Miles, en la misa exequial del cardenal Sergio Obeso Rivera

Benjamín Domínguez Olmos

* “Que Jesús le otorgue corona de gloria que no se marchita”
* “Abnegado pastor, al servicio de Dios y la Iglesia”: Francisco
* Reyes Larios y Rivera Carrera concelebraron con 17 obispos
* Sus restos, en la Cripta de los Obispos de Catedral de Jalapa

 

Cientos de religiosos y feligreses, en los funerales del cardenal Sergio Obeso Rivera.

Miles de feligreses participaron en la misa exequial con que el Arzobispado de Jalapa dio el adios terrenal al cardenal Sergio Obeso Rivera para quien el Papa Francisco rogó “por el eterno descanso de su alma, que el Señor Jesús le otorgue la corona de gloria que no se marchita”, así como impartió la bendición apostólica a la grey veracruzana.

Minutos después del mediodía inició la misa funeraria encabezada por el Arzobispo Hipólito Reyes Larios, predecesor de monseñor Obeso Rivera, con la participación de otros 18 obispos celebrantes, encabezados por el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo emérito primado de México, la que también fue seguida a través de una pantalla por quienes estaban en la Plaza Lerdo.

El arzobispo primado emérito de México, a su arribo al altar de la catedral metropolitana.

Concelebraron con Reyes Larios, Gonzalo Alonso Calzada, obispo de Tehuacán; Mario de Gasperín, obispo emérito de Querétaro; Eduardo Cervantes Merino, de Orizaba; Ramón Calderón Batres, emérito de Linares; Lorenzo Cárdenas Aregullin, de Orizaba; Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, emérito de Veracruz; Salvador González. auxiliar de México; Roberto Domínguez, de Ecatepec; Roberto Carlos Briseño Arch, de Veracruz; Domingo Díaz, de Tulancingo; Marcelino Hernández, de Colima; José Rafael Palma Capetillo, auxiliar de Jalapa; Trinidad Zapata Ortiz, de Papantla; Rutilo Muñoz Zamora, de Coatzacoalcos; Fidenio López Plaza, de San Andrés Tuxtla; Egelberto Rodríguez, delegado del Cardenal de Guadalajara, Francisco Robles Ortega.

También lo hicieron alrededor de 300 presbíteros celebrantes del estado de Veracruz y de otras entidades del país, informó el director de la Oficina de Comunicación Social, presbítero José Manuel Suazo Reyes.

El padre Luis Acosta Méndez, incensó el féretro con los restos del cardenal veracruzano.

La sentida homilía del arzobispo Reyes Larios la dividió en tres apartados: La muerte de Jesús; los Sacramentos; y la Semblanza, la que por su importancia se inserta íntegra al final de la columna.

Finalizada las exequias, el padre Luis Acosta Méndez realizó un responso e incensó el féretro donde descansa monseñor Sergio Obeso Rivera ante el silencio de los fieles en la Catedral Metropolitana

Enseguida, Rafael Luna, encargado de dirigir la ceremonia, exhortó a los presentes a permanecer en su lugar en tanto se trasladaba el cuerpo del Cardenal del altar de la Catedral a la Cripta de los Obispos a donde se dirigió el cortejo fúnebre presidido por los integrantes de los servicios del altar, seguido de familiares y los obispos asistentes.
En la cripta, monseñor Reyes Larios bendijo la tumba, con las siguientes palabras:

El secretario de Gobierno Eric Cisneros y el presbítero Manuel Suazo, en la Catedral.

“Señor Jesucristo, que al descansar tres días en el sepulcro santificaste la tumba de los que creen en ti de tal forma que la sepultura no sólo sirviera para enterrar el cuerpo, sino también para acrecentar nuestra esperanza en la resurrección, dígnate bendecir esta tumba y concede a nuestro hermano, el cardenal Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Jalapa, descansar aquí de sus fatigas durmiendo en la paz de este sepulcro hasta el día en que tú, que eres la resurrección y la vida, lo resucites y lo ilumines con la luz de tu rostro glorioso”.

El Papa Francisco envió un mensaje donde expresa su profundo pésame por la muerte del cardenal Sergio Obeso Rivera, Arzobispo emérito de Jalapa y expresidente de la Conferencia del Episcipado Mexicano.

Miles de persona estuvieron a despedir al Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de Jalapa.

El lunes, 12 de agosto, a través de un telegrama dirigido a Monseñor Hipólito Reyes Larios, Arzobispo de Jalapa, el Papa Francisco lamentó la muerte del cardenal mexicano a quien describió como un abnegado pastor.

