Columnas

No es el ITAM, somos todos

Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

 

Seis mil suicidios ocurren al año en nuestro país. De acuerdo al INEGI las tasas más altas se presentan entre jóvenes de 20 a 29 años y principalmente en hombres. 8 de cada 10 personas que se suicidan son de género masculino. Los motivos que lo originan son diversos, pero estas cifras ya nos dan una profunda lectura del entorno. No es casualidad que la edad de mayor impacto sea justo cuando se está cursando una licenciatura o recién se egresó de ella, tampoco lo es que un país arraigo machista quienes menor manejo emocional tengan sean los hombres.

El 11 de diciembre uno de mis grupos de whatsapp se llenó de mensajes hablando sobre el suicidio de Fernanda Michua, estudiante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), de inmediato recordamos nuestra época universitaria, el estrés de cierre de semestre, la presión por mantener un promedio, después llegó el punto de conseguir trabajo y ahora de enfrentar los retos de la vida laboral. Mientras hablábamos del tema pensé en los momentos más duros que hemos enfrentado, algunos tuvieron situaciones más difíciles que otros, sin embargo cada uno presentó distintas perspectivas, al final no sólo es lo que vives, sino cómo lo vives.

En mi época universitaria, una de las primeras pláticas de inducción mencionaba el apoyo psicológico que estaba disponible de forma gratuita para aquellos que lo necesitaran, en su momento pensé que esto era irrelevante, pero conforme el tiempo pasaba y llegaban los cambios comprendí que en más de una ocasión dicho apoyo es una necesidad, sin embargo pocas veces se tiene acceso al mismo.

Desgraciadamente no hemos entendido que la mente y las emociones requieren de la misma atención que brindamos al resto de nuestro cuerpo, el problema es que en México la salud rara vez es preventiva, queremos atender los padecimientos cuando duelen o se han cobrado vidas, tal cual fue el caso del ITAM.

Después de la nota, las redes sociales tuvieron un revuelo polar entre las siguientes etiquetas: #ITAMDateCuenta o #CulpoAlItam y los #MartiresDeStarbucks o la #GeneracionDeCristal. Los puntos se resumen en los siguientes aspectos, por un lado hay quienes ponen en la mesa la necesidad de la atención a salud mental, circuló en redes un video de un estudiante que menciona que no les alcanza para pagar una terapia, sobre todo si para pagar la colegiatura de la institución deben trabajar, en la otra parte están aquellos que hacen críticas a este video, mencionando cuán frágiles son las nuevas generaciones, también están los que realizan un comparativo socioeconómico y critican los gastos excesivos que se hacen en otros productos o señalan el alto nivel de exigencia de otras instituciones públicas en los que gran parte de la población estudiantil también trabaja.

Todos los puntos son válidos, porque la humanidad es diversa, en efecto existe una fragilidad mayor a la de otras generaciones, pero también hay más empatía y consciencia del entorno. Lo que no ha cambiado es la estigmatización de la salud mental. El que temas tan delicados como el suicidio desaten burlas, memes y todo tipo de comentarios que desvían la discusión de lo verdaderamente importante, solo habla de la ignorancia y desconocimiento que aún tenemos. El ITAM tuvo que verse envuelto en una ola de críticas para poner a disposición de los estudiantes un servicio gratuito, sin embargo esta atención no debería llegar hasta ese momento.

La atención psicológica debería ser una opción ante todo tipo de cambios y deberíamos poder hablar de ella tal como hablamos de otro tipo de apoyos y asistencia profesional. Los suicidios no se generan solo por presión escolar, los genera el entorno, si retomamos las estadísticas del principio podremos vislumbrar con certeza que hay otras instituciones que han perdido a un gran número de estudiantes. El entorno social se ha modificado al punto de incrementar trastornos como depresión y ansiedad. La gente duerme menos, se estresa con facilidad o quizás está expuesta a más factores de riesgo.

Generaciones mayores señalan a las menores como frágiles, pero olvidan su responsabilidad en el futuro legado a estas. Les critican por no saber manejar ciertos problemas pero se olvidan de que estas generaciones primero lo tuvieron todo, quizás sin esfuerzo, para al crecer darse cuenta de que es probable que muchos de sus hijos no tengan nada, quizás ni siquiera un planeta. Les robaron el futuro como en su momento señaló Greta Thunberg.

Hemos llegado a un punto en el que en vez de criticar el desarrollo o falta del mismo que tengan las generaciones, tenemos que tener más sensibilidad ante las problemáticas que descomponen nuestro tejido social y proponer acciones concretas. El suicidio es consecuencia de otros problemas que no hemos atendido, enfoquémonos en averiguar cada una de sus causas y sin duda descubriremos que todos somos parte del problema.

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