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México, de país santuario a expulsor de migrantes: Amarela Varela 

  • El país tiene a 30 mil efectivos de la Guardia Nacional asignados a custodiar las fronteras; en contraparte, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados cuenta con menos de 100 agentes 

Xalapa, Ver., 11 de julio de 2021.- Amarela Varela Huerta, docente e investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, afirmó que México pasó de ser un país santuario para los migrantes en el periodo de tiempo comprendido de 1940 a 1990, a una nación expulsora de ellos en los últimos años.  

“El país tiene a 30 mil efectivos de la Guardia Nacional asignados a custodiar las fronteras; en contraparte, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados cuenta con menos de 100 agentes”, destacó.  

El 7 de julio, la catedrática impartió la conferencia “La persona migrante (emigrante, inmigrante) ante la mirada bifocal del Estado mexicano: políticas migratorias, por un lado; prácticas, discursos, movimientos, por el otro”, dentro de la International Summer School 2021 “Diálogos nómadas. Migrantes, santuario y refugios”, organizada por la Dirección General de Relaciones Internacionales (DGRI) de la Universidad Veracruzana (UV). 

Amarela Varela mencionó que entre 1940 y 1990 México manejó una política de puertas abiertas y recibió a muchos refugiados y asilados políticos de la guerra civil española y de las dictaduras centro y sudamericanas.  

Después de 1990, con los tratados de liberación económica, la nación comenzó una época de país frontera, en la que externalizó las políticas estadounidenses que dictaban que los países pobres debían contener la inmigración.  

Compartió que las principales necesidades de los migrantes que llegan a México son trabajo, techo, tierra, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.  

En el territorio nacional enfrentan una guerra contra ellos, y prácticas de muerte que incluyen robos, secuestros y violaciones, además de la asfixia de su derecho al asilo debido a la externalización de las políticas estadounidenses de odio.  

La catedrática enfatizó que para resolver esta situación es fundamental que el gobierno y la sociedad mexicana les brinden hospitalidad incondicional e implementen estrategias que les den una integración social, política, económica, afectiva y educativa.  

Agregó que igualmente la sociedad debe exigir al Estado la construcción de una infraestructura para el refugio que beneficie a las personas provenientes de otras naciones.  

Planteó que el gobierno mexicano debe cambiar su política de seguridad nacional por una de seguridad humana, que en lugar de contar con 30 mil efectivos que vigilen las fronteras apoye a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. 

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