Columnas

200 años del Estado mexicano

Raúl Contreras Bustamante

El pasado 27 de septiembre, nuestro país conmemoró los primeros 200 años de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, lo cual significa la consumación de la lucha llevada a cabo por más de una década para alcanzar la independencia nacional. Y al día siguiente, se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.

Para estudiar estos eventos trascendentes, la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México –en cumplimiento de sus tareas sustantivas– organizó el coloquio denominado Conmemoración del Segundo Centenario de la formación del Estado Mexicano.

Un esfuerzo académico dividido en dos mesas temáticas que reunió a distinguidas personalidades del mundo histórico-jurídico, de la talla del profesor emérito Sergio García Ramírez; los doctores Elisa Speckman Guerra, Marco Antonio Pérez de los Reyes, Eduardo Luis Feher, Consuelo Sirvent y el maestro José Luis Chirino.

En la primera de ellas, intitulada Los proyectos de nación de los criollos y de los mestizos durante la guerra libertaria, se explicaron las diferencias de pensamiento gestadas como las primeras ideas que habrían de inspirar el inicio al movimiento.

Por una parte, el proyecto de carácter autonómico de los criollos –hijos de españoles nacidos en la Nueva España–, y de un segundo lado, la aspiración independentista abanderada por los mestizos, hijos procreados entre criollos e indígenas.

Si bien fueron dos proyectos distintos, ambos grupos a partir del siglo XVI desarrollaron un sentido de pertenencia común, que los diferenciaba de los peninsulares que vinieron a las tierras colonizadas buscando fortuna para luego regresar a disfrutarla en España. Los conflictos detonados ante la invasión napoleónica encontrarían en la Nueva España un terreno fértil para encender la chispa de las ideas independentistas.

Después del inicio de la guerra, la muerte de nuestros primeros héroes patrios, la imposición de la Constitución de Cádiz a Fernando VII en España, el Plan de Iguala, la firma de los Tratados de Córdoba y la entrada del Ejército Trigarante a la capital, se gestó en nuestro país el comienzo de un nuevo capítulo en su historia. Lo anterior fue estudiado y analizado en la segunda mesa temática: Fortalezas y debilidades con las que surgió en nuevo Estado mexicano.

Se reconoció que en aquel entonces estaba pendiente la integración de la nación. El Estado mexicano nació con muchas fortalezas y con grandes riquezas naturales, pero también emergió con problemas y debilidades: una economía orientada a satisfacer las necesidades de la metrópoli, recursos saqueados de forma sistemática y un territorio mal comunicado, lo que hacía muy difícil gobernarlo con eficiencia.

Sumado a lo anterior, las diferencias ideológicas irreconciliables de dos grupos de poder –uno con visiones centralistas y el otro de carácter federalista– mantuvo a nuestro país en un estado de guerra durante sus primeros cincuenta años de vida independiente, propiciando el desprendimiento de Centroamérica y el despojo de la mitad del territorio a manos del vecino del norte.

Dos siglos nos separan de aquel México que soñaba con conquistar su independencia y el estudio de aquellos momentos de gloria –y sus consecuencias históricas– nos enseñan y recuerdan que cuando los mexicanos nos dividimos y enfrentamos, los únicos que ganan son nuestros vecinos y enemigos.

A propósito de ello, como Corolario la frase de Agustín de Iturbide: “La división en los pueblos es causa precisa de su desolación”.

(Excélsior 09 10 21)