Columnas

La Olimpíada del 24

Manuel Zepeda Ramos



Han sido ya varios días.

Todos los que se sucedieron después de la elecciones. En ese tiempo, la ha emprendido sobre la clase media -un día sí y otro también,- la misma que el Inegi ha considerado que habita el 42% de los hogares mexicanos y suma el 39% de los habitantes de México. Estima el Inegi que en las ciudades ocupa el 50% de los hogares y es el 47% de la población, al lado del 28% de los hogares en el medio rural con el 26 % de su población.

Rubio y de La Calle, en su libro Clasemediero de hace algunos años, consideran que la clase media mexicana vive en una casa con computadora, gasta 5 mil pesos comiendo fuera del hogar porque sus actividades lo obligan, usa tarjeta de crédito, vigente, a la que le abona sin falta al menos 1500 pesos, entre otras muchas variables. El jefe de cada familia tiene, cuando menos, acreditada la preparatoria: así lo dicen Luis Rubio y Luis de la Calle.

Ya son varios días que los reporteros del país de los diarios nacionales y locales, de las redes sociales, la radio y la televisión regionales y locales; todos los periodistas que se imagine -cientos, quizá miles-, no han dejado de señalar la serie de calificativos -realmente muchos, irrespetuosos y en gran número, los que su imaginación le permite-, acerca de la clase media, todos mexicanos por los que el primero de diciembre de 2018 juró en San Lázaro gobernar sin distinción.

Los Monólogos de la Mañana por su conducto han llenado en estos últimos días de adjetivos calificativos sobre su concepción destructiva de la clase media mexicana, sin darse cuenta que es miembro de ella.

El 6 de junio pasado, cerca de 23 millones de ciudadanos votaron por los partidos de oposición. Por Morena y sus aliados lo hicieron cerca de 21 millones de votantes. Ahí están los datos, consultables.

Desde ese día, la clase media que ha sufrido el desempleo, el desabasto de todo, la muerte por la pandemia, la violencia creciente, la inseguridad, el mal planeado retorno a clases, la tragedia del transporte colectivo, la serie de variables que pudieran ser cientos y que se han activado en estos tres años del nuevo gobierno federal, eligieron otro futuro para sus hijos.
En el 2024, habrá de ser lo mismo.

Para esa fecha, habrán de salir más y más representantes de la clase media -millones más-, a votar por un candidato de la oposición.

La oposición, unificada, deberá de tener un candidato. El 6 de junio se demostró que es posible.

Acostumbrado a marcar el paso en las olimpíadas como los buenos atletas, a tomar la delantera en la carreras y caminatas de fondo, en el triatlón o en las pruebas contra reloj, de principio a fin aunque al final se tropiece como ya ha pasado, ahora no fue la excepción: ya puso en el arrancadero a tres años del cambio, a sus prospectos para el siguiente sexenio y “cuquea” a la oposición a que haga lo mismo, burlándose de los prospectos opositores, que Él quiere imponer en su gran protagonismo, enseñando su militancia cotidiana desde la que hoy es la única tribuna más alta de la nación: los Monólogos de la Mañana.

La oposición deberá de ser cauta y tomar en cuenta los tiempos precisos.

Mientras, los partidos de oposición habrán de buscar la ropa limpia necesaria, urgente, la que garantice honradez, dignidad y militancia, los cuadros que deban encabezar las nuevas dirigencias nacionales y regionales y que sepan conservar la unidad interpartidista, hoy la única posible para la alternancia necesaria del poder.

Son los tiempos de la clase media. Lo demostró el 6 de junio pasado, que no se olvida.

-es evidente que hay signos de repunte del COVID. No baje la guardia. Use siempre el cubre bocas, guarde la distancia y lávese las manos con frecuencia. Los internados de ahora son ya los jóvenes. Eso es muy grave. No rompamos la estabilidad del contagio…y de la nación-.

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