es una personalidad significativa para la institución, “una imagen que enorgullece a la Universidad”, pues en ella dejó un legado artístico, pero también una simiente.

“Hay un aspecto muy importante para la Universidad, y para él como artista: irse a Papantla y fundar los Talleres Libres de Arte de la UV, donde se arraigó la producción artística; además, hay muchos egresados de nuestra Facultad que venían de allá y ya traían una formación muy sólida. A los TLA iban de Poza Rica, Tuxpan y toda esa región para trabajar con él. Ésa fue una gran aportación.”

Teodoro Cano, el del espíritu paternal

2. La psicología, en la actual sede de la Dirección General de Difusión Cultural

El 23 de abril del presente año murió Teodoro Cano en la capital veracruzana y la noticia causó conmoción a propios y extraños. A propósito del suceso, Salvador Lorenzana Jiménez y Ángel Javier Petrilli Rincón, quienes fueron sus alumnos y hoy son destacados académicos de la FAP, coincidieron en que el autor de Homenaje a la cultura Totonaca siempre buscó inculcar la disciplina por el dibujo y, sobre todo, vincularlos con el muralismo.

“Cuando yo era su alumno a él lo invitaron a hacer un mural en Coatepec y la mayor parte de los estudiantes participamos. Él hacía invitaciones para que tuviéramos esa experiencia muralística. Gracias a él, allá por 1972, se hizo la Primera Confrontación Nacional de Escuelas de Artes Plásticas aquí en Xalapa, y una de las invitadas de honor fue la crítica de arte Raquel Tibol”, rememoró Salvador Lorenzana, titular del Taller de Litografía de la FAP.

Tal Confrontación Nacional es citada en varias reseñas y biografías de Teodoro Cano, pues reunió a connotados artistas, críticos del arte y una exposición conformada por miles de obras. “A lo que quiero llegar es que dejó ese cimiento de la preparación de Taller de Artes Plásticas a Escuela (hoy FAP)”, enfatizó el entrevistado.

“El recuerdo que tengo de él es de una enseñanza académica rigurosa, generalmente vinculada a lo que era el muralismo; él nos dio todas las estructuras para los que quisieran continuar en el mural (y sí hubo alumnos de esa generación que hicieron murales en México). Él dejó esa semilla.”

Pero hay un rasgo más que Lorenzana Jiménez destacó de Teodoro Cano: su espíritu protector. “Íbamos a su casa a comer, nos trataba no sólo como alumnos, fue muy paternal”, describió al finado.

Por su parte, Ángel Javier Petrilli, quien se ha desempeñado como director de la FAP, coincidió en que Cano siempre procuró involucrar a los estudiantes en los proyectos muralísticos que tenía.

“Lo considero un apasionado de la cultura Totonaca; creo que dejó un gran legado a la cultura en general; su mirada siempre fue local, aunque en lo global expandió a través del mural ese pensamiento tangible e intangible de la cultura Totonaca.”

A decir de Petrilli Rincón, el que Teodoro Cano procurara que los estudiantes participaran en los proyectos culturales que emprendía “nos conectó mucho con llevar el arte a las comunidades, la mirada de lo social; creo que sí nos ha dejado una gran huella y un sentido de responsabilidad social y de nuestra cultura; eso es algo que pocos artistas promueven y procuran, y que hoy es cada vez más necesario”.

Es más, para el entrevistado, Teodoro Cano fue propulsor del muralismo en Veracruz y lo expandió a otros estados, tal es el caso de Campeche, Yucatán, Tamaulipas, Coahuila, Sinaloa, Quintana Roo y Colima, a manera de continuar el trabajo de los grandes muralistas del país.

El hecho de que Cano haya sido discípulo de Diego Rivera era algo que citaba con frecuencia, aderezado con “pasión y orgullo”. Lo hacía, justificó el académico, porque “era su herencia”.

Amén del legado artístico que dejó en la UV, está su filosofía, afirmó Javier Petrilli. “Al menos en el pensamiento de hacia dónde ir, qué hacer en el aspecto del arte en la sociedad, en la cultura y la inclusión. Fue tema importante cómo los pueblos originarios, a través de su obra, se sienten orgullosos de lo que son y tienen. Nosotros en esa mirada nos sentimos bastante complacidos”.

Un aspecto que destacó y que coincidió con lo dicho por Salvador Lorenzana fue el trato familiar. “De pronto nos desplazábamos a lugares donde teníamos que realizar algunas prácticas y en ocasiones su familia estaba presente. Eso fue muy motivante y muy significativo”.

Los muros tocados por Teodoro Cano

3. Historia de la medicina, en el Centro de Especialidades Médicas “Doctor Rafael Lucio”

El artista oriundo de Papantla dejó un significativo legado en Xalapa, en su natal ciudad, en aquella región y sobre todo en la UV. A propósito del homenaje que le rindió la 29 Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil del Instituto Veracruzano de la Cultura, la institución enlistó algunas de sus obras: Historia de la medicina en el Centro de Especialidades Médicas “Doctor Rafael Lucio”; Historia de la educación en la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”; las pinturas-murales La historia del Movimiento Agrarista en la Confederación Nacional Campesina, y La psicología en la entonces Escuela de Psicología , edificio ubicado en la calle Juárez de esta ciudad y actual sede de la Dirección General de Difusión Cultural de la UV.

De su autoría también son los relieves de la entrada a la zona arqueológica El Tajín, el mural en relieve Homenaje a la cultura Totonaca en el muro de contención de la catedral de Papantla, y el monumento El volador de 24 metros de altura, también en aquella ciudad. Asimismo, sobresale la escultura El cristo redentor, con una altura de 31.5 metros en Tihuatlán, Veracruz.

Mención aparte merecen los murales de la Facultad de Derecho Xalapa de la UV, toda vez que como parte de los trabajos para incrementar el acervo artístico de la institución, así como culminar un proyecto que inició en 1995 con la elaboración de un primer mural llamado La Justicia, se construyeron dos murales más en alto relieve en dicha entidad académica.

Lo especial también reside en que la conclusión de la serie de murales realizados en la Facultad de Derecho, fueron algunas de sus últimas obras en 2018.

En uno de los murales plasmó el escudo de la UV, como elemento principal de la composición, contemplado por tres personas que representan a la comunidad universitaria, misma que hace posible a esta institución. En otro mural se observa como elemento principal y central el escudo de la Facultad de Derecho, incluyendo en la sección inferior un hombre y una mujer como esencia de la sociedad y punto de partida de la familia, quienes sostienen en sus manos la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.