El sueño que creó la Modernidad (IV)

Tratado de las pasiones

 

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

René Descartes

¿Qué son las pasiones? ¿El cuerpo y el alma son una misma cosa? ¿Cuál es la función del alma? Todas estas interrogantes son claramente respondidas en el libro de René Descartes titulado: “Tratado de las pasiones”, obra con la que concluimos el presente mes dedicado a conmemorar los cuatrocientos años del sueño que transformó la vida de Descartes, al volcar su vida a la filosofía, y con ello consecuentemente modificó el pensamiento de occidente.

La filosofía anterior a Descartes y la propia teología consideraban que el cuerpo era una cárcel del alma en el caso platónico, o símbolo de pecado para los padres de la Iglesia. Para el filósofo francés el cuerpo y el alma son dos cosas distintas, mantiene el dualismo tradicional, con la gran diferencia que Descartes no entra en discusiones moralistas, ni se pone a discutir temas como el más allá, la salvación, etc. Descartes de manera secular y científica analiza las características fisiológicas del cuerpo y por difícil que parezca reflexiona sobre las funciones del alma, sobre este punto en el artículo XVII titulado: “Cuáles son las funciones del alma”, escribió:

Después de haber considerado de esta manera todas las funciones que pertenecen al cuerpo solo, es fácil darse cuenta de que no que nada en nosotros que debamos atribuir a nuestra alma sino nuestros pensamientos, que son principalmente de dos géneros, a saber: unos son acciones y otros son pasiones del alma. Las que llamo acciones suyas son todas voliciones, porque experimentamos que vienen directamente de nuestra alma y no parecen depender más que de ella. Como, por el contrario, se pueden llamar pasiones suyas todas las clases de percepciones o conocimientos que se dan en nosotros, porque frecuentemente no es nuestra alma quien las hace tales y como son, y porque siempre las recibe de las cosas representadas por ellos.

Una vez realizada esta distinción entre cuerpo-alma, Descartes se puso a estudiar e investigar como materia-mente siendo dos cosas diferentes, pueden vivir unidas e influyendo una en la otra, el descubrimiento que encontró el filósofo está en la glándula pineal que tenemos en el cerebro e independientemente a las posiciones actuales sobre el tema, en su momento este aporte fue un gran avance en el estudio fisiológico del hombre, Descartes explica su descubrimiento de la siguiente manera:

“La razón que me ha hecho persuadirme de que el alma no puede tener en todo el cuerpo ningún otro lugar que esta glándula en la que ejerce inmediatamente sus funciones, es la consideración de que las demás partes de nuestro cerebro son todas dobles, lo mismo que tenemos dos ojos, dos manos, dos orejas, y, en fin, lo mismo que todos los órganos de nuestros sentidos externos son dobles; y puesto que sólo tenemos un pensamiento único sobre una cosa al mismo tiempo, es preciso necesariamente que exista algún lugar en el que las dos imágenes que vienen de ambos ojos, u otras dos impresiones cualesquiera, que vienen de un solo objeto por los órganos dobles de los sentidos, puedan unirse en una antes de llegar al alma, para que no le representen dos objetos en vez de uno. Y se puede concebir fácilmente que estas imágenes u otras impresiones se junten en esta glándula por medio de los espíritus que llenan las cavidades del cerebro; pero no hay ningún lugar en el cuerpo en el que puedan estar así unidas, sino después de estarlo en esta glándula.”

Las teorías de Descartes tuvieron gran éxito porque además que estaban fundamentadas y tenían sólidos argumentos, se llevó años de estudios e investigaciones, sus planteamientos otorgaron una respuesta (aunque sea limitada) a un problema que sigue vigente en la discusión filosófica, y si bien las propuestas de Descartes no son infalibles, no se puede dudar que tienen lógica y más cuando volteamos y conocemos la otra postura radical que afirma que la realidad del universo es única, física, material, si a estos planteamientos le preguntásemos: ¿Cómo esa materia podría alcanzar a producir el pensamiento? ¿Qué nos contestarían?

Consciente estamos que ni ningún filosofo, incluyendo a Descartes, tienen la última palabra, pero el sólo hecho de plantear el eterno dilema de la dualidad cuerpo-alma de manera clara, detallada, metodológica, científica y certera, (por lo menos la explicación de la función y estructura del cuerpo), es un gran aporte, sin olvidar que este histórico debate sigue vigente y mientras exista la razón y la sana discusión seguirá vigente, porque es un tema trascendental en la vida del hombre.

No obstante, como la palabra trascendental nos conduce a un objetivo que puede llegar a rebasar el conocimiento experimental, Descartes se repliega un poco de lo trascendental y se pone a estudiar un conocimiento más terrenal, elemental, práctico, que nos puede llegar a servir para la vida diaria, útil, sencilla, y por tal motivo, en esta fascinante obra se pone a estudiar las pasiones positivas, las ordena y enumera de la siguiente manera:

La admiración, la estimación, la generosidad, la humildad, la veneración, el amor, el deseo, la esperanza, la seguridad, el valor, la audacia, la alegría.” Y por supuesto que aborda las pasiones primitivas como son: “El odio, el desprecio, el orgullo, el desdén, el temor, los celos, el remordimiento, la burla, la envidia.”

Finalmente, el “Tratado de las pasiones” resulta ser todo un estudio minucioso de las pasiones del alma, quedando clara la enseñanza que debemos razonadamente aprender a manejarlas, porque si no viviremos en permanente amargura y desdicha, y al contrario, si a través de la razón, la reflexión, podemos lograr tener un autocontrol, seguramente no gozaremos de una vida plenamente feliz, pero si ordenada y equilibrada.


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