Columnas

Indolencia oficial ante inundaciones

Arturo Reyes Isidoro

 

La de noviembre de 2007 fue una jornada histórica en la que los habitantes del sur de Veracruz, en especial de Coatzacoalcos, dieron una muestra de generosidad, que les es propia, al acoger a más de 12 mil damnificados del estado de Tabasco que habían sido afectados por la más grave inundación en su territorio en más de 50 años.

El presidente de la república era el panista Felipe Calderón Hinojosa, el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, y el alcalde de Coatzacoalcos, Iván Hillman Chapoy, los dos últimos priistas.

El drama –cíclico– de los tabasqueños había iniciado el 23 de octubre cuando se empezó a desbordar el río Grijalva. Lo que llegaría a ser el más grave desastre natural de los vecinos al sur del territorio estatal rebasó la capacidad de respuesta de las autoridades tabasqueñas y entonces se hizo presente la solidaridad de Veracruz.

Históricamente ha habido un vínculo amistoso, de buena vecindad, entre los habitantes de Tabasco y del sur del Estado: de Coatzacoalcos, Las Choapas, Agua Dulce, Nanchital e Ixhuatlán del Sureste, preferentemente, municipios a los que muchos tabasqueños emigraron para trabajar en la industria petrolera y en los complejos petroquímicos de la zona y ahí se quedaron a vivir.

Fidel Herrera Beltrán, que sí conocía bien Veracruz, sus regiones, su gente, su historia, su cultura, que sabía del pozole tabasqueño, del pejelagarto asado o en tamales, de los pochitoques, de la música tropical tan del gusto también de los veracruzanos, del béisbol que hermanaba a los pueblos, tuvo la sensibilidad para saber muy bien que el deber y la solidaridad lo llamaban y no dudó ni un instante en acudir en socorro de los hermanos, de los vecinos que vivían horas de angustia.

La medida inmediata que tomó fue enviar cuatro helicópteros y seis aviones para que rescataran a quienes estaban aislados en medio del agua (como había ocurrido en el norte de Veracruz en 1999) y enviar equipo especializado a Villahermosa para bombear agua y tratar de bajar los niveles.

Luego canalizó hacia Tabasco 230 toneladas de ayuda humanitaria y envió los autobuses y vehículos necesarios para evacuar a los miles de damnificados que vivían en situación desesperada y los trajo a Coatzacoalcos donde habilitó siete albergues para acogerlos, que el 5 de noviembre de aquel 2007 ya estaban saturados, por lo que muchos que seguían llegando fueron canalizados a refugios en Minatitlán, Agua Dulce, Cosoleacaque y Nanchital.

Recuerdo muy bien que Fidel movilizó todas las cocinas móviles del DIF Estatal y de la Secretaría de Seguridad Pública para ofrecerles a todos, sin excepción, desayunos, comidas y cenas calientes, además de que se les brindó atención médica, porque muchos estaban afectados por la ansiedad, la depresión y el estrés a causa de haber perdido todas sus pertenencias.

Pero como si eso no hubiera sido suficiente, a través de la Secretaría de Salud estatal se trajo a 200 enfermos de hospitales que estaban entre el agua y se les internó en hospitales públicos, del IMSS y del ISSSTE. Cinco partos se dieron en territorio estatal.

Generoso, excesivamente generoso –tiene que reconocérsele–, Herrera Beltrán, quien permaneció en la zona muchos días coordinando las tareas de apoyo, dispuso también que todas las escuelas locales recibieran a niños y jóvenes tabasqueños afectados para que no perdieran su ciclo escolar, y a través de la Secretaría de Educación de Veracruz se buscó coordinación con la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco para que jóvenes pudieran seguir sus estudios en la Universidad Veracruzana.

