Columnas

Juventud y espíritu universitario

Raúl Contreras Bustamante

Esta semana, la comunidad universitaria de la Facultad de Derecho de nuestra máxima casa de estudios conmemoró dos festividades importantes. El 12 de agosto celebró el Día Internacional de la Juventud, ya que —en estos tiempos de pandemia— resulta importante tener en cuenta el papel que juegan los jóvenes como protagonistas indispensables en la construcción de una nueva y mejor sociedad mundial.

La juventud se identifica como el periodo de vida de una persona entre la infancia y la adultez. Para el Inegi, una persona joven es aquella que tiene entre 15 y 29 años de edad; así que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica de 2018, en México hay 30.7 millones de jóvenes, los que representaban el 24.6% del total de habitantes.

Con casi un cuarto de la población de la República, los jóvenes nos demandan atender sus problemáticas e impulsar su educación, que hoy más que nunca resulta indispensable, pues representan el bono demográfico capaz de impulsar de manera positiva el desarrollo de un país. Pero, para ello, es necesario brindarles los conocimientos y las oportunidades para progresar.

El segundo festejo de la Facultad de Derecho se organizó el domingo pasado, un magno evento de bienvenida para la generación de jóvenes estudiantes de nuevo ingreso —las próximas abogadas y abogados de nuestro país— a distancia de manera obligada por las circunstancias actuales.

El mensaje estelar de bienvenida estuvo a cargo de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, distinguida egresada, profesora y amiga de la Facultad, quien pronunció un discurso muy emotivo para las alumnas y alumnos diciéndoles que al ingresar a la Facultad: “forman parte de la construcción de un país más igualitario, incluyente, de una historia de grandeza y de corresponsabilidad social”.

La exministra Sánchez Cordero les explicó de la corresponsabilidad social que deben asumir y que su quehacer debe orientarse no sólo para alcanzar su crecimiento personal, sino también el de la universidad y el de México en su conjunto.

Porque resulta importante que los jóvenes que están padeciendo los tremendos efectos de la pandemia y las duras medidas de aislamiento social deben entender que, a lo largo de la historia de nuestra institución, a cada generación de estudiantes le ha tocado enfrentar distintos retos, los cuales han sido siempre superados con éxito, gracias a la estirpe que caracteriza a los universitarios, distinguiéndose por su trabajo, valor, constancia, talento y disciplina. Son todas ellas las características del alma y el corazón universitario.

A los recién ingresados se les explicó que hace un siglo se aprobó el escudo y lema universitario: Por mi raza hablará el espíritu; en él se encuentra latente la idea de un despertar de una larga noche de opresión —de la ignorancia y el abuso— que había generado la Revolución mexicana.

Por tal motivo se decidió nombrar a la nueva generación de estudiantes como la “generación del espíritu universitario”, pues buscaremos que su fortaleza e inteligencia los ayude a vencer las adversidades impuestas por la pandemia, logrando ser grandes juristas al servicio de la nación.

Y es que la educación es un derecho humano y fundamental para la juventud de nuestro país, y con ello se les debe asegurar el acceso a una educación de calidad, esencial para la transición exitosa al mercado laboral; además de ser la llave que abra el acceso a otros derechos fundamentales contribuyendo a forjar un mejor presente y un prometedor porvenir para México.

Como Corolario la frase del filósofo español Fernando Savater: “La educación es el primer paso para la libertad”.

(Excélsior 21 08 21)