Columnas

AMLO y la disputa discursiva (I)

Héctor Herrera Argüelles

“No digas: es imposible. Mejor di: aún no lo he logrado”: Emilzan

El Presidente está enojado y tiene razones para estarlo. Los señalamientos contra uno de sus hijos lo han desbalanceado. Las acusaciones han pegado en el centro de flotación discursivo del primer mandatario.

Tiene motivos, porque una casa gris rentada no es lo mismo que una casa blanca. Sin embargo, la maniobra debilita ante la opinión pública la narrativa pro honestidad del presidente. La variable discursiva tiene matices.

Lo que habíamos de preguntarnos y resolver en coyuntura es: ¿Qué beneficio obtiene el primer mandatario de que uno de sus hijos y su familia, renten una casa lujosa en una ciudad norteamericana?

Pesa sobre la circunstancia un presunto tráfico de influencias, que habría permitido obtener al hijo del presidente un trabajo en los Estados Unidos para poder solventar sus gastos en aquel país.

Vidanta, que es la empresa que ha dado chamba al hijo presidencial, niega conflicto de intereses, y sostiene que, las concesiones de las que goza, fueron obtenidas en sexenios anteriores.

Carolyn Adams, esposa de José Ramón López y la empresa Baker Hughes han rechazado abiertamente que exista un conflicto de interés en la renta de la llamada Casa Gris. La empresa sostiene que Keith Schilling, quien rentó la propiedad a la familia López Adams, efectivamente trabajó en la empresa del 2016 hasta diciembre del 2019.  Sin embargo, era funcionario de Baker Hughes capítulo Norteamérica y no tuvo injerencia en las operaciones de su filial en México.

El conflicto de fondo es si el ejecutivo intervino en la contratación de su hijo y en propiciar beneficios para las empresas de la familia Chávez. De ser así, hay que demostrarlo.

El presidente acusa una campaña para descarrilar su gobierno y su proyecto político. El mandatario tiene razón cuando acusa críticas sobredimensionadas, pero también es cierto que el ejecutivo se ha ensañado desde la “mañanera” contra quienes no comparten su visión de gobierno y que son contrarios a su causa desde hace muchos años. El conflicto no es nuevo.

Es un disenso y una abierta confrontación justa y necesaria. Antes de López Obrador, desde Los Pinos se manejaba la comunicación de los medios. Regaños, señalamientos, sugerencias y líneas editoriales se tiraban desde ahí. Despidos, remoción de periodistas, cambios de fuentes y nuevos comunicadores se “sugerían” desde la casa presidencial.

Hoy en día, no hay líneas de comunicación o sugerencias editoriales que se gesten y transmitan desde Palacio, porque obviamente no paga para ello. Antes se removían conductores y periodistas. Ahí están los casos de Carmen Aristegui y de José Gutiérrez Vivo, solo por citar algunos.

El caso de Carlos Loret se mueve en otra pista, la del interés de Televisa de congraciarse con el nuevo gobierno. El antecedente de Carlos pasa por el montaje televisivo, auspiciado y sugerido por Genaro García Luna, hecho que, provocó, además, un conflicto internacional con el gobierno de Francia. Este hecho, entre otros, pasa por la pérdida de credibilidad.

Dicho por concesionarios de la radio y la televisión: “Este gobierno no habla para sugerir ni tampoco para molestar”. Sin embargo, a partir de esta nula injerencia, el discurso de los medios se ha radicalizado contra la figura presidencial, antes casi intocable. Hay dureza en ambos bandos.

Sin embargo, al Presidente debe tener claro que medios y periodistas no están para aplaudir y echar porras. Un periodista señala irregularidades, pero también reconoce aciertos cuando los hay.

Algo positivo debe emerger de la actual confrontación discursiva a la que tampoco estábamos acostumbrados. Un choque narrativo provoca opiniones y posturas, nuevas discusiones, nuevos escenarios. Ello abona a la democracia, no la limita.

El Presidente dice que su pecho no es bodega y “provoca” discusiones. Los medios responden a la provocación y generan contenidos que también abonan a la narrativa pública.

Los medios, presidente, van a seguir en lo suyo. Los medios señalan al poder, no le aplauden ni siquiera en sus mejores momentos. Coincido con Federico Arreola cuando asegura que “el presidente respeta códigos éticos en el debate”, mientras hay muchos que utilizan la confrontación discursiva para vender.

En medio del choque discursivo, el presidente ha lanzado también un anzuelo que pocos han advertido. Periodistas de radio y televisión trabajan para concesionarios, pero las concesiones provienen del gobierno. ¿Hay concesiones en vilo?

De la libreta

  • Movimiento Ciudadano ya develó su estrategia, Va por militantes de Morena resentidos. Optaron por desechar al impresentable Roberto Palazuelos y ahora impulsan la candidatura del morenista José Luis Pech en Quintana Roo. Será la misma fórmula en la contienda presidencial.
  • La Fiscalía General de la República imputó al presidente del Tribunal Universitario de la UNAM y decano de la Facultad de Derecho, Eduardo López Betancourt, por la presunta comisión de los delitos de hostigamiento sexual agravado, tratos crueles, inhumanos y degradantes.
  • Siguen el descontento en la Secretaría de Bienestar del gobierno federal. Un grupo de los llamados Servidores de la Nación aseguran que, sus condiciones de trabajo son “deplorables” y no corresponden al discurso presidencial de gobernar para el pueblo. Dicen que “los servidores de la nación también somos pueblo”.

@HectorHerreraAR

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