Columnas

Educación: ¿Pandemia o pandemónium? (Primera parte)

Rodolfo Chena Rivas

 

Pues, bien dicho, tendríamos que decir que la pandemia de este tiempo ha producido, en la educación formal, un pandemónium. En el sentido de pandemia, ha afectado el orden educacional (el curso normal de los sistemas educativos nacionales) en prácticamente todos los países del mundo; y, como pandemónium, la enfermedad ha introducido ruido (en su acepción de interferencia) y confusión (desconcierto o inseguridad) por cuanto a los métodos de enseñanza de carácter escolarizado. Por supuesto, los fenómenos propios de la educación no formal e informal también se encuentran afectados, pero refirámonos primero, por su alto grado de institucionalidad, al de la formalidad educativa, como suceso que se desarrolla, casi en forma absoluta, en los espacios escolares. Primero que nada, las autoridades educativas de todas las naciones están decidiendo, con extraordinaria celeridad –entiéndase necesidad- el uso sustantivo de medios tecnológicos de transmisión de conocimientos, sobre todo mediante la televisión de señal abierta, en los niveles que conocemos como de educación básica (primaria y secundaria) y media superior; amén de la internet y los paquetes informáticos para la realización de video conferencias en el nivel de la educación superior. Los pros y contras por el uso de la tecnología y los dispositivos de los mass media –medios de difusión colectiva o masiva- ya son tema de discusión de tirios y troyanos, aunque voy a preferir calificar este debate emergente con el título de uno de los más afamados libros de Umberto Eco: Apocalípticos e Integrados, queriendo significar la divergencia entre quienes verían una caída irrecuperable en el campo educativo y cultural, frente a los que verían de forma optimista una magnífica manera para su generalización.

Otrora utilizada como recurso tecnológico complementario o marginal, ahora la televisión se torna estratégica y predominante para sostener el ritmo de la educación formal y evitar un indeseado retraso educativo, al menos en tanto dure la pandemia. Y se espera que la vacuna de laboratorio próxima y la inmunización natural, abatan el poder de contagio y la letalidad de la enfermedad, para entonces volver a la “normalidad”, es decir, al estado en que se encontraban las cosas antes de la propagación del Covid-19. Si es así, una pregunta es obligada: ¿qué efectos dejará la experiencia educativa que se pondrá en práctica? De inicio, habría de decirse que no estamos ante acciones inéditas o revolucionarias, porque la televisión se ha venido utilizando con fines educativos formales desde al menos hace 40 o 50 años. Lo materialmente novedoso es que se le impone el reto de la cobertura, o sea, literalmente, millones de estudiantes; empero, esto no la hace una revolución educativa –o no todavía- a no ser que traiga la transformación de dos aspectos cruciales: (1) la racionalidad del proceso de enseñanza-aprendizaje; y, (2) la praxis de la relación nuclear entre maestro y alumno. Si así fuera, estaríamos ante un cambio de paradigma en el campo de la educación masiva, porque obligaría a la necesidad de construir una nueva concepción y praxis de la Comunicación Educativa. Paulo Freire nos dejó una expresión extraordinaria que hoy nos viene muy a modo: “la educación es comunicación, es diálogo, en la medida en que no es transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores”. Seguiremos…