La investigación alimenta mi espíritu: Rubén Morante

  • El académico e investigador ha dedicado su vida a la enseñanza en varias facultades, fue director del Museo de Antropología de Xalapa y continúa sus trabajos sobre geografía y astronomía

David Sandoval Rodríguez

 

Rubén Bernardo Morante López

Xalapa, Ver., 16 de mayo de 2019.- Rubén Bernardo Morante López recibió el Premio al Decano 2019 de la Universidad Veracruzana (UV) el miércoles 15 de mayo en la ceremonia con motivo del Día del Maestro, y compartió para Universo sus impresiones sobre el reconocimiento y la máxima casa de estudios de Veracruz, presente en su vida desde su época como alumno de secundaria.

El miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y profesor con perfil del Programa para el Mejoramiento del Profesorado (Promep), recibió en 1998 la Medalla “Alfonso Caso” que otorga la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a los posgraduados con excelentes calificaciones, y en 2002 y 2013 ganó el Premio “Miguel Covarrubias” que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“La distinción que me otorga la UV es especialmente importante y muy significativa; he tenido la suerte de recibir otros reconocimientos por parte del INAH y la Secretaría de Cultura a nivel federal el año pasado”, dijo el investigador, quien imparte cátedra en la Licenciatura en Geografía de la Facultad de Economía y en la Facultad de Historia.

Además, ha dado clases en la Facultad de Contaduría y Administración en diversas experiencias educativas (EE) como Principios de Administración, Auditoría Administrativa, Mercadotecnia, entre otras.

El galardonado destacó la transparencia con la que se realizó el proceso de selección: “Es lo que más me llena de orgullo. No sé quiénes eran parte del jurado, pero les agradezco haberme seleccionado, también quiero agradecer a mi alma máter”.

Morante López tiene Licenciatura en Administración de Empresas, es Maestro en Historia y Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y Doctor en Antropología por la UNAM.

Relató que desde que cursó la secundaria ha sido estudiante de la Universidad, cuando el sistema de bachilleratos estatal estaba incorporado a la institución. “Aún conservo mi credencial de segundo año de secundaria”.

Sus inicios en la UV fueron un complemento a su trabajo, explicó, “ya había laborado en varias empresas privadas dentro del área administrativa, particularmente en el análisis de sistemas”.

Dos años después de que ingresó como profesor de la UV, laboraba en una empresa transportista dentro del departamento de cómputo y contaba con experiencia previa de otra empresa cementera localizada en Ixtaczoquitlán que le permitió capacitarse en Canadá.

Tal experiencia, dijo, “me permitió familiarizarme con los sistemas de cómputo y de corrimiento de proyecciones financieras, así como el análisis de costos; todo esto pude incorporarlo en mi experiencia docente cuando comencé a dar clases en la Facultad de Contaduría”.

En ese tiempo observó que no había un departamento de cómputo para la región Orizaba-Córdoba y decidió poner manos a la obra: “Vi que el futuro de todas las profesiones estaba en la computación y conseguí cuatro máquinas NSR, que las ensamblaban en Puebla y eran de las primeras microcomputadoras en México”.

La experiencia fue enriquecedora porque con equipos de esta empresa “abrí el primer centro de cómputo de la Universidad en la región, lo cual creo que ha generado beneficios para muchos de los estudiantes hasta el presente”. A raíz de este trabajo, con el apoyo de la Rectoría se les dotó de 30 equipos de cómputo que solicitó para la comunidad.

“De pronto apareció el Rector –acompañado por el Vicerrector, el Director y el Secretario– y me preguntó: ¿qué necesita, maestro? Necesito 30 computadoras y antes de un mes estaban ahí”, recordó.

Posteriormente se abrieron las licenciaturas en Sistemas Computacionales y en Administración. “Siento que en parte esta experiencia me ha llenado de muchísima satisfacción al interior de la Universidad”.

Al día de hoy, Morante López imparte el Taller de Museografía en la Facultad de Historia, siempre pendiente de que los alumnos puedan realizar sus propios proyectos de trabajo; inclusive algunos han llevado sus trabajos recepcionales sobre proyectos museográficos y los han propuesto a municipios y comunidades de Veracruz y Oaxaca, generando sus propias fuentes de empleo.

