Columnas

Los juristas en la era digital

Raúl Contreras Bustamante

 

La historia de la humanidad se encuentra ligada de manera indefectible a la labor de algunos hombres y mujeres que han consagrado sus esfuerzos en la defensa de los intereses de otros. La necesidad entre los seres humanos de alcanzar justicia y equidad, así como poder preservar el orden dentro de la sociedad, hizo indispensable la aparición del derecho.

La necesidad de la existencia y vigencia de la profesión jurídica ha hecho que ésta tenga que adaptarse a los cambios que los tiempos y la realidad social traen consigo, sin embargo, el fin siempre ha sido el mismo: la búsqueda de la justicia.

La compleja realidad impuesta por la irrupción violenta en el mundo de la pandemia de covid-19, no ha hecho sino acelerar el cambio digital en muchos de los campos de la profesión de los abogados. Ante la necesidad de cerrar los tribunales en todo el mundo, diversas instituciones de justicia, están teniendo que implementar servicios digitales que permitan llevar a cabo diferentes actuaciones, que antes requerían realizarse de manera presencial.

Desde la presentación de demandas de manera remota, firmas electrónicas, suscripción de convenios, consulta a distancia de los listados de acuerdos, celebración de audiencias, así como la resolución de conflictos de manera anticipada, donde las partes se encuentren en lugares distintos, pero comunicados por diferentes tecnologías.

Algunos autores como Yuval Noah Harari y Andrés Oppenheimer habían anticipado que las nuevas tecnologías podrían sustituir muchas de las labores habituales de los abogados. Ahora, la pandemia demuestra que, ante la situación social siempre cambiante, resulta difícil pensar que las computadoras puedan sustituir a las personas en la interpretación, ejercicio y aplicación de las leyes.

Sin embargo, los impactos de la transformación digital influyen en las vida de las sociedades y, por ende, modificarán la manera en la que tradicionalmente hemos entendido y ejercido el derecho.

Lo cierto es que con el nuevo papel desempeñado por los abogados en la era digital sobreviene un reto aún mayor. Me refiero al tipo de educación que los estudiantes de la carrera de Derecho necesitan para sortear con éxito los retos que esta era nos ha traído.

Por ello, las escuelas y facultades de Derecho deben fomentar en sus alumnos el uso de las tecnologías de la información, habituándolos a un entorno digital que ha llegado para quedarse.

De igual forma, se debe fortalecer en los futuros juristas la idea de que los conflictos entre la sociedad debieran ser resueltos de forma prioritaria a través de medios alternos, como lo son la mediación y la conciliación, campo fértil para el uso de estas nuevas tecnologías, evitando así el congestionamiento judicial.

La pandemia ha demostrado que no basta el reconocimiento del derecho a la educación como un derecho humano habilitante, porque la actualidad demostrada por esta enfermedad universal nos enseñó que es insuficiente si éste no se encuentra acompañado del derecho humano del acceso a internet y a la tecnología, como elementos que ayudarán a cerrar las inaceptables brechas de la desigualdad social.

Las instituciones educativas encargadas de formar juristas tienen que forjar egresados con gran sentido humanista, pero también con las habilidades tecnológicas que agreguen valor a su perfil profesional, para dotarlos de mejores herramientas que les faciliten su éxito profesional y su vocación de servicio en favor de la sociedad entera.

Como Corolario, la frase del mismo historiador y escritor israelí, Yuval Noah Harari: “Hay que aprender a vivir en un mundo donde la incertidumbre no es un error, sino una característica”.

(Tomado de Excélsior 29 08 20)