Columnas

Elecciones, Partidos Políticos y Grupos Parlamentarios I

Rodolfo Chena Rivas

La teoría política concibe a los parlamentos y congresos, por un lado, como radiografías electorales o espacios de representación político-social (Michells, Weber, Duverger); y, por otro, como laboratorios que ensayan nuevas prácticas y productos legislativos (Reyes Heroles). Para ello, aplican reglas interiores de larga tradición (la denominada jurisprudencia parlamentaria, donde la costumbre juega un factor determinante), y despliegan tácticas legislativas de liderazgo y debate (Bentham) para la obtención de resultados en forma de leyes, decretos, acuerdos o nombramientos (Teoría de la Decisión Parlamentaria). Por su parte, en el terreno del realismo político, estas consideraciones teóricas se materializan primero, en forma de normativas jurídico-constitucionales y, segundo, en el número de curules y posibilidades de agrupamiento que resultan de la aplicación de sistemas electorales uninominales –de mayoría– y plurinominales –de listas o cuotas– o de una combinación de ambos, como en el caso de nuestro país (Nohlen).

Característicamente, las asambleas políticas –o asambleas deliberantes– se forman y decursan en dos momentos distintos: uno sincrónico, que ocurre con motivo de la elección y validación del procedimiento electoral, y culmina cuando los representantes o legisladores rinden la protesta de ley, asumiendo el encargo con la pertenencia o etiqueta del partido político que los postuló; y un momento diacrónico, que sucede a lo largo de toda la legislatura (periodo de duración del ejercicio constitucional del cargo, según la nomenclatura de que se trate, medido por años: 3, 6, etc.), sustantivamente mediante la formación de grupos parlamentarios y la actualización periódica de sus integrantes, para la composición de comisiones y comités legislativos, basada en la aritmética parlamentaria del número de legisladores obtenidos para incorporarse a los órganos legislativos de deliberación y dictamen. En consecuencia, mientras los partidos políticos son agrupaciones de ciudadanos organizadas para contender en los procesos electorales, postular candidatos e intermediar la voluntad popular; los grupos parlamentarios son agrupaciones de legisladores para la organización interior de las asambleas políticas, cuyos integrantes forman bloques de identidad partidaria o semejanza política, para al desahogo de los trabajos legislativos, derechos y obligaciones de sus miembros, agenda legislativa, alianzas, debates, fijamiento de posiciones, y asignación de recursos humanos y presupuestales.

Dicho de otra manera, si con el partido político se vive el momento de la elección mediante cumplimiento de requisitos, registro y postulación de candidatos, de acotamiento y control de financiamiento público, y de permanencia; con el grupo parlamentario se vive, en cambio, el momento de la función o ejercicio de la acción político-parlamentaria en los órganos estatales constituidos para tareas de representación, de legislación, de control y de gestión. Es a partir de estas dos premisas o realidades concatenadas en el tiempo, siempre sucesivas, pero nunca simultáneas, como se puede valorar si un partido político y sus coaligados, o el grupo parlamentario correspondiente y sus aliados, mejoraron o empeoraron su peso político. Seguiremos…