Columnas

El amor en la dramaturgia de Alejandro Casona (II)

Nuestra Natacha

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

En el año 1931 a Alejandro Casona le encomendaron la dirección del Teatro Ambulante y Teatro del Pueblo, este proyecto lo llevó acabo de manera magistral recorriendo pueblo tras pueblo en la España de la preguerra civil, el propio dramaturgo sobre esta bella experiencia declaró: “Recorrimos los artistas, muchachos estudiantes y yo –declaró entonces Casona –, en días de fiestas, domingos y vacaciones, pueblos y aldeas próximos a la capital y a varias otras provincias. Era un teatro como el que pasa en la carreta del Quijote: sencillo, montado casi siempre en la plaza pública, con un escenario levantado con madera toscas por los propios muchachos artistas. Los trajes eran muy sencillos, realizados con un gasto mínimo de unas pesetas, y el carácter general de este teatro era la belleza, predominantemente lirica,  aliándose con las antiguas canciones populares corales y los romances tradicionales… Si alguna obra bella puedo enorgullecerme de haber hecho en mi vida, fue aquella; si algo serio he aprendido sobre pueblo y teatro, fue allí donde lo aprendí. Trescientas actuaciones al frente de un cuadro estudiantil y ante públicos de sabiduría, emoción y lenguaje primitivos, son una tentadora experiencia.

La guerra civil española puso fin a este bello proyecto cultural, no obstante, en esos años de Teatro Ambulante se escribieron obras, se presentaron clásicos de la dramatúrgica universal, y en el caso particular del Alejandro Casona, escribió una obra de teatro que se estrenó en Madrid en1936 titulada: “Nuestra Natacha”, donde parte de la historia narra románticamente la experiencia del Teatro Ambulante, incluyendo temas como el amor, la solidaridad de los estudiantes, se realiza una fuerte crítica contra el autoritarismo, contra ese sociedad rígida, insensible, algunos personajes representan a las nuevas generaciones con ideas modernas, progresistas, y por otra parte están los personajes que encarnan a una España que seguía anquilosada en el pasado y no quería salir de él, de hecho, el resultado de la guerra nos enseñó que por varios años más triunfó el pasado sobre el futuro, la dictadura sobre la democracia, el autoritarismo sobre la libertad, sin embargo, aunque los dogmatismos en momentos se impongan, aunque los populismos, el fascismo, la intolerancia, triunfen; también es verdad que el mal nunca reinará de manera permanente y más porque la esencia del hombre es luchar por la libertad, aspirar a la igualdad, los hechos nos demuestran que siempre ha sido así, y seguimos siendo así, hoy a nosotros nos toca bregar contra la opresión, la uniformidad, el fanatismo, la terquedad, y una manera de hacerlo es acercándonos a este tipo de teatro liberador, critico, humanista, romántico, un teatro que podría parecer quijotesco, empero, ¿Acaso no es la ilusión de una mejor vida la que día a día nos inyecta de energía para ser mejores en lo individual y social? Sí, creo firmemente que esa es la esencia del hombre por materializado que parezca.   Por lo tanto, se abre el telón y conozcamos la historia de “Nuestra Natacha”.

La pieza teatral se compone de tres actos, aquí nos encontraremos con varios personajes sobresalientes, claro está que todos giran en torno a Natalia Valdés, “Natacha”. Los estudiantes viven en la residencia de estudiantes de Madrid, Natacha es la primera mujer de España en doctorarse en Ciencias Educativas, todos sus compañeros están felices por ella, Santiago que es Rector de la Universidad y amigos de los Estudiantes es los personajes que se siente más orgulloso por el logro de Natacha, el motivo de esta enorme felicidad son los orígenes de la bella y singular Natacha, lo platico.

Natalia quedó huérfana de niña y sus tutores decidieron enviarla al reformatorio de las Damas Azules, aquí la aún niña fue tratada inhumanamente, cuenta Natacha que el reformatorio se asemeja más una cárcel que a un lugar donde puedan educarse a los jóvenes con amor y buenos principios. Natacha recuerda su infancia y primera juventud con terror, tristeza, y siente un enorme agradecimiento por el tío Santiago, ya que el Rector fue quien la liberó de ese monstruoso centro de supuesta educación y formación de jóvenes. Uno de los estudiantes llamado Lalo se está encargando de organizar el proyecto del Teatro Ambulante, Lalo es un joven pudiente, se percibe como buena persona pero inestable, eso sí, muy activo y solidario con sus compañeros estudiantes, Lalo y otros compañeros le dicen a Natacha que el Teatro Ambulante se presentará en al reformatorio de las Damas Azules, esta noticia puso helada a Natacha, sus recuerdos son muy dolorosos y lo que menos quisiera es regresar a ese lugar, de pronto, en la historia aparece un personaje llamado Sandoval, este busca a Natacha y le dice que el patronato del reformatorio de las Damas Azules la han elegido para que sea la nueva directora del reformatorio, Natacha al inicio duda, pero como le aceptaron las condiciones que ella pedía para dirigir el reformatorio, al final aceptó el proyecto de la dirección.

Antes que Natacha emprenda el viaje para dirigir el reformatorio Lalo le expresa su amor, ella lo rechaza y le hace ver que ese amor que él dice tenerle no es más que vanidad: “¿Por qué no le busca un cauce social a esa alegría, a esa fe en la vida que le desborda siempre?”Lalo decide no darse por vencido e intentará demostrar a Natacha que sus sentimientos son sinceros, en el segundo acto Natacha llega al reformatorio y empieza a llevar a cabo una serie de reformas que causaron muchas incomodidades al personal administrativo, maestros, y toda persona que trabajaba en el reformatorio, pero a las educandas las reformas las tenían felices, se eliminaron los castigos severos, se trataban a las educandas con respeto, se les preguntaban sus inconformidades, deseos, propuestas, por supuesto que en una sociedad cerrada este tipo de reformas incomodaron mucho, los jóvenes estudiantes encabezados por Lalo llegaron al reformatorio y presentaron una obra de teatro titulada: “Balada de Atta Troll”, obra inspirada en el poema satírico de Heinrich Heine.

Todo lo anterior sucede en el segundo acto, ya para el tercero Natacha empezará a tener fuertes problemas por las profundas reformas efectuadas en el reformatorio y la despedirán del cargo, aquí aparecerá nuevamente la figura de Lalo, quien con sus hechos le demostrará a Natacha que si bien es un joven alegre, en momentos no serio y  poco responsable, tiene muy claro no sólo que la ama, sino que las buenas obras que están realizando como generación deben seguir adelante, tanta es la nobleza, buena disposición y actitud de Lalo, que logra hacer que Natacha se enamore de él:

Don Santiago. –Ese muchacho te quiere de verdad. Natacha. –Lo sé; y esa es mi angustia. Porque yo también lo amo, tío Santiago. Aquí le he conocido bien: un alma siempre abierta; el primero en la alegría, el primero en el trabajo. Un hombre. Lalo no tenía más que el gran pecado de nuestra generación: pensar que el corazón no es elegante, y tratar de esconderle siempre. ¡Y cuanta fecundidad posible, cuanta nobleza humana se nos ha ahogado a todos ahí debajo! Santiago. –Y queriéndole así, ¿le vas a dejar marchar? ”

El Teatro Ambulante dirigido por Alejandro Casona terminó en el año 1936, las estúpidas y estériles guerras siempre acaban con muchas cosas de valor, aun así, Natacha y Lalo se siguen amando y el Teatro del dramaturgo Alejandro Casona sigue triunfando y cabalgando…he aquí.

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