Columnas

La UNAM y la violencia contra las mujeres

Raúl Contreras Bustamante

 

En México, la violencia contra las mujeres alcanza cifras preocupantes e indignantes. Tan sólo de enero a octubre del año pasado, 3 mil 142 mujeres fueron víctimas de homicidio, que equivale a 10 mujeres asesinadas al día.

De acuerdo con datos del Inegi, la violencia contra las mujeres se gesta principalmente en los hogares. Según cifras de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, del año 2011 al 2016, los casos de mujeres víctimas de violencia familiar —en mujeres mayores de 15 años— tuvieron un incremento del 33%, al pasar de 920 mil 851 casos a un millón 225 mil 57 casos.

El mismo estudio señala que la prevalencia de víctimas de la violencia familiar se presenta en un 41% en mujeres casadas, 27% en solteras y 23% en divorciadas, separadas o viudas. El tipo de violencia puede ser patrimonial, sicoemocional, física, económica, sexual y reproductiva, pudiendo ser la mujer víctima de más de uno.

De igual manera, se descubre que los principales perpetradores de la violencia contra las mujeres son: 80%, las parejas o exparejas; 13%, los hermanos, y luego siguen las madres, hijos, padres y demás parientes, destacando la encuesta que en muchos casos la víctima puede ser agredida por más de una persona.

En la Ciudad de México, la violencia no es menor. Contando sólo los casos denunciados, del año 2016 al 2019, el promedio mensual de carpetas iniciadas por violencia familiar fue de mil 643 casos.

Otras encuestas del Inegi —sobre ocupación y empleo o de victimización y percepción sobre seguridad pública— confirman que la violencia de género se gesta principalmente en los hogares, también se encuentra presente en los ámbitos laborales, escolares y en el espacio público.

La magnitud del problema es innegable y éste ha permeado todas las esferas de convivencia social. Las universidades —y de manera puntual la UNAM— no han podido ser ajenas a esta problemática social debido a que son espejo y síntesis de la sociedad de la forman parte.

En nuestra máxima casa de estudios, diversos grupos han radicalizado sus demandas y protestas, llegando al extremo de tomar algunas instalaciones e impedir el desarrollo de las actividades docentes.

Reconociendo la legitimidad de la demanda de una universidad libre de violencia contra las mujeres, es importante dejar asentado que el cierre de las instalaciones de la Universidad Nacional es contrario a su espíritu de la misma, pues sólo en una universidad abierta se puede permitir la generación del conocimiento, de las ideas y de la construcción de propuestas de solución a los problemas que afligen a nuestro país.

La universidad de la nación deberá proponerse construir espacios seguros para el diálogo, encontrar soluciones y tomar acciones que permitan enfrentar este flagelo social dentro de sus instalaciones para que las labores de docencia, investigación y difusión de la cultura puedan desempeñarse dentro de un clima de pleno respeto a las mujeres.

Pero también es importante entender que la Universidad Nacional necesita ser una instancia donde se genere un profundo análisis y un estudio académico multidisciplinario de este problema social tan lacerante para que puedan generarse propuestas para la implementación de políticas públicas que den origen a un cambio cultural acelerado y se logre que la mujer tenga el lugar preponderante dentro de la sociedad que merece.

Pero para lograr ambas metas, necesita estar abierta y trabajando.

Como Corolario, la frase del humanista Mahatma Gandhi: “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”.

08 de febrero de 2020