Columnas

Testimonios y confesiones de un magistrado

12 de julio, día del Abogado

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

La profesión de Abogado es antiquísima, en el mundo clásico grecolatino los estudiosos y conocedores del derecho gozaban de enorme prestigio y respeto, además, por muchos años los profesionistas del derecho ocuparon las principales magistraturas de sus naciones, fueron los que en gran medida crearon las leyes y diseñaron las instituciones que hoy tenemos, en el caso mexicano abundan nombres ilustres, citaré sólo algunos insignes como Don Benito Juárez, el gran Emilio Rabasa, Ignacio Burgoa, Jorge Carpizo, Héctor Fix-Zamudio, en el caso veracruzano los infaltables Jesús Corona y Arpide, Mario G. Rebolledo, Guillermo Ortiz Mayagoitia, todos ellos miembros en sus tiempos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sin dejar de mencionar que una característica fundamental que distinguió a los profesionistas del derecho fue su amplia cultura, cuando pensamos en un Abogado clásico, formado, estudioso, viene a nuestra mente un hombre culto, conocedor del derecho pero también de la filosofía, la literatura, la historia, y para festejar esta importante fecha del derecho conoceremos parte de la vida, obra y pensamiento de un Abogado clásico veracruzano llamado Eugenio Vázquez Hernández a través de su libro: “Testimonios y confesiones de un Magistrado.”

El Maestro Vázquez Hernández es originario de Gutiérrez Zamora, Veracruz. En el área jurídica tiene una amplia trayectoria, fue Magistrado del Tribunal Superior del Estado de Veracruz por un promedio de diecinueve años, en este largo recorrido por el campo del derecho también se ha desempeñado como profesor y tiene varios libros publicados entre ellos: “El 68 en Xalapa y el liderazgo estudiantil en la Universidad Veracruzana”, “Vida y obra de los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación, Mario G. Rebolledo”, sin embargo, en esta ocasión nos acercaremos a uno de sus libros que lo distingue como un Abogado clásico, es decir, un hombre culto, ilustrado, humanista, conocedor, buen narrador y conversador mediante las letras, y, sobre todo, una persona sensible, humana, características esenciales que debería tener todo profesionista, por eso acudamos a conocer los: “Testimonios y confesiones de un Magistrado.”

Si el libro lo distingue como un hombre culto e ilustrado, lo primero que quiero puntualizar es que no estamos ante un libro netamente jurídico, al contrario, nos encontramos ante una obra rica y diversa que incluye experiencias de lecturas, reflexiones sobre autores, libros, ciudades, pueblos, el autor nos cuenta anécdotas personales, vivencias, por supuesto que en muchos sucesos narrados claramente se percibe el dato autobiográfico donde hay un dejo de nostalgias y añoranzas por ese tiempo perdido que es irrecuperable, no obstante, con el sólo hecho de narrarlo, contarlo, expresarlo, el autor por una parte se libera y por otra parte logra transmitir la importancia de expresar y mostrar nuestras emociones, sensaciones y sentimientos.

El libro tiene muchos temas, aquí nos encontraremos con reflexiones sobre el día del abogado, así como una fuerte crítica ante la crisis de credibilidad que enfrentan los postulantes de esta digna profesión, cuentos y chistes sobre los abogados, y de pronto el lector podrá situarse en París y vivir junto al narrador el cambio de milenio y embriagarse con él tomando Champán en los Campos Elíseos escuchando música de la emblemática cantante francesa Edith Piaff, y ya instalados en París, ir a visitar la Catedral de Notre Dame para conocer desde el alma el mundo que inspiró a Víctor Hugo para escribir sus inmortales obras, porque el autor nos recuerda que: “París, siempre es París”, la meca de los grandes escritores, poetas, pintores, y aquí Eugenio Vázquez realiza un detallado análisis sobre la obra de Enrique Vila-Matas: “París no se acaba nunca”, sin olvidarse del París de Hemingway y el trágico París de Antonieta Rivas Mercado.

