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Galería Ramón Alva de la Canal exhibe obra de Arturo Rodríguez Döring

  • Son 25 relieves mayas y algunas páginas del Códice Rojo, que desde el pasado 26 de enero y hasta el 20 de febrero permanecerán en este recinto de la UV 

Xalapa, Ver., 11 de febrero de 2022.- Las 36 obras recientes (realizadas entre 2019 y 2021) que integran la exposición individual 25 relieves mayas y algunas páginas del Códice Rojo que desde el pasado 26 de enero y hasta el 20 de febrero Arturo Rodríguez Döring presenta en la Galería Ramón Alva de la Canal, de la Universidad Veracruzana (UV), resultan de una extrema complejidad, lo cual obliga a transitar en su lectura del análisis a la síntesis y de ésta al primero. 

Dicha cualidad deriva entre otras cosas del hecho de que si, por una parte, el artista se asume con su obra como continuador de aquella tradición pictórica occidental que está basada en la aplicación de la teoría del color que tiene su antecedente más intenso en la producción neo-impresionista, y que pese a ello este autor retoma del Romanticismo, por otra parte este mismo conjunto de obras constituye un claro ejemplo de arte decolonial; esto es, del que es opuesto al colonialismo de Occidente. Lo que sucede en el caso de 25 relieves mayas… es que las pinturas que conforman esta muestra son soluciones en imágenes de pares de opuestos −como los mencionados− y hasta de triadas de conceptos que él yuxtapone y, en otros casos, contrapone. 

La exposición 25 relieves mayas… está integrada por 25 pinturas al óleo sobre telas bordadas y adheridas a soportes rígidos de madera. Las telas en cuestión son falsificaciones −seguramente provenientes de la industria china− de tejidos tradicionales mayas que las personas pobladoras de Guatemala ofrecen en venta al turismo local y extranjero y, solo en algún caso, se trata de una tela artesanal auténtica. Estos textiles están adheridos a madera e imprimados de manera que permanezcan visibles los relieves de sus tramas y, por ende, de sus diseños (que constituyen comunicaciones visuales).  

En 16 de estas pinturas Rodríguez Döring representa, al fondo, el volcán San Pedro y el celaje; hacia el frente, las aguas del lago adyacente al volcán visto desde la población guatemalteca llamada Panajachel y, en primerísimo plano (pintado con el mismo esmero y detalle que el resto de cada cuadro), alguno de los muchos objetos encontrados por él en los muelles y en el malecón del lago y que son parte de la basura que abandonan quienes, sobre todo durante los fines de semana, visitan como turistas ese lugar1.  

Ocho pinturas tienen como elemento principal la representación de alguna estela de la Cultura Maya o algún detalle de estos monumentos y, además, la reproducción de una etiqueta que identifica la proveniencia de plátanos de las plantaciones de la United Fruit Company. Las páginas del Códice Rojo a las que se refiere el título de esta individual son pinturas en acrílico sobre papel amate2, en las que este artista trabaja elementos que provienen de nuestro pasado mesoamericano. 

La innegable elocuencia que caracteriza a las pinturas que ahora expone Rodríguez Döring deriva de la capacidad de este artista para asombrar, impactar, sorprender y, con mucho, intrigar e incluso agredir a los públicos. Sus pinturas causan azoro como consecuencia de la hábil combinación que él consigue, a manera de un entramado contrapuntístico, de los recursos expresivos que utiliza −sean éstos convergentes o antagónicos− y los asuntos que aborda, tales como lo trivial (la representación de basura, que a final de cuentas cobra una gran importancia), lo sublime (el paisaje lacustre y montañoso) y lo precario (el riesgo ecológico que implica la contaminación por basura para el entorno natural). O bien como lo típico (la venta de artesanías o falsas artesanías por parte de la población indígena de la región que otrora constituyera Mesoamérica), lo placentero (el turismo en zonas arqueológicas) y lo nefasto (la violencia estructural contra quienes son descendientes de nuestra población originaria, con énfasis en la explotación inherente al cultivo de plátano en beneficio de empresas estadunidenses). O lo insólito (la representación de un ejemplo de basura en primer plano y, al fondo, un lago, una montaña y el cielo), lo grotesco (el que el turismo constituya la principal fuente de ingresos para quienes son indígenas y que ese turismo contamine con basura) y lo dramático (que haya quienes continúan ofendiendo a muchos países de Nuestra América con el término de “repúblicas bananeras”). O, para el caso de las estelas de la Cultura Maya y la infame presencia de la United Fruit Company, el par de categorías de lo perdurable y lo brutal; y para el de los desechos y el paisaje, lo estable y lo frágil. 

Amén de la función temática que les asigna a sus opciones expresivas y a la función expresiva o estética que establece para sus temas, Rodríguez Döring aborda otros asuntos en forma simultánea y entreverada. En varios de entre éstos les confiere, a elementos técnicos y formales (esto es, a los específicamente artísticos), funciones de contenido. Así, el color mismo deviene tema al protagonizar las escenas pintadas a consecuencia de la refracción de la luz blanca al interactuar con el aire, las nubes, la vegetación, la geografía, el agua, los objetos, los animales o las personas, lo cual genera cambios cromáticos con base en la época del año, la hora o el clima, entre otras variantes.  

