Columnas

Septingentésimo aniversario luctuoso de Dante Alighieri (III)

La Divina Comedia: El purgatorio

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

El recorrido que hicimos con Dante por “el infierno” literariamente fue magistral, algunos críticos especialistas en la obra del poeta italiano señalan que posiblemente la parte más cautivante de los tres cantos que integran: “La Divina Comedia”, sea el infierno. Por ahora nos toca continuar viajando junto al vate florentino e iremos “al purgatorio”, aquel lugar donde según la teología católica-cristiana van las almas de los muertos que recibieron en vida “la gracia”, pero que por haber sido pecadores tienen que ir a expiar sus almas, purificarlas, y con ello poder llegar a la presencia de Dios y vivir en plena paz y armonía en “el paraíso”.

Recordemos que Dante está realizando este recorrido acompañado y guiado por el gran poeta latino Virgilio, en este viaje al purgatorio Dante seguirá encontrándose con muchos personajes del pasado y del presente, ejemplo es que el poeta Publio Papinio Estacio al encontrarse con Dante se une a ellos para ayudarlos a llegar al purgatorio, Estacio lo hace por la gran admiración que siente por su admirado Maestro Virgilio. Son muchísimos los personajes con los que se encuentra Dante y disertará con ellos sobre diversos temas, no obstante, uno de los temas centrales que aborda en este recorrido que realiza cruzando distintas terrazas es el de los pecados capitales, de hecho, al pasar por cada terraza después de conocer el pecado, analizarlo, reflexionarlo, Dante irá limpiándose de cada pecado y así poco a poco podrá aspirar al paraíso. El proceso no es fácil, porque la enseñanza consiste en reconocer que humanamente es muy difícil luchar contra: La soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria, sin embargo, con la ayuda de la razón, la voluntad y la fe, Dante podrá terraza tras terraza ir eliminando esos pecados que nos dominan y llegan a convertirnos en personas sin voluntad propia.

Por lo antes expuesto, varios de los personajes que se encuentran limpiando sus almas ruegan el perdón a Dios entonando el famoso Salmo 51, también conocido como “miserere” (apiádate de mí), este Salmo es muy famoso y referenciado tanto en el mundo teológico como literario porque fue compuesto por el Rey David como símbolo de arrepentimiento antes sus pecados cometidos, el pecado del Rey David fue el adulterio, y cuando los pecadores se encuentran en la terraza de la lujuria lo entonan con pasión, sentimiento y arrepentimiento: Salmo 51.

Arrepentimiento, y plegaria pidiendo purificación: Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de sus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado.” El Salmo es más largo, sólo he puesto la entrada del mismo porque de aquí se deriva el siguiente planteamiento. En el “Canto Decimosexto” Dante se encontró con un personaje contemporáneo a él llamado Marco de Venecia, por cierto, muerto apenas unos años atrás y era reputado como un hombre juicioso y ponderado, Dante le preguntó y pidió que le respondiera si la maldad del mundo se debe al abandono de Dios o es responsabilidad exclusiva del hombre, la respuesta es una maravilla, créanme, una maravilla, la comparto literalmente:

Antes de contestar exhaló un profundo suspiro. –Hermano, el mundo es ciego, y se conoce que tú vienes de él. Vosotros los vivos hacéis estribar toda causa en el cielo, como si él imprimiera por necesidad su movimiento en todas las cosas. Sí así fuese, quedaría destruido entre vosotros el libre albedrio, y no sería justo que se retribuyera el bien con goces y alegrías, y el mal con llanto y luto. El cielo inicia vuestros movimientos, no quiero decir todos; pero, aunque así lo dijese, os ha dado luz para distinguir entre el bien y el mal. Os ha dado también el libre albedrio, que aun cuando se fatigue luchando en los primeros combates con el cielo, después lo vence todo, si persevera en el buen propósito. A mayor fuerza y a naturaleza mejor estáis sometido, sin dejar de ser libres; y ella crea vuestro espíritu, que no está bajo el dominio del cielo. Así pues, si el mundo se aparta del verdadero camino, vuestra es la culpa; que en vosotros debe buscarse, y ahora te lo probaré con toda veracidad. Sale el alma de manos de su Creador, que la acaricia antes de que exista, semejante al niño que entre el llanto y la risa balbucea; y es entonces una simplecilla, que nada sabe, y solamente movida por el instinto de la felicidad, se inclina gustosa hacia lo que la contenta y regocija. Desde luego siente placer en los bienes más mezquinos; pero en esto se engaña, y corre tras ellos, sino tiene un guía o freno que tuerza su inclinación. Por eso es necesario establecer leyes que sirvan de freno, y tener un Rey que sepa discernir al menos la torre de la verdadera ciudad. Las leyes existen; pero ¿Quién se cuida en su cumplimiento? Nadie; porque el pastor que precede las almas puede rumiar, pero no tiene la pezuña hendida, por lo cual, viendo todo el rebaño a su pastor cebarse únicamente en aquellos bienes de que él es tan codicioso, se apacienta de lo mismo y no pide más. Bien puedes ver, por esto, que en el mal gobierno estriba la causa de que el mundo sea culpable, y no en que nuestra naturaleza esté corrompida.”

Luego entonces, al ser seres dotados de razón y voluntad los frutos de nuestras vidas serán el resultado de nuestras acciones sembradas día a día, conscientes estamos que existen accidentes que rebasan nuestra voluntad, pero esos son casos accidentales, lo normal y valedero es cómo vamos conduciendo nuestras vidas, cómo nos enfrentamos ante un valor o antivalor, tampoco debemos excusarnos que crecimos sin una buena educación, que estamos ante un mundo desigual, materialista, inhumano, y no porque no se comprendan estas circunstancias, sino porque precisamente el filosofo español José Ortega Y Gasset nos ha enseñado que invariablemente todos los seres humanos somos producto de diversas circunstancias y que tenemos que aprender a salvarlas a ellas para que me pueda salvar yo, por lo tanto, la enseñanza de Dante en este canto consiste en pretender hacernos hombres responsables de nuestros destinos, saber que Dios es un ser tan grande, maravilloso, que es ridículo, pueril e inútil, pensar que lo bueno o malo que nos pasa en nuestras vidas es originado por él, Dios fue tan bueno que cuando creó al hombre le dio las herramientas para que viva como tal, es decir, como un verdadero hombre, para ello hagamos uso de la razón, la voluntad, y así  la fe será más razonable y aceptable.

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