Columnas

Ignacio López Tarso entre cine y literatura (IV)

“Macario”

 

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

Ignacio López Tarso junto a Enrique Lucero en una escena de la película Macario.

De todos los personajes que ha protagonizado Ignacio López Tarso en su larguísima trayectoria, sin duda alguna el personaje de Macario lo inmortalizó como una de las figuras más importantes y emblemáticas del cine mexicano, e incluso la película: “Macario” es la primera película mexicana en ser nominada al Premio Oscar como mejor película extranjera. El guion de la película fue escrito por el dramaturgo veracruzano Emilio Carballido y la dirección estuvo a cargo del galardonado cineasta Roberto Gavaldón.

Macario es un hermoso y clásico cuento del enigmático escritor de origen alemán B. Traven. Se sabe que B. Traven es un seudónimo con el que el Otto Feige escribió varias de sus novelas y cuentos mundialmente reconocidos. Un ejemplo es la novela: “El tesoro de la sierra madre” la cual fue llevada al cine en 1948 teniendo como protagonista central a Humphrey Bogart y la cinta resultó ser la ganadora de tres premios Óscares.

Las historias narradas por B. Traven son fantásticas, geniales, claras, sencillas en su comprensión, pero profundas en sus análisis e interpretación, esto lo podremos comprobar y apreciar en este interesante cuento titulado Macario. El cuento posee una amplia y atrapante temática de interés universal, la insoslayable muerte es uno de ellos, pero existen otros temas de enorme relevancia que provocan al interior del lector una revisión de nuestros valores tradicionales, en el presente artículo analizaremos algunos de ellos.

Macario es un hombre humilde, hambriento, trabajador, junto a su esposa tiene once hijos, el gran y único sueño de Macario es poder algún día comerse un pavo completo, este sueño es debido a que en la casa de Macario sólo comen frijoles con sal, chile y tortilla, y ni siquiera esta rutinaria y humilde comida la puede disfrutar a plenitud, porque siempre tiene que repartir su mayor parte a sus hijos que día a día sufren hambre.

La esposa de Macario llamada en el cuento “La mujer de los ojos tristes”, por un periodo de tres años lavando ropa ajena, haciendo todo tipo de trabajos y con gran esfuerzo ahorró dinero para cumplir el sueño de su trabajador esposo. El día que Macario estaba cumpliendo años su esposa en la noche se puso a guisarle su anhelado pavo, cuando Macario despertó la esposa le entregó el pavo y le dijo que se fuera al bosque para que sus hijos no se dieran cuenta del rico banquete que iba a disfrutar.

Macario se fue al bosque sin darle las gracias a su esposa, era un hombre trabajador y honrado, pero las palabras “por favor” y “gracias” no salían de su boca. Y aquí brota uno de los temas que se pueden analizar, Macario representa ser un hombre bueno, pero orgulloso, cerrado, trabajador, pero en muchos momentos insensible, cuando en esta parte de la historia Macario expresa: “Debo decir que es una gran cocinera, sólo que nunca tiene oportunidad de demostrarlo.” Inmediatamente la voz narrativa realiza la siguiente reflexión: “Fue aquélla la más profunda expresión que su gratitud pudo encontrar. Su esposa habría reventado de orgullo y habría sido feliz más allá de todo límite si él hubiera dicho aquello en su presencia alguna vez en su vida. Pero eso no lo habría hecho él jamás, porque en presencia de ella las palabras se resistían a salir de sus labios.” (Dejo abierta esta parte para la reflexión).

Cuando Macario se encuentra contento con su Pavo en el bosque y se sienta en un lugar solitario para disfrutarlo, de pronto sintió la presencia de alguien y resultó ser la figura de un Charro, este Charro por su vestimenta es un hombre rico, le pidió a Macario lo invitara de su deliciosa comida, Macario se negó, el Charro le ofreció riquezas, Macario se mantuvo firme, y al final el Charro desistió y partió con hambre maldiciendo a Macario y a la humanidad.

Cuando Macario se disponía a comer apareció otro personaje, este hombre por sus sandalias antiguas y su tipo de vestimenta fue identificado por Macario luego, luego. Macario lo trató con mucho respeto y admiración, pero decidió no invitar de su pavo al peregrino: “Sé perfectamente que jamás debiera hablarle en esa forma a Usted, porque es tanto como blasfemar; sin embargo, no puedo evitarlo, tendría que hablarle a sí aunque me costara la entrada al cielo, porque la voz y los ojos de Usted me obligan a decir la vedad. Toda mi vida he rogado por un pavo, y compartirlo ahora, después de haber orado toda la vida para obtenerlo, seria destruir la felicidad de mi buena y fiel esposa, que se ha sacrificado hasta lo increíble para hacerme este gran regalo. –Yo te comprendo, Macario, Hermano. Te comprendo y te bendigo.”

Hasta lo aquí narrado, el lector seguramente ya percibió que los dos personajes que visitaron a Macario fue “el diablo y Nuestro Señor”. El tercer visitante es un personaje muy flaco, no tiene labios y esto hace que se le vean todos los dientes, me refiero a la muerte, Macario no se espanta al verlo, pero sin tanto dialogar decide darle la mitad de su pavo, en lo que comían la muerte le preguntó a Macario porque no le dio de comer a sus antecesores, en cuanto al Señor, Macario respondió:

Su padre posee todo el mundo y es dueño de todas las aves, porque él lo hace todo, y puede dar a su hijo cuantos pavos desee. Además, Nuestro Señor, capaz de alimentar con dos peces y cinco piezas de pan a cinco mil personas hambrientas en una tarde, satisfaciendo su hambre y quedándole además una docena de sacos llenos de migas y sobras, bien puede con una delicada hojita de pasto alimentarse si realmente tiene hambre. Por ello habría considerado un gran pecado darle una pierna de mi pavo. Además, el que puede con una sola palabra cambiar el agua en vino, puede asimismo hacer que esa hormiguita, que corre por allí llevando a cuestas una miga, se convierta en pavo asado con todo el relleno y los aderezos necesarios. ¿Quién soy yo, pobre leñador con once hijos que alimentar, para humillar a Nuestro Señor, haciéndole aceptar de mis manos de pecador una pierna de mi pavo asado?”

Cuando la muerte le preguntó por qué lo había invitado a él, Macario contestó: “–Bien, compadre. En cuanto le vi comprendí que no me quedaba tiempo de comer ni una sola pierna y que tendría que abandonar el pavo entero. Cuando usted se aparece ya no da tiempo de nada. Así, pues, pensé: “Mientras él come, comeré yo” y por eso partí el pavo en dos.”

Y a partir de este encuentro empieza lo interesante de la historia, porque Macario ayudado por la muerte, de ser un pobre leñador se convertirá en un curador de enfermedades muy reconocido en toda la Nueva España y hasta en Europa, pasado los años, o, tal vez, no se movió el tiempo en la historia, la mujer de Macario expresa lo siguiente:

Qué raro! –dijo su mujer sollozando –. ¿Por qué partiría el pavo en dos? ¡Tanta ilusión que tenía por comérselo todo él sólo! Seguramente la muerte le sorprendió antes de que pudiera comerse la otra mitad. A pesar de todo, parece que murió feliz.”


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