Columnas

La actualidad de Parlamentos y Congresos

Rodolfo Chena Rivas

El tipo ideal parlamentario puede explorarse en el modelo resumido originalmente por Bentham en An Essay on Political Tactics, traducido como Táctica de los Congresos Legislativos, quien integró y propuso un conjunto de reglas fundamentales para el funcionamiento interno de las asambleas legislativas, alejándose de las recomendaciones de sus predecesores parlamentarios que priorizaban el discurso argumentativo para lograr el triunfo en las discusiones congresionales, como fue el caso de single speech Hamilton (William Gerard Hamilton, 1755, el del discurso único, con sus 553 máximas para triunfar en el debate parlamentario). La obra de Bentham fue conocida por los congresistas mexicanos en la década de los años veinte del siglo XIX, transcrita al español, en 1823, por Urbano San Román, un “ciudadano del Estado Libre de Xalisco”, al igual que el Manual del Derecho Parlamentario de Thomas Jefferson, fundado en las prácticas parlamentarias inglesas del siglo XVIII y elaborado durante su gestión como Vicepresidente de los EUA -y simultáneamente Presidente del Senado americano (traducido al castellano por don Joaquín Ortega, en 1827). Es, por tanto, en la formulación del ordenamiento interior de los congresos políticos, donde se trasluce la evidencia del verdadero ethos parlamentario, y la peculiaridad de su articulación con la ética original del liberalismo político, si sumamos a las máximas de Bentham y Jefferson, las de Dumont, traductor y prologuista de la obra de Bentham a principios del siglo XIX:

Libertades, minorías, orden, representación, método, voluntad general, conceptos todos de génesis liberal están presentes desde entonces y hoy en el reglamento interior de parlamentos y congresos, con independencia del sistema político al que pertenezcan. Los actuales ordenamientos parlamentarios occidentales conservan mayormente la denominación de reglamento y poseen innegable similitud de origen con las propuestas de Bentham sobre publicidad de los trabajos parlamentarios, unicameralismo y bicameralismo, orden del día, presidencia interna, proceso legislativo, presentación de iniciativas, lectura de proyectos de ley, quórum, sesiones, debates y votaciones para la formación de la denominada “decisión parlamentaria” o “voluntad parlamentaria”. Por cuanto al ejercicio de las potestades congresionales basadas en los principios de autonomía e independencia, como elementos del tipo ideal parlamentario, los poderes de las asambleas políticas occidentales han sido estudiados profusamente por diversos autores: facultades legislativas, de representación, de expresión de conflictos de intereses, de socialización y educación políticas, y de vigilancia, supervisión e investigación (La Palombara, 1974); de delimitación, de control, y de reivindicación y oposición (Duverger, 1988); legislativa, financiera y presupuestaria, de control, de dirección política, jurisdiccional, y de expresión o representación (Santaolalla, 1990). Así, las actuales constituciones y asambleas políticas responden orgánicamente al tipo ideal construido en los últimos 250 años e, incluso, la evidencia actual apunta hacia la integración de formas supranacionales de organización económica y política, que se han reflejado en la formalización del primer parlamento continental, el europeo (De la Peña, 2001; Norton, 2003), y la discusión sobre la aprobación de una constitución también de orden continental en ese mismo espacio… Veremos.

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