Imprudencia puede acelerar un ajuste de cuentas

Arturo Reyes Isidoro

 

Sobrado, el excandidato del PAN a la gubernatura Miguel Ángel Yunes Márquez reapareció el martes pasado para dejar entrever su intención de postularse nuevamente en 2024, de acuerdo con una información del portal e-consulta.com Veracruz.

Lo hizo en un acto organizado en el puerto de Veracruz para apoyar la reelección y permanencia de José Mancha al frente de la dirigencia estatal del partido blanquiazul.

Lo que se consignó en la información denota un tono amenazante contra el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobernador Cuitláhuac García Jiménez, MORENA. Dijo que la fracción del PAN que él apoya, le va a “romper la madre”.

Imprudente y olvidándose que su padre ya no tiene la gubernatura, el poder político, asomó la cabeza a mi juicio antes de tiempo pues al autodestaparse como aspirante a repetir en la candidatura se expuso al embate del poder ahora en manos de sus enemigos políticos, quienes seguramente ya no le darán tregua, ni a él ni a su padre Miguel Ángel Yunes Linares ni a su hermano Fernando, alcalde del puerto de Veracruz.

Su pretensión nadie la ignora y cuando perdió la elección en julio de 2018, su padre, entonces gobernador del Estado, primero en un mensaje en el que reconoció el triunfo de Cuitláhuac y luego en una declaración periodística, dio a entender que harían un nuevo intento. Lo insinuó aunque no lo mencionó abiertamente.

Seguramente sabía que tenían que transitar con cuidado en su camino hacia la obtención de la candidatura, por el poder acumulado por López Obrador, quien se hizo no solo de la presidencia, sino también de la mayoría de las cámaras: de senadores y de diputados, además de la gubernatura del Estado y del Congreso local.

Todavía está muy fresca la disputa en que se enfrentaron AMLO y Miguel Ángel, en la que menudearon los descalificativos hasta el grado de la injuria, que inició el hijo hoy aspirante cuando en un acto en el parque Juárez de Xalapa tildó de “viejo guango” al tabasqueño.

Llegó a tanto el odio del expresidente en especial contra el hoy exgobernador, que una versión cuenta que en cuando ya era inminente la derrota del PRI y Enrique Peña Nieto empezó a negociar su salida, López Obrador le dijo que le pedía dos favores en especial, uno de ellos que lo ayudara a derrotar a los Yunes panistas (el otro era el de Puebla). Con el paso del tiempo, priistas y miembros del Partido Verde han confirmado que un día recibieron la instrucción de abandonar a los Pepes, Meade y Yunes, y sumarse a los candidatos de Morena.

El acoso y la intención de echar de la Fiscalía a Jorge Winckler Ortiz, herencia de Yunes Linares, es secuela de aquel pleito, que de partidista derivó en personal.

Hoy los Yunes azules no tienen más que la alcaldía de Veracruz en la persona de Fernando Yunes Márquez, a quien seguramente limitarán hasta donde más puedan lo mismo desde la presidencia que de la gubernatura y de los Congresos federal y estatal, máxime cuando ya el hermano dejó entrever su intención de destronar a los morenos en el Estado.

A mi juicio, el muchacho se adelantó públicamente en forma innecesaria. El del martes se trataba de un acto para apoyar una candidatura interna y su sola presencia resaltaba no solo su reaparición partidista luego de varios meses de ausencia sino que abría a la imaginación pública política su intención de iniciar su marcha en busca de repetir como candidato. Pero no era oportuno que lo dijera abiertamente.

Pero su reaparición y la forma en que la hizo fue equivocada. Llegó provocando la división en su partido al descalificar al grupo opositor a su protegido Mancha, que encabeza Joaquín Guzmán Avilés, con fuertes probabilidades de hacerse de la dirigencia, quien si gana le bajará las probabilidades de que repita como candidato.

Para que su aspiración fructifique necesita el apoyo de todos los panistas. De entrada ya aseguró el rechazo de muchos a los que acusa de haber negociado con el gobierno de Morena para recibir su apoyo. Si Morena no apoya o no apoyaba a la corriente guzmanista, seguramente ahora lo hará con tal de que no lleguen los Yunes y preferirá negociar (en política todo es negociación) con quienes no lo amenazan.

La actitud bravucona del hijo en lugar de despertar simpatías revive el temor de muchos de que si recuperaran el poder volvería la arbitrariedad y la prepotencia desde la gubernatura, el acoso, la amenaza además de la concentración del poder político en un clan familiar cerrado en el que solo tienen cabida los incondicionales o los que están dispuestos a someterse y a cumplir todo lo que les ordenen.

Algunos políticos que en la campaña pasada se les sumaron me han dicho que lo hicieron porque no les quedaba de otra ya que creían firmemente que ganarían, pero también porque los presionaron o de plano los amenazaron y tuvieron miedo a las represalias del papá.

Otros me han dado otras razones para no volverlo a hacer: “no volveré a sumarme a su grupo porque lo he pensado bien y con ellos no tendría ninguna posibilidad de crecer políticamente con base en mi trabajo y en mis méritos. La vez pasada comprobé que solo ellos deciden y que terminan tratando a uno como un empleado”.

Trabajadores del gobierno del Estado que han sobrevivido no olvidan el maltrato que sufrieron cuando llegaron. “Nos trataban como si nosotros hubiéramos sido Duarte”. Muchos policías estatales tampoco los quieren de vuelta, y lo dicen.

Las condiciones, pues, son muy diferentes a las de 2018, lo que parece olvidar Yunes Márquez cuando usa un tono amenazante olvidándose que su padre ya no es gobernador y que gobiernan quienes se convirtieron, porque ellos los convirtieron, en sus enemigos políticos y personales.

La imprudencia y altanería del joven alertó de inmediato al morenismo, que como reacción (quién más) comenzó a circular en las redes sociales un video arremetiendo contra los Yunes (para mi gusto con un lenguaje muy soez, que puede tener un efecto contraproducente), prueba de que ya tienen preparada una carga de caballería para empezar a combatirlos desde el poder.

La insolencia puede tener una respuesta mayor: que se reaviven las denuncias que hay en la Fiscalía General de la República (FGR) contra el padre, que se pida a la Auditoría Superior de la Federación que presione a la FGR para que acelere la investigación por las denuncias contra el gobierno panista 2016-2018, y que se exija al Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz que concluya cuanto antes las investigaciones abiertas y presente todas las denuncias pendientes por el presunto mal uso de recursos que hizo la administración anterior, para lo cual incluso se sostendría al frente del ORFIS a Lorenzo Antonio Portilla Vásquez para que concluya la tarea.

El poder político, cuando quiere y se decide, arrolla y aplasta. Una imprudencia puede haber puesto en marcha la maquinaria que hará ese trabajo, pues quién duda que el morenismo no se dejará intimidar cuando sabe que tiene todos los recursos que conlleva tener la presidencia. No será raro que proceda y se acelere un ajuste de cuentas.