Aunque cada artículo se puede leer por separado, en lo personal noté temas muy recurrentes en el autor, uno de ellos es su amor por los perros, en varios artículos aparecen perritos con historias muy singulares, León, Chiquis, pero sin duda alguna el perrito que tiene un lugar muy especial en su corazón es “Paris”, Eugenio Vázquez nos cuenta que su amado perro adquirió una enfermedad incurable y lo peor era que requería quimioterapias, Paris sufría y Eugenio Vázquez tomó una decisión que bien puede ser su posición jurídica ante la Eutanasia:

Tomé una decisión dolorosa, pero que en caso semejante quisiera para mí: la eutanasia. Antes de que el médico procediera a dormirlo para siempre, fui a verlo. Él ya había escuchado mi voz y ladraba para que lo oyera. Lo sacaron de la jaula y jubiloso corrió hasta donde yo estaba. Lo acaricié como siempre solía hacerlo. Me miró con sus ojos color de cielo veraniego brillantes de alegría, como un hijo mira a un padre cuando este va por él a la salida de la escuela; seguro que nos iríamos juntos a casa. Él ignoraba que se trataba de una despedida definitiva; esta fue breve, le di la espalda y salí, y no me apena admitir que salí llorando de ahí. Lo enterré atrás de mi casa al pie de un frondoso cedro; desde mi biblioteca veo su tumba. Cotidianamente gorriones, canarios y otras aves le cantan posadas en las ramas de cedro; sobre su tumba sembré una gardenia para que sus flores perfumen el espíritu de mi peludo amigo.”

Mucho se ha dicho que las modernas sociedades requieren profesionistas humanos, sensibles, solidarios, honestos. Profesionistas que no vean su actividad sólo como una manera de enriquecerse, seguro estoy que la felicidad y particularmente la tranquilidad de la vida no está en las grandes riquezas, posesiones o conquistas materiales, no se está en contra del progreso, se está en contra cuando buscamos el progreso a costa de lo que sea, realmente creo que el fin no justifica los medios y menos en esta efímera vida. Para recuperar valores esenciales en el hombre moderno necesitamos detenernos un poco y revalorar el papel de la familia en nuestras vidas, nuestros padres nos educan y desde que somos niños con sus ejemplos se convierten en nuestros guías, en nuestros modelos, en este libro hay un artículo titulado: “El viejo roble se secó”, donde el autor nos cuenta la muerte de su padre y el legado que le dejó en su vida:

Su infancia fue muy difícil. Al quedar huérfano de niño, pronto tuvo que ganarse su propio sustento; sin embargo, en los días finales de su existencia recordaba siempre con orgullo las largas jornadas que era capaz de realizar en su juventud. Era como un viejo roble que casi nunca se enfermó ni acudió al médico, sino hasta el final cuando se enfrentó a la enfermedad que terminó por vencerlo. Aunque anímicamente siempre estuvo alerta, sin deprimirse, buena la memoria y su sentido del humor. Lo venció la enfermedad, es cierto, pero eso sí, murió como un gladiador en el Coliseo de la Antigua Roma: con un martillo en la mano remachando un clavo para soportar mejor una puerta. Murió como había vivido, haciendo algo, trabajando. Hoy se ha ido. El viejo roble se secó. Se nos adelantó un poco. Sólo nos quedaron como recuerdos suyos sus palabras, sus acciones, sus árbolesY lo que siempre nos decía: “A algunos la vida se les ha hecho pesada y fatigosa, a mí no. Yo siempre he tratado de buscarle a la vida la cara bonita y siempre me ha sonreído. Por eso puedo decir que he sido feliz.”

Un día leí una frase que afirma: “Un Abogado puede ser odiado o querido, pero nunca irrelevante”, considero que un Abogado ante todo es un hombre y su deber es vivir y actuar como tal, si se vive como un verdadero hombre, los juicios y prejuicios son lo que pueden llegar a ser irrelevantes… Feliz día del Abogado.

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