Columnas

Los privilegios para poder salvar la vida

Arturo Reyes Isidoro

 

Solo don José Alfredo Jiménez se atrevió a decir que no vale nada la vida, que la vida noo vale naaadaaaa.

Lo cierto es que la vida no tiene precio. Ya bien lo dejó dicho el filósofo de Nopaltepec, Fidel Herrera Beltrán, que todo lo que se puede comprar con dinero es barato.

Don Eric Patrocinio Cisneros Burgos, secretario de Gobierno, acaba de confirmar estos dos últimos asertos.

Infectado por covid-19 no reparó en gastos para buscar salvar su vida y lo logró, felizmente para los suyos.

No tengo duda que cualquier otro en las mismas circunstancias y con las mismas posibilidades económicas, reforzadas por el respaldo del Gobierno, hubiera hecho lo mismo.

Desde el jueves pasado por la tarde comenzó a correr el rumor de que tenía el padecimiento y el viernes él mismo lo confirmó.

“Resulté positivo a COVID-19. Permanezco trabajando a distancia, coordinando desde mi aislamiento las labores de mi encargo y siguiendo las indicaciones de las y los extraordinarios médicos veracruzanos”, publicó en sus cuentas de las redes sociales.

Como no había mejor cosa o nada más que informar –alguna obra, algún resultado oficial, alguna gestión para beneficio colectivo– el señor fue la noticia del fin de semana.

Producto del ocio o del encerramiento que padece la población, el sábado por la tarde se rompió la monotonía con el rumor de que había fallecido o de que estaba en las últimas.

El zopiloteo político no se hizo esperar. Los buitres empezaron a volar alrededor del Hospital Español (Beneficencia Española) del puerto de Veracruz y muchos se dispusieron a aplicar el proverbio chino “Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”.

Pronto circularon por las redes nombres del posible sustituto de la presunta víctima. Curiosamente, en los que leí en ningún momento se mencionó a Ricardo Ahued. Esta vez no se ocuparon tampoco de Enrique Ampudia, seguramente porque saben que está muy bien con Marcelo Ebrard, así que el puerquito fue Rafael Hernández Villalpando.

Que se haya sabido, el actual diputado federal por Xalapa nunca abrió la boca pero no faltaron sus bienquerientes, aspirantes a un hueso, que ya lo veían despachando en el palacio de gobierno y se soltaron en las redes dándolo como nuevo titular del cargo.

Pero el domingo, don Eric Patrocinio, o sus colaboradores, acabaron con los rumores publicando en su cuenta otro mensaje, esta vez con una foto donde se le ve mondo y lirondo y riéndose como un buen gozador.

“MUCHAS GRACIAS por todos sus mensajes: a mi familia, amiX; colegas (?), al gobernador @CuitlahuacG.J por sus buenos deseos. Estamos bien. Sigo atento indicaciones médicas y a distancia en comunicación con mis colaboradores para atender las responsabilidades de la @SEGOBVeracruz”, tuiteó.

¿Había necesidad de la foto? Me pareció falta de respeto y de solidaridad con los miles de veracruzanos que no tienen sus privilegios, con quienes lloran la pérdida de sus seres queridos que fallecieron porque no tuvieron dinero para pagar un buen servicio médico y hospitalario.

Sonriendo, encamado en uno de los hospitales más caros del Estado, al que nunca tendrán acceso millones de veracruzanos, resulta hasta ofensivo para el personal médico de los hospitales públicos que trabajan con carencias de todo tipo, que arriesgan su vida y que han perdido a muchos compañeros.

Primero los pobres, proclaman desde el gobierno, para los que acondicionan el Velódromo de Xalapa y el Centro de Raqueta de Boca del Río, pero él aplica primero yo y en el mejor hospital del puerto, rodeado de todos los cuidados y privilegios.

Don Patrocinio es el más vivo ejemplo de la enorme desigualdad económica que se dice combatir desde el gobierno pero que prevalece en la población mexicana: los que carecen de todo y sobreviven y los que tienen todo, sobre todo cuando están en el poder.

Toda proporción guardada, recuerdo que Fidel Herrera Beltrán gobernador, cuando se le presentaba la necesidad de ser atendido por algún hecho imprevisto, de inmediato acudía al Hospital Regional de Veracruz.

Lo hizo varias veces y hasta aprovechó para saludar y platicar con el personal médico y de enfermería y siempre reconoció y exaltó la calidad profesional de los trabajadores de los hospitales públicos.

Qué bien que don Eric está a salvo. Qué bien que sonríe desde una cama, que cuesta mucho dinero ocuparla. Qué mal que muchos veracruzanos han muerto porque no hubo por parte del Gobierno del Estado capacidad para atenderlos a tiempo y sus deudos los lloran.

En todo caso, ¿por qué no se internó en un hospital público y se puso bajo el cuidado de los médicos cubanos que por venir están cobrando una millonada, que nunca pagarán a nuestros médicos? ¿Por qué no fue a un hospital del IMSS o del ISSSTE?

¿Al menos en aras de la transparencia que proclaman desde el gobierno, se nos informará cuánto serán los honorarios por la atención al señor Cisneros y se demostrará que todo será pagado de su bolsillo?

Libro de Huerta ya hablaba de la corrupción de Peña

Sigue pendiente saber qué ha declarado, si es que ya lo hizo, o que dirá, Emilio Lozoya sobre presuntos actos de corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto, al que sirvió .

A ver si la presunta revelación que ha ofrecido no resulta el parto de los montes. Se ve difícil que se conozcan nombres en lo inmediato pues a nadie se le puede imputar nada mientras no se tengan pruebas sólidas.

Legisladores han advertido ya que si se da prioridad al escándalo mediático para beneficiar electoralmente a Morena y se sueltan nombres, los implicados pueden alegar que se violó su presunción de inocencia, se vicia el proceso y quedan impunes.

Qué cosas. Desempolvé el libro Regalos obscenos: lo que no pudo esconder el Pacto contra México, que hace cinco años se publicó coordinado por el entonces diputado federal y hoy delegado federal Manuel Huerta, que aborda la relación del entonces presidente Enrique Peña Nieto con el dueño del Grupo Higa, Juan Armando Hinojosa Cantú, y que se extendió al entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, señalados desde entonces por actos de corrupción pero que la mayoría priista en el Congreso en aquel tiempo impidió que se investigara.

Peña y Videgaray están hoy en el centro de la especulación de que Lozoya los señale como los autores intelectuales de los actos por los que está detenido.

Ya habrá tiempo de comentar con amplitud el contenido del libro y el papel que jugó Huerta, quien ahora con todo derecho puede reclamar el crédito de haber intentado desde entonces investigar a quien era el presidente y a una red de colaboradores presuntos cómplices suyos.

Categorías:Columnas, Prosa

Tagged as: