Columnas

Mujeres sin violencia

Raúl Contreras Bustamante

El próximo martes 8 de marzo se conmemorará el Día Internacional de la Mujer. Se trata de una efeméride que encuentra sus orígenes a principio del siglo XX, cuando la sufragista alemana Clara Zetkin impulsó que se celebrara la participación de las mujeres en la vida laboral y pública, lo cual fue adoptado por las Naciones Unidas desde 1975 y proclamado por su Asamblea General, en 1977.

La intención que tienen los días internacionales es sensibilizar a la población del mundo acerca de temas de gran interés, como son los derechos humanos, el medio ambiente o la salud. Se trata también de llamar la atención de los gobiernos, medios de comunicación y sociedad civil para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha urgente de medidas políticas concretas.

En este caso, hablar de las mujeres, de sus derechos y el ejercicio real de los mismos, es referirse a una lucha cotidiana que a diario como sociedad libramos y que sigue encontrando severos obstáculos.

Un tema tan detestable como antiguo, son los casos de violencia contra la mujer que siempre han significado una afrenta en la historia de la humanidad. El problema es tan grande que las estadísticas señalan que 1 de 3 mujeres en el mundo han sufrido violencia física o sexual y 200 millones de niñas-mujeres han sufrido mutilación genital en algunos confines del planeta.

En México, los casos se extienden por todo el país y abarcan todas las facetas de la vida. Durante la pandemia de covid-19 un incremento de violencia generalizada irrumpió en la vida de las mujeres, ya que las medidas de aislamiento y confinamiento impuestas para tratar de detener los contagios del virus, generaron a la par un agravamiento de las agresiones en contra de ellas, dentro de su entorno familiar inmediato.

Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2021 se registraron al menos 253,736 presuntos delitos de violencia familiar en contra de las mujeres, lo que lo convierte en el año más violento desde 2015.

El confinamiento también agudizó la carga global de trabajo de las mujeres, pues de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, ellas tienen a su cargo 76% de todas las horas del trabajo de cuidado no remunerado, que representa tres veces más que los hombres.

La violencia contra la mujer ha sido una constante durante muchos años en la cultura mexicana. El acceso de las mujeres a la educación en todos sus niveles, su incorporación al mercado laboral —en cargos cada vez de mayor importancia— y su ejercicio ciudadano pleno, no termina por ser aceptado por muchos hombres que en su ignorancia e imposibilidad de someterlas, recurren al uso de la fuerza física y la agresión cobarde.

En la actualidad, los cambios culturales han comenzado y nos encontramos ante una nueva generación de mujeres que conocen, exigen y luchan por sus derechos. Mujeres que han decidido alzar la voz y visibilizar ante la sociedad entera que la violencia contra la mujer no es algo “normal”, ni aceptable y desde luego condenable.

En la Facultad de Derecho de la UNAM así se tiene entendido y se han implementado mecanismos efectivos para la atención de casos de violencia contra la mujer, a través de procedimientos sancionadores y medidas cautelares para asegurar un entorno universitario libre de violencia de género.

La educación representa una solución de fondo del problema y constituye una herramienta real y eficaz para romper los hilos que aun atan las libertades y derechos de las mujeres.

Como Corolario, la frase de la abogada estadunidense Michelle Obama: “La diferencia entre una comunidad rota y una próspera es la presencia de una mujer que es libre”.

(Excélsior 05 03 22)

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