“Expreso a vuestra excelencia mi sentimiento de pesar, rogando que tenga la bondad de transmitirlo también a los familiares del difunto prelado y a cuantos forman parte de esa Arquidiócesis”, añade el Santo Padre.

“Recordando a este abnegado pastor que, durante años y con fidelidad, entregó su vida al servicio de Dios y de la Iglesia, ruego por el eterno descanso de su alma, que el Señor Jesús le otorgue la corona de gloria que no se marchita. A todos imparto la Bendición apostólica”, concluye el Papa, de acuerdo con la información difundida por “Vatican News”, que ofrece cobertura informativa de las principales actividades del Santo Padre y de los eventos vaticanos.

He aquí la homilia del Arzobispo Hipólito Reyes Larios, en la misa exequial:

La muerte de Jesús. La muerte de nuestro Señor Jesucristo, ha sido comprendida desde el principio por la fe de la Iglesia como una muerte voluntaria, aceptada como rescate de muchos hombres (Mat 20, 28). San Pablo la relacionó con el hecho de que habiendo Dios hecho a Cristo Pecado por nosotros (2Cor 5, 21), Jesús mismo aceptó la consecuencia última del Pecado, que es la Muerte, hasta morir en la cruz (Flp 2, 8). Como Jesús era Justo, murió por nosotros reconciliándonos con Dios y quitando todo poder al Pecado. Así la Muerte perdió todo señorío sobre él y, por su medio, sobre todos los seres humanos y toda la creación. La Muerte es vencida por la victoria de Cristo en su Resurrección, la cual fue prefigurada por las reanimaciones realizadas por Jesús en favor de Lázaro, del hijo de la viuda de Naím y de la hija de Jairo. Los Evangelios sinópticos presentan la percepción que Jesús tenía acerca de su muerte en los anuncios sobre su propia Pasión. EL Misterio Pascual de Jesús, que comprende su Pasión, Muerte, Resurrección y Glorificación, está en el centro de la fe cristiana, porque el designio salvador de Dios se ha cumplido de una vez por todas con la muerte redentora de su Hijo, Jesucristo. A fin de reconciliar consigo a todos los hombres, destinados a la muerte a causa del pecado, Dios tomó la amorosa iniciativa de enviar a su Hijo Único para que se entregara a la muerte por los pecadores. Anunciada ya en el Antiguo Testamento, particularmente como sacrificio del Siervo doliente, según el Profeta Isaías, la muerte de Jesús tuvo lugar: “Según las Escrituras”.

Los Sacramentos. La iniciación cristiana se realiza mediante los sacramentos que ponen los fundamentos de la vida cristiana: los fieles, renacidos como hijos de Dios por el agua y el Espíritu Santo en el Bautismo, se fortalecen en la Confirmación con los siete sagrados dones del mismo Espíritu, y son alimentados en la Santa Eucaristía con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. A partir del Bautismo, todos los cristianos participamos de la Muerte y Resurrección de Cristo. La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe sacramentalmente a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna. El sacramento del Orden es aquél mediante el cual, la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles, sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos. La Ordenación Episcopal da la plenitud del sacramento del Orden, hace al Obispo legítimo sucesor de los Apóstoles, lo constituye miembro del Colegio Episcopal, compartiendo con el Papa y los demás obispos la solicitud por todas las Iglesias, y le confiere los oficios de enseñar, santificar y gobernar. Todo lo anterior, lo recibió Don Sergio como don de Dios en su propia persona y, después, lo administró primero como Presbítero y posteriormente como Obispo en la Diócesis de Papantla y Arzobispo en esta Arquidiócesis de Xalapa.

Semblanza. El Cardenal Sergio Obeso Rivera nació en la ciudad de Xalapa, el 31 de octubre de 1931, aunque su familia residía en el Pueblo de Las Vigas, a 30 kilómetros de la ciudad capital del Estado de Veracruz. Su padre fue Don Emilio Obeso, nacido en Posada de Llanes, pueblo de la Región o Principado de Asturias, España. Fue un hombre muy honesto, trabajador, de fácil relación y con excelente sentido del humor. Su madre fue Doña Estela Rivera Ramírez oriunda de Las Vigas, Ver. Fue una mujer profundamente religiosa, inteligente y enérgica. Sus papás contrajeron matrimonio en 1920 y procrearon nueve hijos: cinco mujeres: Estela, Concepción, Flora, Dolores y Tatiana; y cuatro varones: Emilio, Jesús, Sergio y Jaime, siendo Sergio el sexto entre sus hermanos: “Mi madre me dio la vida dos veces: me prefirió a su propia vida, porque estando yo por nacer, tenía un grave problema. Por eso los médicos le pusieron el dilema: o usted aborta o usted se muere. Ella consultó a un médico creyente y a su confesor. Éste le aconsejó así: “Te mueres en la raya, pero no debes abortar. Ella aceptó y me dio a luz quedando paralítica durante algunos meses”. Un auténtico himno a la vida humana con hermosos frutos.

