Columnas

Francisco Martín Moreno, 75 años

México mutilado

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Francisco Martín Moreno es un literato, no un historiador, la mayoría de sus libros son novelas históricas, no libros que ofrecen solamente datos lineales, comprobables y demostrables. Por ello, cuando ingresemos al universo de la novela histórica debemos tener claro que aunque los hechos narrados fueron acontecimientos reales, el novelista partiendo de esos hechos y personajes contará la historia de forma recreativa, imaginativa, ficcionada, teniendo como objetivo central darla a conocer de manera crítica, provocando dudas, modificando paradigmas, ensalzando héroes desconocidos y desnudando a los grandes traidores, ejemplos abundan en su amplia obra literaria, en esta ocasión vayamos a conocer la detallada historia de: “México mutilado”, sí, el México de Santa Anna, J.J. Herrera, Mariano Paredes, Gómez Farías, el México centralista, el México que sufrió la guerra contra los Estados Unidos y como resultado perdió gran parte de su territorio, de allí que sea: “México mutilado.”

La novela abarcará la historia de México de los años 1836-1848, narraré de manera resumida los sucesos para ingresar brevemente a la historia de la obra. En 1836 un grupo de conservadores encabezados por Antonio López de Santa Anna y Lucas Alamán, desconocieron la Constitución Política de 1824, (la primera constitución vigente del México independiente, de corte federalista, republicana), y entró en vigor las Siete Leyes Constitucionales, instaurando un gobierno centralista. Este hecho provocará descontentos, levantamientos, caos, anarquía, y en el caso particular de la Entidad de Tejas, anuncia su separación de México y se pronunciará como República independiente.  

Existe un antecedente muy conocido previo a la declaración de independencia de Tejas, me refiero al interés directo y público que habían manifestado los Estados Unidos por adquirir parte del territorio mexicano, el vecino del norte estaba viviendo un proceso de expansión territorial, ya habían comprado La Luisiana a los franceses y La Florida a los españoles, pero su verdadero interés en la década de los treinta del siglo XIX, era adquirir Tejas, Nuevo México y California, para lograr ese objetivo primero ofrecieron la compra a través de dólares, al no conseguirlo así, estratégicamente empezaron a poblar Tejas, y como en México se vivían constantemente golpes de Estado, derrocamientos, los tejanos (teniendo atrás el interés estadounidense), decidieron separarse de México y se convirtieron en una República supuestamente independiente, la historia nos enseña que años después se anexarían como un Estado más de la nación de las barras y las estrellas, empero, hasta 1836 estamos hablando del conflicto inicial con Tejas, recordemos que el deseo era mucho más grande, Nuevo México y California, y para ello Estados Unidos bárbaramente tuvo que declararle la guerra a México, el lema fue, o me vendes por las buenas o te lo quito por las malas, pero tu territorio sí o sí será mío.

Los sucesos históricos antes narrados son la materia prima de los temas abordados en la novela por Francisco Martín Moreno, estos diez u once años de historia de México noveladamente los cuenta de una manera detallada, amplia, erudita, en la obra nos encontramos con muchos personajes conocidos, otros en lo personal totalmente desconocidos, y en mis investigaciones extra-novela, resultaron  personajes reales, muchos hechos verdaderos y trascendentales, que hacen que la lectura a pesar de ser una recreación y ficción nos deje pensando y cuestionado datos que no conocíamos o los conocíamos equivocadamente, y sobre todo, si debatimos la vigencia de la obra, su crítica, visión y posición, para los tiempos actuales, en muchas partes la novela tiene algo que decirnos y explicarnos, verbigracia, cuando el autor se refiere a la figura de Antonio López de Santa Anna, aquí Martín Moreno describe la imagen de un gobernante populista, dictatorial, autoritario, anti-demócrata, recuerda que en tres ocasiones (1833, 1842, 1844) disolvió el Congreso de la Unión, en palabras textuales expresa:

Si algo podía desquiciar a Santa Anna, Su excelencia, era, sin duda, la existencia de los Congresos, la oposición, los contrapesos políticos propios de una estructura republicana. En la mente de un dictador resultaba imposible darle cabida a semejantes instituciones liberales y democráticas, que se atrevían a desafiar su indisputable autoridad, ¿Cómo refutar a quien se ostenta como titular apodíctico de la verdad?

