Columnas

La Guerra(5)

Manuel Zepeda Ramos

Desastre humanitario.

Hemos visto, a veces en tiempo real, destrucción masiva de hospitales, aeropuertos y ciudades. Hemos visto la diáspora en toda su gran sumatoria: más de tres millones de niños, mujeres y ancianos ucranianos huyendo de la muerte y europeos vecinos recibiéndolos y dándoles casa, comida y sustento, como la haría cualquier ciudadano europeo cuya trágica memoria de la guerra trasciende a las generaciones. Hemos visto a niños, mujeres y ancianos muertos por el fuego de los invasores en sótanos que son también refugios antiaéreos por los disparos de misiles crucero desde la flota rusa estacionada en el Mar Negro a cientos -quizá miles-, de kilómetros de distancia.

Hemos visto en Mariúpol un espléndido teatro totalmente bombardeado y en llamas, destruido ante los ojos atónitos del Mundo con más de mil ucranianos dentro, a pesar de que en el techo hubo un letrero gigantesco que decía ¡NIÑOS! Dentro de la tragedia, aparece en el teatro la gracia de Dios: los rescatistas han encontrado niños y adultos ilesos y siguen encontrando y rescatando sin conocerse la cifra exacta de los que viven y los que murieron. Hemos visto y oído testimonios de los Médicos sin Frontera, heroicos, que nos dicen que la población civil, sin agua y sin calefacción, encuentra agua en el subsuelo para beber, derrite nieve para lo mismo y usa fogatas de la leña de la destrucción para calentarse. Hemos visto la destrucción de una base militar con muchos voluntarios del Mundo por la defensa de Ucrania a pocos kilómetros de Leópolis, ciudad fronteriza con Polonia y el paso a la vida de los Ucranianos que huyen de la guerra y que ven en Europa, y lo encuentran, un refugio inmediato y real, un paso efectivo para  librar a la muerte…por el momento. Hemos visto y lo aplaudimos, el segundo avión de la Fuerza Aérea Mexicana llegando sin novedad al AICM con más mexicanos y sus familias ucranianas y algunos sudamericanos que lograron el aventón. En el vuelo llegó Miguel de Jesús Maldonado Galindo, estudiante de piano en Kiev desde hace tres años que pudo llegar a Rumania para el feliz retorno con el invaluable apoyo de la eficiente embajadora de México en Ucrania. Miguel de Jesús es Veracruzano. Nació en Orizaba y su retorno lo celebro grande y gratamente.

Crímenes de guerra.

Biden le reafirmó a un periodista ante pregunta expresa que si Putin era un criminal de guerra. Putin contestó que ese dicho era imperdonable. Blinken, el secretario de estado de Biden, también lo dijo. Fueron momentos de gran tensión o quizá por ello Leópolis fue sumido en un bombardeo intenso, implacable, que destruyó el aeropuerto civil cuyos muertos aúnno lo sabemos y con ello otra posibilidad anulada de puente de salida o de entrada de la ayuda humanitaria.

El papá Francisco lo llama Caín al presidente de la federación rusa sin llamarlo por su nombre. Le pide a Dios que evite la masacre y si se salva, que lo cuide porque también es hombre.

¿Por qué Caín?

Porque Ucrania y Rusia -como «Chiapas y Guatemala que son plumas de una misma ala»-, lo son: secularmente hermanos. Apenas era el siglo IX. Los vikingos navegaban los ríos que comunican al territorio de lo que hoy es la zona de la guerra, comerciando con pieles. Kiev ya existía y Rusia solo era pastizales y bosques. Cuando se acabó la Unión Soviética, que tuvo 30 millones de muertos -cada familia tiene al menos un deudo-, durante la segunda gran conflagración en donde Ucrania fue parte importante de esas muertes por familia a manos de los nazis, cuando se acabó la Unión Soviética, digo, nadie reparó en que Ucrania decidió ser un país democrático, con decisión de asociarse con quien fuera.

Ucrania es el paso obligado de Europa hacia Rusia como así lo supo Napoleón y Hitler que la diezmaron, sitiaron pero no la derrotaron porque el frío intenso y la nieve fueron sus grandes aliados. Putin entró en acción y la península de Crimea pasó al territorio de Rusia en el 2014 y nadie dijo nada. Putin se dio cuenta que debía tener una cabeza de playa en el Mar Negro y así lo hizo.

Hoy, Rusia celebra en un estadio de Moscú, lleno hasta el tope, con cantos y danzas, fiesta pues, un año más de la llegada de Crimea a Rusia.

La historia milenaria de Rusia y Ucrania es muy larga.

¿Por qué Putin le responde con esa masacre que hoy el Mundo reprueba?

¿Es necesario acabar con un pueblo milenario que caminó muchos años de la mano de Rusia para seguir presente en el concierto mundial?

¿Acaso no somos animales racionales?

Hoy, el premier chino le dijo al presidente de Estados Unidos que lo que está pasando en Ucrania no puede seguir.

Esto no ha terminado.

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