La trata de personas

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El pasado 30 de julio de 2019, autoridades de la Conferencia del Episcopado Mexicano, publicaron un Comunicado sobre la TRATA DE PERSONAS. El título del documento revela la gravedad del asunto que abordan los señores obispos: LA TRATA: UNA LLAGA EN EL CUERPO DE LA HUMANIDAD y lo firman el Presidente de los obispos mexicanos y Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, el obispo de Ciudad Juárez y responsable de la movilidad humana, Mons. José Guadalupe Torres Campos y por Mons. Alfonso Miranda G. Guardiola, secretario de la CEM.

La Trata de Personas es un delito del que se habla poco pero que forma parte de los graves problemas de la humanidad actual; quienes saben de estas cosas, hablan de que “va en aumento”, “es tan cotidiano que se vuelve invisible”. Es un crimen de “lesa humanidad”, señalan los obispos; es llamada también una “esclavitud moderna”. La trata de personas destruye la dignidad humana y violenta los derechos humanos.

La trata de personas es “una actividad ilícita que anualmente mueve miles de millones de dólares en el mundo. Este fenómeno se ha convertido en una actividad criminal muy lucrativa que compite a nivel mundial con el tráfico de drogas y de armas”. “…un gramo de coca se vende sólo una vez, una mujer 45 veces al día”. La trata de personas tiene como objeto la explotación de personas en cualquiera de sus formas o la limitación de la libertad individual. Las víctimas pueden ser mujeres, hombres, niñas o niños.

Los reclutadores utilizan mecanismos de poder para convencer a sus víctimas. “Son personas sin escrúpulos que pueden vivir o estar muy cerca de sus víctimas; siempre van a aprovechar la situación de vulnerabilidad para enganchar a las personas”, dicen los prelados mexicanos. Estos victimarios utilizan el engaño y la manipulación con un rostro de amabilidad; suelen ofrecer regalos, dinero, viajes o muy buenas oportunidades de empleo. No se descarta que utilicen también métodos como el sometimiento con violencia o el rapto.

Con la ratificación del Protocolo de Palermo el Estado Mexicano se comprometió ante la comunidad internacional a combatir la trata de personas y a desarrollar respuestas conjuntas en materia de prevención, protección y procesamiento. Ciertamente faltan acciones efectivas, que requieren de la colaboración y la coordinación de la sociedad civil, las iglesias, el sector empresarial y los medios de comunicación.

Recuerdan los obispos que a principios del 2015, el Papa Francisco dedicó su mensaje anual para la Jornada Mundial de la Paz a la lucha contra la Trata de Personas: “Estamos frente a un fenómeno mundial que sobrepasa las competencias de una sola comunidad o nación”.

“No podemos mantenernos indiferentes ante esta “llaga” que supura y daña el cuerpo de la humanidad y de la Iglesia”, concluyen los obispos. No se puede aceptar la explotación, no podemos acostumbrarnos al sufrimiento. Se debe promover la cultura de la denuncia. Mientras la trata de personas permanezca oculta, los traficantes de personas continuarán actuando con impunidad.

Por último, los obispos, también se refieren a los victimarios: “contribuyamos a la conversión y rehabilitación de los responsables de la Trata de Personas y quienes se benefician de ello”.

Como decíamos al principio, la Trata de personas existe y acecha cotidianamente a sus víctimas; es necesario estar alerta y cuidarnos entre todos. La situación de vulnerabilidad en la que vivimos es una gran oportunidad para estos victimarios.