Columnas

100 años del escudo de la UNAM

Raúl Contreras Bustamante

Muchos de los grandes avances que la humanidad ha alcanzado se han fraguado al interior de las universidades. A lo largo de todo el mundo existen casas de estudios que reúnen a las más destacadas inteligencias de países y regiones.

En la búsqueda del conocimiento, el respeto y la tolerancia como catalizadores, los universitarios suelen agruparse en comunidades que comparten símbolos y lemas que les otorgan identidad y sentido de pertenencia. Ellos sintetizan los valores y rasgos que modelan su formación no sólo como profesionistas, sino también como personas.

Hace tan sólo unos días, el escudo y lema de la UNAM cumplieron sus primeros cien años de vida.

Un siglo ha pasado desde que el entonces Consejo de Educación aprobó que el escudo de la máxima casa de estudios fuera un mapa de América Latina dentro de un escudo con la leyenda: “Por mi raza hablará el espíritu”.

En las seis palabras del lema universitario se encuentra latente la idea de un despertar, de superar una larga noche de opresión: de la ignorancia y el abuso.

El escudo y lema fueron implementados durante el rectorado de José Vasconcelos —a poco tiempo de haberse consagrado la inclusión de los derechos sociales en la Constitución de 1917— y ambos símbolos unieron a todos los latinoamericanos bajo una misma identidad, siempre flaqueados por el águila mexicana y el cóndor andino que lucen como imponentes guardianes, posados sobre nuestros volcanes y nopales emblemáticos.

Aquel 27 de abril de 1921 se trató de un punto de arranque, una nueva era para la universidad. Se dejó atrás una institución que había funcionado en el pasado para beneficio exclusivo de las élites y que abrió su matrícula a las clases medias y sectores populares.

En la actualidad, la universidad de la nación cuenta con una oferta educativa de 130 carreras, 31 sedes académicas, casi 361 mil estudiantes y más de 41 mil académicos; y se encuentra reconocida y posicionada entre las cien mejores universidades de todo el mundo y la mejor de América Latina. El 25% de toda la investigación nacional es desarrollada dentro de la UNAM. Hoy, sin lugar a dudas, la universidad nacional es fiel garante del derecho humano a la educación en México.

Celebrar nuestros símbolos universitarios debe servirnos no sólo para recordar y sentirnos orgullosos de nuestra historia, sino para tomar conciencia de que es la universidad —como ningún otro espacio— el gran catalizador social del país, que ha significado para millones de personas, a lo largo del tiempo, la posibilidad de una vida y un destino mejor.

Sólo conociendo el legado histórico de nuestros símbolos nos hará apreciarlos y trabajar sin descanso en su defensa. En ellos se sintetiza y cobra sentido el cumplimiento de la noble misión que la universidad tiene encomendada: formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la nación y extender con amplitud a toda la sociedad los beneficios de la cultura.

Hoy el honor de ser universitario es tan grande como la responsabilidad que le acompaña. No hay justificación que valga para impedir que sus aulas estén abiertas siempre, para que se sigan forjando los jóvenes, futuros conductores del destino nacional.

A cien años del nacimiento del escudo y lema universitarios —símbolos de libertad, autonomía, orgullo y arraigo— México debe recordar que el futuro de un país no descansa en los hombres, sino en las instituciones, y una de ellas —hay que decirlo— es la UNAM.

Como Corolario la frase del rector José Vasconcelos: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.

(Excélsior 01 05 21)