Los herederos de la estirpe de Santa Anna no se han ido de nuestro continente, sólo basta recordar que el pasado domingo 7 de noviembre del presente año, en Nicaragua se realizaron elecciones presidenciales y Daniel Ortega a pesar de tener catorce años de manera ininterrumpida en el poder, todavía quiere seguir dominando y oprimiendo a esa nación, sin olvidar que ya fue Presidente de 1985-1990, ¡Veinte años en el poder! ¡Veinte años! En pleno siglo XXI.  Hay una parte de la novela que considero muy importante compartir porque de alguna manera explica porque a todos los países latinoamericanos les ha costado vivir en democracia, en Estado de Derecho, y consecuentemente existe atraso, subdesarrollo, golpes de Estado, autoritarismos, dictaduras, populismos, etc. esta parte se encuentra en un escrito de una periodista estadounidense llamada Jane Storms, la periodista es una de la primeras en acuñar el término: “Destino manifiesto”, es decir, ellos creían que eran la nación elegida y destinada a expandirse por todo el mundo, la expansión no sólo es buena sino necesaria. El artículo periodístico señala en plena guerra las diferencias entre México y Estados Unidos, transcribiré sólo algunas:

Las colonias norteamericanas lucharon, desde un principio, por conservar las instituciones políticas inglesas, tales como el gobierno representativo, la ley común, el sistema de jurado popular, la supremacía de la ley, el sistema de impuestos y la subordinación del ejército a la autoridad civil. Gozamos de unidad nacional, arraigo institucional, soñábamos con la idea de una patria nueva y promisoria. Las colonias españolas, por el contrario, en trescientos años, nunca contaron con un gobierno representativo ni hubo subordinación del ejército ni de la iglesia al poder civil en razón de los fueros ni se dio unidad nacional ni arraigo institucional ni identificación con el país.

Nosotros no rompimos con nuestro pasado, mientras los mexicanos sí rompieron con el suyo, de ahí advino el caos. Nosotros nos convertimos en anglosajones modernos, plenamente convencidos de nuestra nacionalidad; ellos rechazaron lo español, pero también lo indígena y, por lo tanto, cayeron en una confusión al no saber ni qué eran ni cómo deseaban ser en todos los órdenes de su vida.

Nuestros colonos se consideraban justificadamente elegidos por Dios para crear una comunidad ejemplar encargada de regenerar el mundo. Eran hombres de negocios, dueños de sí, acostumbrados a tener autoridad y que llegaban a América con sus familias para glorificar a Dios por medio del trabajo y a vivir una vida honesta y próspera, ya que el triunfo de la profesión era un signo de elección divina. Para nosotros trabajar es orar. Para los españoles el trabajo es impropio de su categoría social.

Los conquistadores no eran colonos: ellos venían solteros, a enriquecerse a costa de los demás con la esperanza de gozar su fortuna en España. Después de comerse el fruto tiran la cáscara mexicana.  Su avidez por el lujo y la vida material no se satisfacía por medio del trabajo, sino del despojo, del privilegio y de la influencia. ¿Eso se entiende por patria?

En Estados Unidos, de 1789 a 1847, en cincuenta y ocho años, hubo 11 presidentes sin que ninguno de ellos hubiera terminado su mandato en forma violenta. En México, de 1821 a 1846, en veinticinco años, se cambió en 33 ocasiones de titular del Poder Ejecutivo. ¿Cómo construir una nación sin estabilidad política? ¿Quién tiene un mejor derecho a adueñarse del mundo?

México mutilado” es una novela que cala hondo y deja una sensación de que todavía existen heridas que no hemos sanado porque no las hemos confrontado, parafraseando a Octavio Paz, vivimos en un laberinto de vacío, soledad, caos, resentimientos, frustraciones. En el siglo XIX la lucha era entre liberales y conservadores, hoy entre fifís y chairos, creo que ya es tiempo de ser mayores de edad y vivir nuestra presente realidad con mayor responsabilidad, porque es innegable que los hechos del pasado nos mutilaron territorialmente, pero jamás nos podrán mutilar espiritualmente y allí está nuestra gran esperanza. Vivámosla.

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