“Ésta es una cuestión muy importante porque los jóvenes crean sus fuentes de trabajo y están haciendo algo que les gusta, siendo de las mayores satisfacciones que he obtenido actualmente”, subrayó.

En el ámbito de la investigación ha realizado varios trabajos y cuenta con publicaciones en varios países de Sudamérica como Argentina, Chile y Brasil, además cuenta con publicaciones en España y Alemania.

También cuenta con publicaciones en la UNAM, Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), la Secretaría de Cultura de Quintana Roo y el INAH.

Una de sus investigaciones, el seguimiento del calendario prehispánico desde Teotihuacán hasta el imperio azteca, ha revelado “una cosa impresionante, una continuidad de mil 500 años de un sistema calendárico que solamente la tenían los romanos en occidente y los chinos en oriente, sólo las grandes civilizaciones del mundo tienen esta continuidad”.

La civilización mesoamericana es la única en el continente con este sistema, puntualizó.

Dicha investigación le ha permitido trabajar con destacados investigadores. “He tenido la suerte de trabajar con Eduardo Matos Moctezuma en Teotihuacán y con Silvia Garza en Xochicalco; a partir de estas experiencias pude ligar el calendario de Teotihuacán con los calendarios de Xochicalco y el azteca, pude comprobarlo con fechas clave relacionadas con eclipses solares que están registrados en un día determinado y se pueden seguir a lo largo de muchos años; son datos duros que confirman la hipótesis”.

En 2017 estuvo trabajando el tema en el observatorio de Xochicalco, que al parecer es el primer observatorio solar de la humanidad, “muy parecido a los observatorios solares que pude visitar en la isla de Tenerife en España, que son similares al de Xochicalco”.

Respecto a su labor en el aula recordó: “Les digo a mis alumnos que me voy a jubilar el día que ellos quieran, afortunadamente no me han dicho que me jubile, tengo mucha demanda en mis experiencias educativas, casi siempre se sobrepasa el cupo, lo que me llena de satisfacción. Creo que los principales jueces de mi trabajo docente son los alumnos, y los principales jueces de mi trabajo como investigador son los científicos, ya que si te publican algo es porque está revisado por pares y no sé quiénes son”.

Reconoció que su aseveración “puede parecer vanidad, pero son los hechos y sigo siendo una persona como cualquiera, nos tratamos de igual a igual, compartimos conocimientos, ni ellos saben más que yo ni yo más que ellos, lo que hacemos es compartir conocimiento en clase, la única diferencia es que tengo un poco más de experiencia que ellos, pero los alumnos tienen otras ventajas: su juventud, su entusiasmo, su creatividad”.

Morante López inició su labor docente en la Facultad de Comercio en marzo de 1981, luego se trasladó a la región Orizaba-Córdoba y comenzó a impartir clases en Nogales, en un edificio que donó el Sindicato de Trabajadores “Rafael Moreno” que después se renovó. Diez años después obtuvo el medio tiempo como académico y el otro medio tiempo lo dedicaba a colaborar en la revista México Desconocido.

Después de varios años en los que realizó sus estudios de posgrado, le llamaron para ser director del Museo de Antropología de Xalapa (MAX), “de hecho quien me habló fue la doctora Sara Ladrón de Guevara, que era secretaria Académica en ese momento; yo no me lo esperaba, fue una sorpresa”.

Sobre esta experiencia, comentó: “Tuve el honor de servir al MAX durante ocho años, fue una relación simbiótica, el museo me dio mucho y yo le di todo mi tiempo y todo mi amor, desde entonces he amado los museos y he hecho museos, entre ellos uno que es poco conocido en la Universidad: el Museo de la Geografía de Orizaba, que lo subí con el teleférico, parte por parte y lo armé en la cumbre del cerro”.

Con este museo ganó el Premio Nacional “Miguel Covarrubias” del INAH en 2013, el segundo que obtuvo sumándose al que ganó por la Sala “Higueras” del MAX en 2002.

El galardonado aseveró que sus investigaciones “son mi amor, de lo que vivo y de lo que vive mi espíritu, sigo investigando cuestiones de la historia de la geografía y de la historia de la astronomía, relacionadas ambas con Mesoamérica”.

En la actualidad trabaja en un libro sobre la geografía de Mesoamérica, un tema inédito que aborda los conocimientos geográficos de los pueblos prehispánicos, y otro libro que escribirá lleva como tema la “astronomía del inframundo”.