Columnas

Clásicos de la literatura infantil en el mes de la niñez (IV)

“El Principito”

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Una de las joyas literarias del siglo XX es “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. La obra normalmente es ubicada como un relato infantil, pero su lectura es para todo público. Las historias y particularmente las reflexiones que los personajes realizan son tan profundas, que tendrán vigencia mientras el hombre exista. El libro fue publicado en 1943, esto implica que el mundo vivía tiempos violentos, tiempos de guerras, el creador de la obra fue un piloto aviador que vivió las crueldades de las dos guerras mundiales, de hecho, en 1944 emprendió el vuelo de una misión que le encomendaron y nunca más se supo de él, algunos historiadores afirman que posiblemente su avión fue derribado por aviones alemanes, lo anterior es importante tenerlo en cuenta, porque al habitar un mundo agresivo, inhumano, bárbaro, cruel, este panorama ensombrecido le proporcionará los temas sobre la vida y la condición del hombre, por cierto, condición no muy loable, no muy favorable, aun así, el mensaje que nos deja Exupéry en su obra es moralizante, edificante y muy esperanzador.

Estamos ante un relato de ficción, de fantasía, no exagero decir que es un relato magistral, atrapante, bello, noble y genuino en su intención, vayamos a conocer parte de la historia y, sobre todo, algunas de sus profundas reflexiones. El primer personaje que aparece en el relato es un aviador, éste cuenta que cuando tenía seis años de edad hizo un dibujo que para él era una boa comiéndose un elefante, al momento de mostrar su obra a las personas mayores, estas le dijeron que era un sombrero, desalentado por su falta de talento o por el consejo de las personas mayores, dejó de dibujar y al paso de los años se convirtió en piloto aviador, un día su avión sufrió una avería y el Piloto quedó varado en el desierto del Sahara, mientras intentaba arreglar su avión y padecía sed y hambre, el Piloto vio a un personaje pequeñito, es el famoso Principito de la historia, este personaje había venido de otro planeta y cuando se encontró con el Piloto lo primero que le pidió fue que le dibujara un borrego, a partir de aquí inicia una amistad única e inigualable entre estos personajes, por cierto, la amistad es un tema recurrente en el relato, porque el Principito le dice al Piloto que en el mundo de los hombres lo que menos les interesa es la amistad.

Los mayores gustan de cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, no os preguntan nunca lo esencial. No os dicen jamás: ¿Cuál es el tono de su voz? ¿Cuáles son sus juegos preferidos? O, ¿Es que colecciona mariposas? Ellos os preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos son? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Solamente entonces creen conocerlo.”

Avanzaban los días y el Piloto y Principito convivían y se conocían más y más, en ocasiones las preguntas del Principito irritaban al Piloto, un ejemplo es cuando le pregunta: ¿Para qué les sirven las espinas a las rosas?:

Yo no sabía. Estaba muy ocupado tratando de aflojar un perno demasiado apretado de mi motor. – ¡Las espinas no sirven para nada, es pura maldad por parte de las flores! – ¡Hablas como las personas mayores! – Sentí un poco de vergüenza, pero, implacable añadió: – ¡Tú confundes todo! …, ¡mezclas todo!”

El Principito estaba muy molesto por la respuesta, actitud, y desinterés del Piloto en saber porque las rosas tienen espina, por eso en su reclamo seguía diciéndole al Piloto: “–Conozco un planeta donde hay un señor colorado. Nunca olió una flor. Nunca contempló una estrella. Nunca amó a nadie. Nunca hizo otra cosa más que sumas. Y todo el día repetía como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!” y eso le hacía henchirse de orgullo. Pero este no es un hombre, ¡es un champiñón!”

Conforme pasan los días, el Piloto se entiende a la perfección con el Principito, éste le platicará su viaje por distintos planetas, en cada planeta se encontrará con múltiples personajes. En el primero con un Rey, quien cree que todos son sus súbditos y que él tiene el poder absoluto para ordenar y los demás sólo tienen que obedecer, al Principito le aburrió las pretensiones del Rey y después de un interesante dialogo se fue a otro planeta. Ahora se encontrará en el planeta del vanidoso, el Principito le pregunta: “¿Qué significa admirar? –admirar significa reconocer que yo soy el hombre más hermoso, el mejor vestido, el más rico y el más inteligente del planeta. – ¡Pero tú estás solo en tu planeta! –Dame ese gusto, ¡admírame, no obstante! –Te admiro –dijo el Principito encogiéndose de hombros –, pero, ¿en que puede interesarte esto? Y el Principito se fue.”

Seguirán por varios planetas, empero, el momento cumbre de los viajes es cuando el Principito llega al planeta tierra, aquí buscará encontrarse con los hombres, sin embargo, el encuentro más bello, profundo y valioso es cuando se encuentra con el zorro, este emblemático personaje del cuento le pide al Principito lo siguiente: “-Mi vida es monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me fastidio, pues, un poco. Pero si tú me domesticaras mi vida estaría llena de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen meterme bajo tierra. El tuyo me llamará fuera de la cueva, como una música… El zorro se calló, y miró largo rato al Principito: – ¡Si quieres, domesticarme! –Dijo. –Si quiero –respondió el Principito –, pero no tengo mucho tiempo. Tengo amigos que descubrir y muchas cosas que conocer. –No se conocen más que las cosas que se domestican –dijo el zorro –. Los hombres ya no tienen amigos. ¡Si tú quieres un amigo, domestícame!”

La historia con el zorro resulta inigualable, ejemplo es que hubo un momento que El Principito entristeció porque descubrió que la rosa que él tenía en su planeta no era única, que en un sólo espacio los humanos podían tener miles, para ese entonces el zorro ya estaba domesticado y quería mucho al Principito, el zorro le dijo que fuera a ver las rosas y que regresara porque le iba a confesar un gran secreto:

“–Vosotras no sois nada parecidas a mi rosa, no sois nada aun –les dijo –. Nadie os ha domesticado, y vosotras no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. Él no era más que un zorro parecido a otros cien mil. Pero yo lo he hecho mi amigo, y él es ahora único en el mundo. Y se volvió hacia el zorro: -Adiós –le dijo. –Adiós –dijo el zorro –. He aquí mi secreto.

“Es muy sencillo: Sólo se ve con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos.” 

La palabra domesticar en francés también significa familiarizarse, el zorro y el Principito crearon lazos, se dieron tiempo, ¡la importancia de darse tiempo! Hoy día lo que menos queremos dar es tiempo, vivimos muy aprisa obsesionados por construir, ganar, yo preguntaría: ¿Construir para qué? Acaso no nos damos cuenta que cada día es un camino a la finitud, sí, nos guste o no, así es. Luego entonces, lo más valioso de nuestro tiempo debe ser compartirlo con la gente que amamos, crear lazos, y para lograr estos primero debemos domesticarnos, domesticarnos…

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