Columnas

Three amigos: Sentido común

Manuel Zepeda Ramos.

Ayer, jueves 18 de noviembre en Washington, en la Cumbre de Líderes de América del Norte -Biden, Trudeau, López Obrador-, el presidente de México dijo lo siguiente:

«…la ratificación del Tratado ha sido una acertada decisión de nuestros pueblos y naciones. La integración económica con respecto a nuestras soberanías es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia, derivada del crecimiento de otras regiones del Mundo, en particular la expansión productiva y comercial de China. No olvidemos que mientras Canadá, Estados Unidos y México representamos el 13% del mercado mundial, China domina el 14.4%. Este desnivel viene de hace apenas 30 años, pues en 1990 la participación de China era de 1.7% y la de América del Norte era de 16%. De mantenerse la tendencia de la última década durante otros 30 años, para el 2051 China tendría el dominio del 42% del mercado mundial. Nosotros -Estados Unidos, Canadá y México-, nos quedaríamos con el 12% el cual, además de ser una desproporción inaceptable en el terreno económico, mantendría viva la tentación de apostar a resolver esa disparidad con el uso de la fuerza, lo cual nos pondría en peligro a todos.. Por eso, lo más conveniente será fortalecer nuestras economías, fortaleciéndonos comercialmente en América del Norte y en todo el continente. Las ventajas son muchas: contamos con fuerza de trabajo joven y creativa, con desarrollo tecnológico y con una gran riqueza de recursos naturales. La distancia entre nuestros países nos permite ahorrar en transporte y existe suficiente demanda en nuestros mercados. El consumo per cápita de América es de 18 mil 100 dólares anuales, mientras que en Asia es de 4 mil 400 dólares. Sin embargo, en la actualidad, un consumidor de nuestra región tiene que ponerse en lista de espera para adquirir un electrodoméstico o un automóvil porque no hay chips o porque aumentó el precio del Transporte marítimo. El problema de fondo es que no estamos produciendo lo suficiente y estamos obligados a importar mercancías de otros países. Es una paradoja que haya tanto circulante en América del Norte y los puertos del Pacífico estén saturados de mercancías procedentes de Asia ¿Por qué no podemos producir en América del Norte lo que consumimos? ¡Claro que sí! Es asunto de definición y estrategia. Desde luego, sucedería al planear conjuntamente nuestro desarrollo al impulsar un programa de inversión productiva en América del Norte para la sustitución de importaciones. Deben definirse, de manera conjunta, objetivos precisos y hacer a un lado mitos y prejuicios: dejar de rechazar a migrantes que es fuerza de trabajo que hoy no se tiene en Estados Unidos ni en Canadá ¿Por qué no estudiar la demanda de mano de obra y abrir ordenadamente el flujo migratorio? El Tratado Comercial es un valioso instrumento para consolidar nuestros procesos productivos». Hasta aquí, lo dicho por el presidente de México en la cumbre de «los tres amigos».

Sin lugar a dudas lo digo, el discurso pronunciado por López Obrador en la Cumbre de Líderes en Washington es el discurso de un estadista. Nunca, desde que es presidente de México desde hace casi tres años, había dicho lo que oímos el día de ayer. 

Sentido común, absoluto. Que no es precisamente el más común de los sentidos.

Lo aplaudo y reconozco.

Hace una semanas, en este mismo espacio, ante la crisis económica que China enfrenta, dije que algunos empresarios estadounidenses instalados en aquel país de oriente empezaban hacer maletas y a ver a México como el destinatario natural de sus empresas e, incluso, algunos ya estaban en negociaciones con parques industriales del norte del país. También dije que los obreros de la construcción que levantan grandes rascacielos inteligentes en Texas -en Houston principalmente-, así como los obreros de la construcción del Canadá, eran paisanos que se fueron hacia allá en busca de la América y la encontraron. México empieza a ser el lugar por lo que López Obrador argumenta, para que se convierta en el sitio ideal para la instalación de empresas cercanas al corredor comercial más importante y rico del Planeta y el que, por supuesto, México es socio igualitario como el presidente Biden argumentó el día de ayer.

Con el tiempo y para siempre, habremos de acordarnos del discurso que el presidente de México pronunció aquel 18 de noviembre de 2021 en la capital de Estados Unidos.

Sin embargo, quedan pendientes asuntos de toral importancia.

A partir de ahora, López Obrador deberá de convertirse en presidente que debe ser de TODOS los mexicanos, tal y como lo juró aquel primero de diciembre de 2018 en la cámara de diputados y que tantas expectativas levantó y que, al paso de tres años, se fueron extinguiendo en un México que hoy luce dividido y partido por la mitad. 

El presidente de México debe componer su relación con los empresarios, de México y el extranjero, los mismos que fueron capaces de sostener la economía de sus trabajadores y sus familias a piedra y lodo durante la Pandemia y que ahora habrán de ser protagonistas en la implementación del T-MEC. Es hora de curar las heridas para empezar una relación profunda y solidaria. Nunca más humillaciones y malos tratos para los empresarios. Si hay deshonestos, que los procese.

Es hora de cesar las diferencias con el INE, el instrumento ciudadano de todos los mexicanos que hoy goza de una popularidad mayor que la del presidente y que pudo hacer una elecciones creíbles, democráticas para que el actual presidente llegara al poder de manera tersa para bien de nuestro país.

Es hora de reconstruir la relación con las mujeres de México, con los intelectuales de la creación y el pensamiento, con los científicos que son muchos y muy valiosos, con las madres y padres ofendidos por las enfermedades de sus hijos, con los hombres del campo que hoy pueden ver al final de la oscuridad una luz que le permita volver a producir la tierra con utilidades que serán producto de su esfuerzo laboral y no por limosnas recibidas.

Ha llegado la hora de la reconciliación por el bien de todos.

La reforma eléctrica tendrá que revisarse a fondo -o cancelarla-, porque puede convertirse en la gran piedra de toque que de al traste el acuerdo comercial y productivo más importante del Planeta. 

El tratado comercial de América del Norte, nos puede convertir en el gran país que los mexicanos quieren.

El próximo año habrá otra cumbre tripartita, acá en la capital de nuestro país.

Estoy seguro que los grandes temas acerca de la Migración, Pandemia, Medio Ambiente y Seguridad, planteados ayer claramente en Washington, tendrán ya los primeros resultados positivos cuando se celebre la segunda cumbre.

El acuerdo con Canadá acerca de la energía hidroeléctrica ayer acordada entre los dos líderes, estoy seguro que aportará mucho para la producción de energías limpias. Trataré de hacer mi próximo artículo al respecto.

Me place en congratularme porque el parteaguas surgido justamente a la mitad del sexenio presidencial en boca del propio presidente de México, ya saludado por empresarios de los tres países y el pool de prensa de la Casa Blanca, haga de nuestra tierra un enclave de gran trascendencia.

Que así sea.

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