Columnas

Septingentésimo aniversario luctuoso de Dante Alighieri (I)

La vida nueva

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

La literatura universal tiene nombres y obras gloriosas de imprescindibles lecturas, seguramente desde los estudios preparatorianos escuchamos el nombre de Dante Alighieri y su obra inmortal: “La Divina Comedia”. Dante es el poeta más influyente en el proceso de transición de la edad media al renacimiento y es considerado el padre de la lengua italiana, Dante y sus contemporáneos Guido Guinizelli y Guido Cavalcanti, crearon lo que Dante llamó “El bello estilo nuevo”, este estilo nuevo se encuentra en la innovadora forma de versar, de escribir en prosa, en la elección de los temas y la manera de abordarlos, el estilo nuevo tiene como tema central “La vida nueva” representada por el amor, un amor que se analiza desde un sinfín de perspectivas, pero que posee un nombre concreto, “Beatriz”.

Dante Alighieri junto a Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio son figuras cumbres de la literatura universal, los tres genios empezaron a escribir en lengua vulgar, el término vulgar no tiene una connotación negativa, en aquellos años se utilizaba vulgar como sinónimo de lengua vernácula, es decir, la lengua del pueblo, la lengua común, la lengua que utilizaba la mayoría de la gente según la región donde vivían, en el caso particular de Dante escribió sus obras en Toscano, base del italiano actual, antes la lengua utilizada era el Latín, aquí ya hay una característica muy particular del estilo nuevo, otra característica es el tema del amor, de hecho el amor es el tema medular de la primera obra de Dante titulada: “La nueva vida” publicada entre 1292-93, vayamos a ella.

La obra está compuesta de prosa y poesía y tendrá como personaje central a Beatriz quien es la mujer que ha despertado el más profundo amor que había sentido el poeta. Dante nos contará cómo conoció a Beatriz a los nueve años de edad y desde ese momento ella le inspiró un amor puro, angelical, profundo, pasaron nueve años más y volvió a encontrarse con Beatriz y el poeta casi no podía controlar su emoción al verla. Al inicio de la obra el poeta reconoce que por una parte la llegada del amor a su alma representa una fuerte felicidad, pero por otra sabe que vivirá frecuentemente atormentado porque citando a Homero nos dice que Beatriz: “No parecía hija de hombre mortal, sino de un Dios.” Ante este doble sentimiento el poeta afirma que el amor de Beatriz es puro y ella es tan nobilísima que: “Nunca consintió que Amor me gobernase sin el consejo de la razón en aquellas cosas en que sea útil oír el citado consejo”. Aquí ya estamos en una perfecta mezcla entre razón y pasión, misticismo y pensamiento, un tema muy en boga en la época de Dante, recordemos que Tomás de Aquino murió cuando Dante tenía nueve años de edad, y el pensamiento del Doctor Común como llamaban a Tomás de Aquino fue muy influyente en Dante y sus contemporáneos.

Continuando con la historia, tenemos al poeta enamorado de su bella e inigualable Beatriz a quien nos la presenta con las siguientes palabras:

Muéstrase tan hermosa y recatada

la dama mía si un saludo ofrece

que toda lengua, trémula, enmudece

y los ojos se guardan la mirada.

Sigue su rumbo, de humildad nimbada

Y al pasar ella su alabanza crece.

Desde los cielos descender parece

En virtud de un milagro presentada.

Tan amable resulta a quien la mira,

Que por los ojos da un dulzor al seno

Que no comprenderá quien no la sienta.

Y hasta parece que su boca alienta

Un hálito agradable, de amor lleno

que va diciendo al corazón: ¡suspira!”

El poeta seguirá narrando la historia de ese amor idílico, jamás se refiere a un amor corporal o antepone la belleza física a la del alma, por ello ni siquiera describe los rasgos físicos de Beatriz, prácticamente estamos ante la idealización del amor y particularmente ante la magnificación de la mujer, actitud que nos sigue atrayendo de Dante. En este pequeño tratado de “La nueva vida” conocemos las etapas del amor, los encuentros y desencuentros, para tragedia del amante la bella Beatriz muere, los versos y canticos de dolor son muy sentidos, emotivos, piadosos, y aunque pudo sobrevivir a la muerte de Beatriz, el poeta la siguió amando al extremo que, a pesar de algunos intentos de volver amar a otra mujer, al final no lo pudo hacer. Para concluir el presente artículo compartiré lo expresado por Dámaso Alonso sobre este bello soneto de Dante en su libro: “Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos, Gredos, Madrid, 1950.”

Treinta y cinco años hace que este soneto de Dante es un compañero en mi vida. Un ángel bueno para refrescarme en la hora que nos empujaría a la maldad. Si alguna vez he mirado a lo mejor, a él se lo atribuyo. Si no se ha secado en mi alma la ingenuidad, si algo me queda del cariño, a él creería que se lo debo. Y siento que no estoy solo. Somos miles y miles los hombres que hemos pasado por este soneto y que hemos recibido por él un empujón hacia la altura. Eterna Beatriz, eterna meta ideal, amada de tantos desde la profundidad de las edades. Y el espíritu suave y lleno de amor que de ella emana, siglo tras siglo, va diciendo el alma del hombre: suspira. No hay gozo mayor que el de sentirnos peregrinantes anónimos, perdidos entre la multitud, hacia permanente santuario de belleza; besar humildemente las piedras desgastadas, las piedras seguras en donde estriba nuestra fe.

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