Columnas

Es de sabios cambiar de opinión

Javier Herrera Borunda

 

México, al igual que prácticamente todos los países del mundo, se encuentra inmerso en una crisis sanitaria pandémica que requiere soluciones de plazo inmediato, y que ha sido provocada por un micro organismo emergente de acción letal que denominamos coronavirus para el que médicos y especialistas no conocen medicamento alguno de contra ataque. Responder a su acción ha obligado a todos los cuerpos de administración pública del mundo, especialmente a los relacionados con el sector salud, a movilizarse de manera conjunta para paliar los estragos a que ha dado origen.

Pero la crisis sanitaria no viene sola, la acompaña una de las peores crisis económicas a las que la humanidad se haya enfrentado en las últimas décadas y que requiere de acciones inmediatas de los Estados y gobiernos en los terrenos hacendario, financiero, monetario, cambiario, fiscal, laboral y otros, tanto a nivel local como global.

El virus ha golpeado de manera muy cruel a países asiáticos y europeos, ahora se engrandece en el Continente Americano donde ha empezado por la nación más poderosa del mundo: Estados Unidos de América, y ya empieza a hacer daños en todos los países de América Latina. Más allá de las pérdidas humanas que causa, que es lo más lamentable de su presencia y de su actuar, las medidas de distanciamiento social y encierro a que obligan las acciones preventivas dictadas por las autoridades del sector salud para contenerlo, están teniendo un elevadísimo costo económico al verse paralizadas las actividades en prácticamente todos los sectores productivos del mundo, especialmente en los relacionados con los que generan más empleos como son los de servicios, comercial, de la construcción y turismo.

Por otro lado, las cadenas globales de suministro en el sector manufacturero se han roto, por lo que una gran cantidad de compañías locales han dejado de recibir estos insumos vitales para sus procesos productivos; se ha presentado una caída global en los precios y en la demanda de materias primas y commodities como cereales y cobre, pero el caso más representativo es el del precio internacional del barril de 159 litros de petróleo de mezcla mexicana que ha llegado a mostrar su valor más bajo en 18 años, cotizándose en días pasados en 10.00 dólares, por lo que un litro de petróleo tuvo el valor de 62 centavos de dólar, lo que cuesta en el mercado un litro y medio de agua embotellada. Estas son verdaderas asimetrías de la economía global.

Muchas empresas han tenido que cesar sus actividades de un día para otro y permanecer cerradas, al menos durante el periodo de cuarentena, con la obligación de mantener su planta laboral y solventar los salarios de sus trabajadores. Algunas lo han podido hacer, otras se han visto en la necesidad de despedir a sus trabajadores ante la incertidumbre de no saber si podrán seguir adelante con sus negocios, y menos aún si recibirán algún estímulo económico por parte del gobierno.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) considera que en los países de América Latina, como consecuencia de esta pandemia, el desempleo alcanzará diez puntos de la población económicamente activa, lo que disparará el número de personas en situación de pobreza que pasará de 185 millones a 220 millones, y la pobreza extrema se incrementará de 67.4 millones a 90. Los hogares ven limitados drásticamente sus ingresos, y el consumo y la inversión desaparecen prácticamente de la economía, dando origen a un periodo de recesión.

Y es precisamente en los momentos de recesión económica cuando el gobierno de una nación debe intervenir, de acuerdo a la teoría económica del bienestar de la escuela keynesiana. Dado que el capital privado no tiene buenas expectativas de utilidad para su inversión, el gobierno debe recurrir al déficit público con objeto de restablecer el equilibrio económico mediante políticas anticíclicas como la reducción, aplazamiento o posibilidad de pagos a plazos de los impuestos, el apoyo económico a las empresas para que mantengan la planta laboral, la expansión del crédito, el aumento del gasto público y una fuerte inversión en infraestructura.

Medidas de esta naturaleza han sido aplicadas en los países europeos y en Estados Unidos donde la pandemia ha obligado al confinamiento de la población. Recursos multimillonarios se han puesto a disposición de las empresas. En Italia, por ejemplo, el presidente emitió un decreto por el cual no se podría despedir a ningún trabajador durante dos meses, se aplazó el pago de todos los impuestos hasta el 30 de mayo, incluidas las cotizaciones a la seguridad social, se suspendieron los pagos de hipotecas hasta el 30 de septiembre y las empresas tendrían acceso a créditos sin limitaciones burocráticas. El paquete económico italiano ascendió a 250 mil millones de euros.

Francia, por su parte, destinará 300 mil millones de euros para préstamos bancarios a empresas. Creó un programa económico emergente de 45 mil millones de euros para apoyo a sus trabajadores que incluye un fondo de solidaridad por mil millones dirigido a micro emprendedores, y pequeñas y medianas empresas. Por su parte, el gobierno alemán a través de lo que denominó la Gran Coalición Dominante puso a disposición de la nación y de sus empresas un paquete económico de 500 mil millones de euros para ofrecer préstamos ilimitados a sus empresas a través del banco público KfW, en los que se incluyen al menos 20 mil millones para el sector salud.

En el caso de México no hemos entrado aún en la tercera fase de la pandemia, pero se nos augura que más pronto que tarde estaremos ahí. Gran cantidad de empresas ya cerraron sus puertas para evitar la propagación del contagio, sin embargo, el Presidente de la República no considera pertinente hacer uso del crédito internacional para solventar esta situación, como nos lo hizo saber en el mensaje que pronunció el pasado 5 de abril. Ayer le escuché decir en su conferencia de prensa mañanera que “es de sabios cambiar de opinión”. No estamos descubriendo el hilo negro, él conoce bien las teorías económicas; nuestro país no cuenta con los recursos que necesita para solventar esta emergencia mayúscula, aun cuando encuentre recursos en fideicomisos y en otros guardaditos.

Es el momento de actuar con todas las medidas económicas posibles, incluidas las anticíclicas. México no puede seguir en el estancamiento económico y ahora con el riesgo de perder miles de empresas. Es de sabios cambiar de opinión, señor Presidente.

 

javi.borunda@me.com

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