Es por lo anterior que este artista pinta el volcán San Pedro diferente en cada cuadro, pese a que el encuadre de la escena sea el mismo, y es por esta misma razón por la que seleccionó, con base en las armonías de color, cuál ejemplo de basura retratar en cada caso. Inclusive, hay otro componente de lo artístico que, en esta exposición, cumple con un papel temático: el de la vigencia del quehacer pictórico en el contexto del arte contemporáneo, mismo que él apuntala con elevada solvencia. Un tema relevante en este conjunto de obras es el que deriva de la presencia, oculta por la imprimatura, de los diseños textiles de los soportes de las pinturas de este autor. Se trata de elementos formales que tienen propósitos comunicativos y que, pese a que no todas las personas occidentalizadas y colonizadas somos capaces de leer, subsisten hasta la actualidad y permanecen ahí, subyacentes, pero sobre todo latentes. Rodríguez Döring subraya la temática de la persistencia de los saberes ancestrales en su Códice Rojo

Este autor enfoca los contenidos de sus obras con profundidad y de una manera sumamente provocativa. Lo hace desde una posición de integridad como profesional de las artes y con algo de desasosiego. Los tratamientos a los asuntos que aborda son precisos, persuasivos y (otra vez un par de opuestos complementarios), con una pertinente combinación de ludismo y severidad. A juzgar por esta exposición con obras de su autoría, para Arturo Rodríguez Döring la utilidad de su quehacer como artista es la de participar en el cambio de los paradigmas dominantes en el campo cultural.  

Es por eso que sus pinturas sobre telas bordadas e imprimadas y sobre papel amate apuntan a lo decolonial, también a una solución entre expansión del arte y artecentrismo (lo segundo, por sus alusiones a la tradición occidental), a la utilidad social, a los procesos de sanación, a lo heterogeneizante, a lo solidario, a la no subalternidad (de ahí que se asuma como continuador de vertientes de la pintura de Occidente en cuanto a la aplicación de la teoría del color), a un nuevo utopismo, a la irreverencia, a cierto artivismo y a lo comunitario, todo lo cual resulta contracultural. Es decir que, para él, la utilidad del arte del presente es la de cimentar un arte por venir; un arte otro que es tan posible como urgente. Y eso es reconfortante en tiempo del predominio postvanguardista que tiene vigencia desde los 80 del siglo pasado. 

En la actitud con la que acomete sus obras se advierte un decidido compromiso con la transformación de la realidad tangible y no solo de la artística. Además, en este rubro se detecta otra dupla: procede con optimismo y, a la vez, con objetividad. Sus pareceres sobre el contexto del presente son de rebeldía, testimoniales, vitales y humanistas. En lo que concierne a la eficacia que consigue para la comunicación de sus contenidos cabe resaltar que, debido a la citada complejidad que sus obras presentan, éstas resultan algo enigmáticas para algunos sectores de los públicos no especializados. En las pinturas que ahora muestra evidencia su interés por generar evocaciones, así como procesos de asociación. Por otra parte, el hecho de que sus contenidos no resulten explícitos en una primera lectura es algo que propicia la ampliación de las opciones interpretativas entre las personas que somos las destinatarias del resultado de su labor. 

Con referencia a lo específicamente artístico, amén de lo ya mencionado con relación a las funciones temáticas que les concede a algunos importantes componentes de este rubro, cabe reconocer que Rodríguez Döring cuenta con un lenguaje individual consolidado, el cual descansa en constantes sobre todo cromáticas. 

Las series que ahora muestra constituyen un evidente avance en el desarrollo de sus planteamientos, y cabe afirmar que su trabajo es tan decidido como atrevido. La aplicación de un método heurístico al momento de resolver sus obras lo conduce a la innovación y al aporte a la cultura artística. Si en sus óleos con paisajes y representaciones de basura puede realizar mezclas cromáticas sobre las superficies pictóricas, en los que alude a estelas construye sus imágenes mediante pinceladas superpuestas y contiguas, en tanto que en su Códice destacan los trazos largos combinados con pinceladas cortas, así como los escurrimientos y el aprovechamiento de las características del soporte como “fondo de ninguna parte”. Este artista aplica el amplio repertorio técnico mencionado con indudable osadía.  

Rodríguez Döring consigue altos rangos de calidad de factura como consecuencia directa del manejo diestro, decidido y audaz que hace tanto de su acervo técnico como de los procesos de producción que utiliza a lo que hay que agregar, para el caso de su actual exposición en la Galería Ramón Alva de la Canal, un formidable enmarcado.  

En contraste con la extrema complejidad de los rubros estético y temático hasta ahora referidos, para sus soluciones compositivas este autor elude las tensiones y recurre, en cambio, a la simetría axial (la cual, en el caso de su Códice remite a la etapa post pop3 de su obra, durante la cual pintaba sobre soportes manufacturados con tela plastificada que se utiliza para confeccionar manteles para fondas y mercados), así como a la compensación de pesos visuales. Su filiación voluntaria a un léxico colectivo emergente que practican quienes, como él, buscan establecer un arte del futuro inmediato que sea opuesto al del mainstream actual deriva de su rigor autocrítico como artista. La suya es una obra acertada, a la vez que trascendente. 

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