Columnas

In memoriam de Albert Camus a 60 años de su muerte (III)

“El hombre rebelde”

 

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

Albert Camus

Ser un hombre absurdo es sinónimo de ser un hombre rebelde, empero, aquí surge la pregunta: ¿Qué es un hombre rebelde? ¿Cuáles son las características que lo distingue del hombre común? Para Camus un hombre rebelde es el que aprende a decir no, y también es un hombre que con seguridad dice sí, pero toda decisión, actitud, la ejerce y vive en absoluta libertad, ahora bien, si la vida es un absurdo donde el día a día es un vertiginoso recorrido hacia la nada, ¿Por qué rebelarse si no hay nada que preservar? ¿Cuál es el sentido de la rebeldía, si en poco tiempo seremos polvo enamorado? Todos estos cuestionamientos están brillantemente expuestos en el libro de ensayos de Albert Camus titulado: “El hombre rebelde.”

Lo único real, lo que puedo ver, tocar, sentir, pensar, percibir, comprobar, es mi existencia, y aunque en algún momento dejaré de existir, mientras ese momento llega lo real es que soy un ser que vive y sobre todo quiere vivir, luego entonces, conforme a los conceptos camunianos sólo se vive una existencia plena, real, si se hace en rebeldía, es decir, si vamos contra todos los prototipos que nos limitan y menoscaban nuestra libertad, ya sean imposiciones terrenales o divinas, un hombre absurdo termina siendo un hombre realista, porque no espera nada después de esta vida y por ello sabe que a lo que puede aspirar es a vivir intensamente esta vida que representa lo único real que tenemos.

Ser rebelde no implica ir contracorriente sólo por moda, resentimientos, incomprensiones, frustraciones, ser un hombre rebelde es alcanzar un alto grado de racionalidad, tener un criterio propio, esto incluye estar consciente que aprenderemos a vivir con nuestra rebeldía dentro de un mundo mayormente sumiso, un mundo que tiene sus valores preestablecidos a nuestro nacimiento y conocimiento de él, ser rebelde no es ir contra los derechos innatos al hombre, y mucho menos ir contra valores universales, al contrario, el hombre rebelde es un hombre informado, que conoce sus derechos y los defiende, porque ha comprendido que la actitud de rebeldía es lo que le puede garantizar tener una existencia plena, Albert Camus explica en estos ensayos la diferencia entre el hombre rebelde y el hombre resentido, frustrado:

El resentimiento resulta muy bien definido por Sheler como una autointoxicación, la secreción nefasta, estancada, de una impotencia prolongada. La rebeldía, en cambio, fractura al ser y lo ayuda a desbordarse. Libera chorros que, estancados, se vuelven furiosos.  Sheler tiene razón cuando dice que la envidia colorea intensamente el resentimiento. Pero se envidia lo que no se tiene, mientras que el hombre en rebeldía defiende lo que es. No reclama sólo un bien que no posee o del que lo han frustrado. Apunta a hacer reconocer algo que tiene, y que ya ha sido reconocido por él, en casi todos los casos, como más importante que lo que podría envidiar.”

Lo antes comentado enseña porque la posición de un hombre rebelde no sólo será un NO. Cuando el razonamiento propio, libre, autónomo, le indique que su respuesta es un SÍ, lo hará de manera determinante y contundente, porque su actitud no es contra valores, derechos o principios (reconocidos universalmente por la razón), el hombre rebelde siempre estará contra los autoritarismos, los fanatismos, los dogmatismos, ya sean políticos, religiosos, racistas, etc. Literalmente expresa Camus:

El hombre en rebeldía, en el sentido etimológico, se vuelve. Caminaba bajo el azote del amo. Ahora planta cara. Opone lo que es preferible a lo que no lo es. Todo valor lo conduce a la rebeldía, pero todo movimiento de rebeldía invoca tácitamente un valor. ¿Se trata al menos de un valor? Por confusamente que sea, nace una toma de conciencia del movimiento de rebeldía: la percepción súbitamente patente, de que hay en el hombre algo con lo que puede identificarse, aunque sea solo por un tiempo.”

Todo lo argumentado nos ilustra que el hombre rebelde apuesta por la vida en libertad, y cuando los autoritarismos y fanatismos de cualquier índole pretendan reducirla, el hombre debe luchar por esa libertad menoscabada, sólo así vale la pena vivir esta absurda vida, y si en la lucha por la libertad se muere, no pasa nada, de por si la muerte estaba garantizada, por eso el sentido de la vida se encuentra en la rebeldía, en la libertad, en la lucha, y esto no evita lo absurdo de nuestra existencia, pero peor si vivimos lo único real que poseemos en la nada.

Si la tesis de Camus convence, lo que sigue es conocer como un hombre deja de ser común y se convierte en un hombre rebelde. Lo común es lo ordinario, lo conmensurable (que se puede medir), el que vive según Kant en la minoría de edad, el hombre que deja de vivir su única vida, por esperar otra ilusoria, fantasiosa. El rebelde es inconmensurable (que no se puede medir), sabe que lo único real que posee es su existencia, y esta existencia efímera, absurda, sólo tiene sentido si vivimos libres de ataduras, si ejercemos nuestros derechos innatos, el hombre rebelde utiliza la razón, la consciencia, y este estado de gracia terrenal lo lleva más lejos de lo que antes era un simple rechazo, el rebelde actúa, exige, es crítico, revolucionario, piensa en él, sin olvidarse del otro:

Se advertirá en primer lugar que el movimiento de rebeldía no es, en su esencia, un movimiento egoísta. Puede tener sin duda determinaciones egoístas. Pero el hombre se rebelará tanto contra la mentira como contra la opresión. Exige, sin duda, el respeto a sí mismo, pero en la medida en que se identifica con una comunidad natural.”

Para finalizar, Albert Camus ha cambiado el: “Pienso, luego existo” cartesiano, por “Me rebelo, luego existimos.” Considero que la formula es integrar, porque no puedo rebelarme sin pensar. Mi propuesta es: Pienso, me rebelo, existo y sé que en algún momento dejaré de existir. Por ahora es un placer leer, pensar y escribir.


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