Freud y la segunda mente, a 80 años de su muerte (III)

“La interpretación de los sueños, volumen III”

 

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

Sigmund Freud

Cuando Freud escribió: “La interpretación de los sueños”, sabía que su teoría del psicoanálisis ya era muy reconocida en los círculos académicos e intelectuales europeos. Desde muy joven Freud estudió el funcionamiento de la mente humana y enseñó que el inconsciente determina más en nuestras vidas que el propio consciente, afirmando que esa segunda mente descubierta por él, se encuentra estructurada por el “yo, el ello y el superyó”. Lo anterior es fundamental, porque es el gran aporte freudiano, y el maestro lo reafirma en el tercer y último volumen de: “La interpretación de los sueños” cuando literalmente manifiesta el antes y el después de sus estudios e investigaciones.

Según Freud, en el antes nos encontramos con el siguiente estado: “Mientras que la psicología se limitaba a resolver este problema con la explicación de que lo psíquico era precisamente lo consciente, y que la expresión “procesos psíquicos inconscientes” constituía un contrasentido palpable, quedaba excluido todo aprovechamiento psicológico de las observaciones en el médico que podían efectuar en los estados anímicos anormales.”

Lo anterior representa la postura de la psicología antes de Freud, pero una vez realizado su detallado trabajo de investigación, el neurólogo vienés afirma que: “También una sola observación, comprensiva de la vida anímica de un neurótico, o un solo análisis onírico, tienen que imponerle la convicción indestructible de que los procesos intelectuales más complicados y correctos, a los que no es posible negar el nombre de procesos psíquicos, pueden desarrollarse sin intervención de la consciencia del individuo. En el inconsciente tenemos que ver la base general de la vida psíquica. Lo inconsciente es el círculo más amplio en el que se haya inscrito el de lo consciente. Todo lo consciente tiene un grado preliminar inconsciente, mientras que lo inconsciente puede permanecer en este grado y aspirar, sin embargo, al valor completo de una función psíquica.

Partiendo del inconsciente dominador, Freud estudia una parte de las reproducciones de la mente humana consistente en los sueños. En los tres volúmenes analiza gran cantidad de sueños, pero su resolución final estriba en señalar que los sueños en la mayoría de los casos representan deseos reprimidos, sobre este punto ya se expusieron algunos ejemplos en los artículos anteriores, ahora señalaré un interesante apartado donde Freud estudia la gran relación de los sueños y la poesía, los sueños y la literatura que influyeron para que el neurólogo se dedicará a estudiar minuciosamente el origen de los sueños.

La obra que más influyó en Freud es sin duda alguna la tragedia de Sófocles titulada: “Edipo Rey”. Sabemos que uno de los temas centrales de esta pieza teatral es la del destino vs voluntad propia, esto implica preguntarnos si realmente: ¿Somos dueños de nuestros destinos o sólo víctimas de un destino impuesto? Freud está consciente que Edipo fue víctima de su desgraciado destino, pero acaso nosotros al desconocer nuestro inconsciente y siendo éste tan determinante en nuestras vidas, ¿terminará arrastrándonos hacia lugares insospechados?

La diferencia entre el destino de Edipo con el de nosotros consiste en que Edipo nunca supo los designios de sus tragedias, y, por lo tanto, le era imposible intentar cambiarlos. Sin embargo, nosotros ya tenemos los elementos freudianos que nos pueden ayudar a conocer mejor nuestro inconsciente y tratar de controlarlo. Claro está que el destino final es inevitable, pero mientras ese destino final no llegue y tengamos consciencia, tendremos necesidades, vacios, angustias, frustraciones, represiones, y todo ello es debido al desconocimiento de nuestro inconsciente, por ello afirma Freud que: “Como Edipo, vivimos en la ignorancia de aquellos deseos inmortales que la naturaleza nos ha impuesto, y al descubrirlos quisiéramos apartar la vista de las escenas que vienen a nuestra mente.

Sobre esta clásica tragedia Freud comentó: “En el texto mismo de la tragedia de Sófocles hallamos una inequívoca indicación de que la leyenda de Edipo procede de un antiquísimo tema onírico, en cuyo contenido se refleja esta dolorosa perturbación, a que nos venimos refiriendo, a las relaciones filiales por los primeros impulsos de la sexualidad. Para consolar a Edipo, ignorante aún de la verdad, pero preocupado por el recuerdo de la predicción del Oráculo, le observa Yocasta que el sueño del incesto es soñado por muchos hombres y carece, a su juicio, de toda significación: “Son muchos los hombres que se han visto en sueños cohabitando con su madre. Este sueño es soñado aún, como entonces, por muchos hombres, que al despertar los relatan llenos de asombro e indignación.”

Por lo tanto, la primer premisa freudiana estriba en no horrorizarnos si tenemos esos desagradables sueños, psicoanalíticamente tienen una explicación, motivación y justificación, todo ello implica evitar neurosis y sufrimientos mentales incluyendo los espirituales. Otro magistral ejemplo analizado por Freud es la tragedia: “Hamlet” de Shakespeare, aquí de manera genial afirma que Hamlet en gran medida representa la vida anímica de su creador, y si bien estudia la relación del personaje con su padre muerto, la relación con su tío Claudio, con su madre Gertrudis. Freud explica que Shakespeare escribió esta estupenda obra: “A raíz de la muerte del padre del poeta (1601); esto es, en medio del dolor que tal perdida había de causar al hijo y, por tanto, de la reviviscencia de los sentimientos infantiles del mismo con respecto a su padre. Conocido es también que el hijo de Shakespeare, muerto en edad temprana, llevaba el nombre de Hamnet, idéntico al de Hamlet.

Todo lo narrado sólo es una pequeña parte del enorme universo que se puede leer en una de las obras cumbres y más revolucionarias de los últimos tiempos como lo es: “La interpretación de los sueños”. Los artículos aquí reunidos representan un gran esfuerzo personal por tratar de presentarles el mundo freudiano que es genial, maravilloso, erudito, exquisito y alborotador.

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