Columnas

La conversión interior es saludable para todos

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

 

Con el Miércoles de Ceniza iniciamos en la Iglesia Católica la Cuaresma, un tiempo de preparación para la Pascua. A través de la escucha de la Palabra de Dios, la Oración, la participación en los sacramentos y la práctica de las obras de misericordia se busca la conversión personal como respuesta a la invitación que Jesús hace al comienzo de su predicación: “CONVIERTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO” (Mc 1, 12-15).

Las dos palabras claves de la cuaresma son entonces Conversión y Fe. Convertirse significa cambiar de mentalidad, cambiar el modo de ver y juzgar las cosas y por consiguiente modificar la conducta en el modo de proceder. Creer en el Evangelio significa poner la confianza en Jesús y en la buena nueva que él trae al mundo. Creer en el Evangelio es ante todo, creer en la persona del Hijo de Dios y encontrarse con ella; confiarse a él y estar dispuesto a seguirlo.

Conversión y fe van de la mano porque la conversión está movida por el descubrimiento y reconocimiento de un bien, en este caso se trata de la persona de Jesús y lo que ella nos ofrece.

La conversión se relaciona con la justicia y la verdad, en este sentido todo el que escucha a Dios y cree en su Palabra no puede convivir ni estar asociado con la maldad, ni planear, ni ejecutar signos de violencia contra los demás ni contra la naturaleza.

Durante este periodo de la cuaresma, el llamado principal que escucharemos es el de la conversión y la renovación interior. Este llamado no se reduce sólo al campo religioso. La conversión toca el corazón, la mente, los pensamientos, los sentimientos y los afectos, todas las acciones de la persona. Todo se encamina al bien cuando hay conversión.

Todos necesitamos convertirnos; no podemos ni debemos acostumbrarnos a un estado de vida mediocre; no es bueno quien no quiere ser mejor. En este sentido la comunidad y quien desempeña la autoridad también necesitan conversión; la función política necesita convertirse en un instrumento que ayude a servir a la sociedad para hacer de esta profesión una ocasión para trabajar por el bien común, la justicia y la construcción de la paz.

Quienes se dedican a la política saben que esta función se ha deteriorado y se ha desacreditado enormemente. Estamos observando muchos vicios que se esperaban ya se hubieran desterrado; se sigue haciendo a un lado a los ciudadanos y se observan imposiciones y caciquismos; por otra parte, no menos grave, en el caso de algunos servidores públicos, con una actitud cínica y sin ningún rubor usan los bienes públicos para manipular, chantajear, aprovecharse de las necesidades de la población vulnerable y pretender perpetuarse en el poder.

Ojalá los candidatos a diputaciones federales y locales así como quienes aspiran a ser alcaldes comprendan que la gente ya no soporta promesas irreales o mágicas y ya no quiere ni merece mentiras.

Por todo esto el llamado y la insistencia a la conversión durante este periodo cuaresmal van más allá de las fronteras de la comunidad cristiana. Renovar el interior es saludable para todos y nos hace bien a todos. Urge la conversión interior para comprometernos con el bien y la bondad.

Que este periodo cuaresmal nos lleve a todos a convertirnos en mejores ciudadanos y a tener una mejor sociedad.

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