Gobierno estatal operó rescate en Tabasco

Con todo eso, el apoyo más fuerte del Gobierno de Veracruz era el que se desplegaba en territorio tabasqueño, pues por acuerdo –y necesidad– del gobernador del vecino Estado la tareas de evacuación, alimentación, vestido y salud en Huimanguillo y en Cárdenas quedaron bajo la responsabilidad del gobierno veracruzano, además de que en Villahermosa fueron instaladas 40 cocinas móviles del DIF Estatal Veracruz en las que se elaboraban alimentos calientes y se purificaba agua para quienes estaban en los albergues de la capital de aquella entidad.

También operaron en Tabasco todas las lanchas disponibles de la Secretaría de Seguridad Pública en el rescate de damnificados, de tal forma que era una gran flota aérea, terrestre y naval la que prestaba auxilio.

Todavía más, Fidel gestionó ante el presidente Calderón, quien también estuvo dispuesto a dar todo el apoyo posible, que primero en Coatzacoalcos, luego en el Estado y después en todo el país no se cobrara el peaje en las casetas de Caminos y Puentes Federales de Ingreso a los vehículos que portaran placas de Tabasco ni a las unidades que llevaran apoyo.

Algo significativo es que viendo la magnitud del desastre y el decidido apoyo del Gobierno de Veracruz, toda la población civil del sur, aunque también de casi todo el Estado, se volcó aportando todo lo que pudo, sin reserva alguna, porque así es el pueblo veracruzano, generoso en exceso.

Ni porque es el Estado del presidente

Quise hacer todo el recuento anterior por las horas de angustia que, de nuevo, están viviendo los vecinos de Tabasco a causa de las inundaciones. Y da pena –y tristeza– ver la indiferencia de las autoridades del Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de Coatzacoalcos, ambos de Morena, quienes no han estado a la altura de las circunstancias y su aportación ha sido mínima, para el caso de Tabasco casi nula.

Extraña porque el Estado afectado es el del mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador, del mismo partido y protector de las autoridades veracruzanas, quien comparado con Fidel Herrera Beltrán en aquel 2007 no ha sabido reaccionar a tiempo ni disponer lo necesario para auxiliar a sus paisanos.

El pueblo de Veracruz no solo es hospitalario sino también generoso, pero no hay líder que lo convoque y lo mueva a dar su apoyo para llevar alimentos, agua, ropa, lo indispensable para hacer menos pesada la tragedia que vive el pueblo tabasqueño, cuyo clamor por la falta de apoyo lo escuchamos a diario en los noticieros de televisión.

Es reprobable la indolencia de este gobierno que ni siquiera se ha hecho presente a través de sus principales funcionarios para llevar palabras de aliento y esperanza a los propios damnificados veracruzanos del sur también afectados por inundaciones. Su acción se ha limitado a unas cuantas brigadas sanitarias y al reparto de despensas para unos cuantos días.

Para el secretario de Gobierno, quien debiera estar coordinando labores de apoyo y auxilio en el sur, no hay nada más importante que sacar su machetito y salir a cortar arbustos en Xalapa, como lo hizo el sábado pasado, o andar en las terminales del ADO encabezando un pequeño espectáculo artístico-musical. Eso es lo prioritario para el segundo funcionario en importancia de Veracruz.

Que sí le tienen confianza los bancos

El gobernador Cuitláhuac García Jiménez salió ayer a declarar (aclarar) que los bancos sí le tienen confianza a su gobierno y que tienen abierta una línea de crédito de 15 mil millones de pesos, de los cuales es posible que el próximo mes o a inicios de 2021 dispongan de un nuevo préstamo cercano a los 2 mil millones. Esperemos noticias.

Confirmaron a Lagunes Toral

El presidente del Comité Ejecutivo Nacional de Redes Sociales Progresistas, José Fernando González Sánchez, confirmó la designación de Antonio Lagunes Toral como presidente de la Comisión Ejecutiva Estatal. También lo nombró como integrante de la Comisión Política Nacional.

Categorías:Columnas, Prosa

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