Don Sergio fue bautizado en la parroquia de Las Vigas, el 14 de diciembre de 1931. Su Confirmación y Primera Comunión fueron en esa misma Parroquia. Su ingreso al Seminario diocesano de Xalapa fue el 23 de enero de 1944 a la edad de doce años. El 10 de octubre de 1947, poco antes de cumplir 16 años, fue enviado a la Ciudad de Roma para continuar su formación sacerdotal. Tuvo su residencia en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano y realizó sus estudios de Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la cual obtuvo la Licenciatura en Teología y el Doctorado en Espiritualidad. Recibió la ordenación presbiteral el 31 de octubre del Año Mariano 1954, al cumplir 23 años de edad, con la imposición de las manos del Arzobispo de Puebla Don Octaviano Márquez.

Regresó a Xalapa en el invierno de 1955 ejerciendo su ministerio sacerdotal en el Seminario, durante 16 años, hasta el 30 de abril de 1971, al ser preconizado Obispo de la Diócesis de Papantla, a la edad de 39 años. Recibió la ordenación episcopal en la Catedral de Teziutlán, Pue., con la imposición de las manos del segundo Arzobispo de Xalapa, Emilio Abascal Salmerón. El 18 de enero de 1974, Don Sergio Obeso fue nombrado Arzobispo titular de Uppenna, con el cargo de Coadjutor, con derecho a sucesión, del Arzobispo de Xalapa. El 12 de marzo de 1979, falleció en Xalapa el Arzobispo Don Emilio Abascal y, de esta manera, Don Sergio Obeso se convirtió en el tercer Arzobispo de Xalapa, durante 28 años, hasta el 10 de abril de 2007, en que fue aceptada su renuncia por haber cumplido 75 años de edad. Durante el tiempo de su largo arzobispado, se erigieron los Obispados de Coatzacoalcos en 1982, y los de Córdoba y Orizaba en el año 2,000. También se tuvo la visita al Puerto de Veracruz del Papa Juan Pablo II en 1990 y la beatificación y canonización de San Rafael Guízar Valencia en 1995 y en 2006, respectivamente. Fue promotor principal de los Sínodos de la Arquidiócesis de Xalapa en los años de 1990 y 2002. Don Sergio fue Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana durante tres trienios y también Presidente de las Comisiones del Clero y de la Pastoral Social, en otros trienios respectivos. Fue también uno de los principales gestores de la reanudación de las relaciones entre el Estado y las Iglesias en 1992, así como uno de los coordinadores de la significativa Carta Pastoral titulada: “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, publicada en el año 2000.

En la solemnidad de Pentecostés, celebrada el domingo 20 de mayo de 2018, el Papa Francisco, al final del rezo del Regina Coeli, anunció la designación de nuevos Cardenales de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Por vez primera, la Provincia Eclesiástica de Xalapa ha sido distinguida con el nombramiento de un Cardenal, Sergio Obeso Rivera, a sus 86 años de edad. Recibió el Capelo y el anillo Cardenalicios el 28 de junio de 2018, de manos del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, en Roma. Participó, ya como Cardenal, en la Misa de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo el 29 de junio. El 30 de junio presidió la Misa de acción de gracias por su nombramiento cardenalicio en la Basílica de San Pablo Extramuros. Recibió el nombramiento de Párroco, de parte del Papa Francisco, y tomó posesión de la Parroquia de San León Primero (San León Magno) el 1 de julio de 2018.

Al retornar a nuestra Arquidiócesis, siguió ejerciendo el ministerio episcopal con la sabiduría, sencillez y amabilidad que siempre le caracterizaron. El domingo 11 de agosto, nuestro querido Arzobispo Emérito y Cardenal Don Sergio Obeso Rivera, llegó al final de esta vida terrena y, con toda seguridad, ha renacido en la vida eterna, ha recibido el premio de los fieles servidores de Dios y se le ha otorgado una mansión en los Cielos. Ahí esperará la definitiva resurrección para que le sea restituido un cuerpo glorioso como el de nuestro Señor Jesucristo. Por nuestra parte, encomendamos su alma a la infinita misericordia de Dios y le pedimos fervorosamente que interceda por su familia, por su Diócesis de Papantla, por su Arquidiócesis y Provincia Eclesiástica de Xalapa, por Iglesia e México y por la iglesia universal. Así sea”.

 

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En portada: Hipólito Reyes, Papa Francisco, Sergio Obeso, Norberto Rivera