Columnas

Miguel Alemán, el estadista

Raúl Contreras Bustamante

Esta semana se realizó una solemne ceremonia luctuosa con motivo del 39o aniversario del fallecimiento del presidente Miguel Alemán Valdés —quien estuvo al frente del gobierno federal entre los años 1946 y 1952— que tuvo verificativo en las instalaciones de la fundación que lleva su nombre.

Influenciado de manera significativa por su padre, el general Miguel Alemán González, quien le inculcaba que:

“Sus armas iban a ser los libros, que hiciera una carrera y estudiara leyes”, esto marcaría el resto de su vida y lo llevaría a estudiar y egresar de la Escuela de Jurisprudencia de la Universidad Nacional.

Durante el mandato del general Lázaro Cárdenas, e licenciado Alemán fue magistrado en el Tribunal Superior de Justicia del DF, senador y luego gobernador de Veracruz.

En el siguiente sexenio, el presidente Manuel Ávila Camacho lo designó como secretario de Gobernación, desde donde convocó a una pléyade de destacados juristas —como al entonces rector Alfonso Caso, Antonio Carrillo Flores, Mario de la Cueva, Raúl Cervantes Ahumada y otros universitarios de excelencia— para que ayudaran al gobierno a la elaboración de la Ley Orgánica de la UNAM, que aún nos rige con gran tino.

Al asumir la Presidencia de la República, Miguel Alemán demostró su profundo vínculo con la universidad nacional: “Esta ya es la época de los universitarios”, declaró al asumir el cargo, convirtiéndose en el primer Presidente electo de corte civil de la época postrevolucionaria. Así, los militares se retiraron de la política y se dedicaron a construir instituciones que son en la actualidad orgullo y garantía de la democracia mexicana.

Otro aspecto que marcó su labor fue su relación con el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, mandatario victorioso de la Segunda Guerra Mundial y político responsable del lanzamiento de la bomba atómica. Su carisma y habilidad fueron clave para establecer con Truman una relación cuidadosa, respetuosa de nuestra soberanía, y sin confrontaciones.

La gestión de Alemán estuvo caracterizada por el progreso, ya que la inversión pública y privada transformaron al país durante su sexenio. En materia de infraestructura el legado es inmenso, algo que hoy se antoja difícil de igualar.

La construcción de carreteras, presas hidráulicas, ferrocarriles, la refinería de Salamanca, ampliación de puertos, el desarrollo de Acapulco como centro de atracción turística.

En la capital las obras fueron espectaculares: la construcción del Viaducto que lleva su nombre, División del Norte e Insurgentes; el Auditorio Nacional, multifamiliares, la ampliación del aeropuerto.

Pero sin duda, la construcción de la Ciudad Universitaria es el más grande legado del presidente Alemán: la más luminosa, considerada como la obra de arquitectura más importante en el México del Siglo XX, reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

En la actualidad, la UNAM es una de las más importantes instituciones educativas del mundo, que ha permitido a miles de mexicanos mejorar sus condiciones de vida y contribuir al desarrollo de la nación.

Hoy, los universitarios conformamos una comunidad autónoma, plural, de ideologías diversas y convicciones políticas distintas. No puede ser de otra manera. Somos el reflejo y resultado de las luchas históricas del pueblo de México.

Gracias a la visión y apoyo de Miguel Alemán, en la Ciudad Universitaria se ubica el sitio donde se gesta la docencia, investigación y difusión de la cultura más importante de México.

Como Corolario, la frase de François Mitterrand: “La historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres”.

(Excélsior 21 05 22)

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