Columnas

Las otras cifras

Por: Zaira Rosas

zairosas.22@gmail.com

 

Es 24 de diciembre, cuando me llega un mensaje pidiéndome replicar una ficha de desaparición. Su nombre es Samara Aurora Arroyo Lemarroy. De inmediato la comparto como he hecho con muchas otras fichas en el año. Sin embargo, en esta ocasión la foto es un rostro conocido. Es de una compañera de la Universidad, una joven que recuerdo como alguien puntual, organizada y muy reservada. Poco convivimos, pero tengo la certeza de su dedicación a su carrera y el compromiso con los proyectos.

De inmediato escribo a mis amigas que estudiaban con ella, tampoco saben nada, sólo que su familia la busca desde el 23 de diciembre. Poco puedo hablar de la personalidad de Samara, pero sí puedo hablar con certeza de la angustia de su familia, de la necesidad de encontrarla para que no se sume a otras cifras. Mientras el mundo y el país centran la atención en el número de muertes o contagios derivados de la pandemia, hay otros números que siguen escalando y hemos ignorado.

Entre 2006 y 2020, han desaparecido en nuestro país 79,506 personas. Una cuarta parte de esas personas son mujeres. Cuando una persona desaparece, las primeras horas son clave para localizarles, sin embargo, en México, la mayoría de personas tiene que enfrentarse a un problema de estigmatización de las autoridades: “de seguro se fue con el novio”, es de lo primero que escuchamos antes de que decidan iniciar formalmente una investigación.

Desgraciadamente muchas de las desapariciones están ligadas a la trata de personas, al incremento de violencia en el país, el crimen organizado y algunos homicidios. En este último las mujeres no son excepción, de acuerdo al Sistema Nacional de Seguridad Pública, hasta noviembre del 2020 se habían registrado 888 feminicidios en el país. Estas cifras son las que también debemos tener presentes, pues con la necesidad de encierro también se hicieron latentes incrementos de violencia doméstica.

En 2018 más de 72 mil mujeres fueron víctimas de crímenes como violencia, secuestro, feminicidio, trata de personas, etc. Estos datos han aumentado, sin embargo, no se trata sólo de números, se trata de personas, de vidas reales que están siendo afectadas.

Cada una de las mujeres desaparecidas, son personas con sueños y metas, igual que muchos de nosotros, son seres con familiares esperándoles o con alguien que añora puedan volver a casa. Muchas no lo logran y en ocasiones es debido a la indiferencia social o a retrasos burocráticos. Por ello en este momento, a más de 10 días de la desaparición de Samara es tan importante cualquier información que alguien pueda brindar.

En cada una de las desapariciones, las autoridades actúan según su consideración, mientras tanto, como sociedad hay acciones simples que suman: compartir una imagen no le quita tiempo a nadie y puede facilitar la identificación de las personas, sobre todo en los primeros instantes, para evitar su traslado a otras fronteras. Reportar cualquier anomalía, denunciar cuando nos toque escuchar o ver algo, puede ser la salvación de más de una víctima.

Hay acciones que pueden llenarnos de miedo, pero hay que cambiarlo por empatía y así podremos ayudarnos.

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