Columnas

Tito Monterroso

-el recuerdo recurrente, necesario-



Manuel Zepeda Ramos

Cuando despertó la ciudadanía responsable para la fortuna nacional, ciudadanía que nos emociona y prolonga la esperanza por México, los fierros en la lumbre todavía estaban allí.

Más allá del berrinche infantil “tapaboquero”; más allá de la ortolalia inexistente a la que ya nos acostumbramos; más allá de los zapatos y los pantalones sucios y el traje mal cortado con diseño de carpintero informal con arruga eterna porque durmió vestido y media manga inexistente -ciertamente lamentable e impresentable: supera a la elegancia de Evo por dos cabezas-; más allá de confesión no pedida de volver a la batalla en los Monólogos de la Mañana como si alguna vez se hubiera ido, violando la ley electoral ante la indignación de muchos; más allá de la judicialización en puerta que se pronostica larga entre otros muchos “más allá” que provocan el alarido del respetable, la visita de la vicepresidenta vecina es un primer principio de entendimiento que espero se valore.

El asunto migratorio, las fronteras, las vacunas donadas para poder abrir la frontera norte al tráfico de los habitantes fronterizos con permiso de circular y que mueven un millón de dólares cada hora, que poca gente sabe y algunos otros temas que se me escapen del encuentro de ayer, sin duda son asuntos importantes y trascendentes de los que habremos de analizar en este espacio en el futuro cercano.

Pero no podemos soslayar el ofrecimiento de 130 millones de dólares para los estudios del acondicionamiento de la reforma legal en territorio nacional: asunto sinecuanon en el futuro que viene.

Le informan mal o se hace que no sabe o realmente no sabe.

La firma del T-MEC en donde el partido demócrata vecino -curiosamente ahora en el poder-, jugó un papel definitivo para ponerse en marcha, considera a la igualdad laboral para con Estados Unidos un asunto de primerísima importancia para evitar las controversias innecesarias que tendrían que dirimirse en los juzgados internacionales -entre otras cosas- y que, por cierto, ya empezaron a presentarse.

Aquí se ha dicho esta preocupación, varias veces, desde el momento mismo en que se firmó el nuevo tratado.

Parecería que al asunto laboral solicitado como asunto toral del acuerdo tripartita en un territorio que es uno de los dos corredores comerciales más importante del Planeta, no se le ha movido ni una coma.

Creo que llegó la hora de que la secretaría del trabajo empiece a trabajar -se han perdido casi tres años-, sobre todo ahora que habrá de tener 2600 millones de pesos adicionales para ello y que, además de que no deseo que se pudieran destinar a las grandes obras sexenales, espero no vaya a interpretarse como una injerencia a la soberanía nacional de parte de la nación vecina, tan poderosa -al contrario, debe considerarse una preocupación real de un socio comercial de ese tamaño-, por lo que también, espero, no vaya a mandar el ejecutivo federal un nuevo extrañamiento al intervencionismo, extrañamientos al que nos vamos acostumbrando dentro del anecdotario nacional.

La buena marcha del T-MEC habrá de garantizar el futuro económico de México. No hay duda. El sur-sureste habrá de jugar un papel muy importante en esta conformación planetaria…si sabemos entenderlo.

A la administración actual le cuesta trabajo dimensionarlo.

Pero ante las nuevas definiciones universales a la vuelta de la esquina, de espacios territoriales para el desarrollo de los centros de producción en donde nuestro país jugará un papel definitorio, el tiempo apremia.

Chiapas y Guatemala vuelven a tener una realidad tangible como aquella, lamentable, en las épocas del desarrollo estabilizador en que el presidente era López Mateos cuando, por impericia y tontería, entramos a pescar en el mar territorial guatemalteco que ofendió a los gobiernos militares de aquel momento.

Esta ocasión es distinta, afortunadamente.

Ahora, compartimos con Guatemala una frontera en donde convivimos dos millones de Guatemaltecos económicamente activos con casi igual número de chiapanecos.

Significa una esperanza real de poder diseñar relaciones económicas como nunca antes entre dos naciones que, como solía decir mi hermano mayor: “Chiapas y Guatemala son plumas de una misma ala”.

Nos congratulemos por este reto que hoy se presenta.

Significa, por fin, el desarrollo de Chiapas en comunión con una nación a la que nos une profundos lazos históricos y culturales, más buenos que malos.

Cuidemos al T-MEC, que será cuidar al futuro nacional y, con ello, al futuro de las generaciones venideras.

No vaya a ser que el dinosaurio se quede.

Categorías:Columnas, Manuel Zepeda Ramos

Tagged as: